Para construir un liderazgo ético es necesario, entonces, tener una visión amplia y profunda sobre el ser humano, de otro modo lo estaríamos haciendo con una representación caricaturesca del mismo y, como sabemos, las caricaturas son exageraciones de los defectos o características del ser humano, qué nos permiten reírnos quizá, pero manifiestan una expresión pobre, superficial y denigrante de sus atributos y cualidades.
Cuando el líder recorre el camino hacia el otro también lo está recorriendo hacia sí mismo; se genera, por consiguiente, el autoconocimiento, trabajo qué ocupa toda la vida. Por ello el liderazgo ético exige una permanente indagación sobre sí mismo, sin mentiras y subterfugios, exige también honestidad y veracidad para no auto engañarse ni crearse falsas imágenes distantes de la realidad.
El liderazgo ético debe contemplar a la naturaleza y a la sociedad como escenarios dónde se construye y se ejercita el verdadero liderazgo, por lo tanto debe, cada día, calar profundamente en su conocimiento, comprendiendo sus manifestaciones y buscando la armonía en ellas. Una adecuada interpretación de lo qué es y de lo que ocurre en la naturaleza y en la sociedad le permitirá al líder tener en cuenta el alcance de sus acciones y las posibilidades de realizar en ellas las metas qué se propone. Una equivocada interpretación lo puede convertir en un depredador de la naturaleza y del hombre como también de las instituciones que conforman la sociedad.
La meta del liderazgo ético demanda desarrollar la capacidad del juicio propio, lo cual significa tener una vida emotiva equilibrada y armónica para que los sentimientos y emociones no prevalezcan en los juicios que se emitan. Los juicios deben ser objetivos, basados en información veraz, y desprovistos de cualquier parcialidad hacia los sujetos cuestionados. Se necesita en consecuencia un equilibrio entre el pensar y el actuar de modo tal que la ponderación de los pros y contras de la situación juzgada sean el fruto de una armonización del pensamiento, del sentimiento, y de la voluntad del que juzga. Para enriquecer la capacidad de juicio es conveniente estar desapasionado, es decir, no estar comprometido con el resultado y las consecuencias de la acción judicativa lo cual significa en gran parte amor a la verdad. A veces en el ejercicio del liderazgo se requiere tomar decisiones basadas en informaciones de otros, las cuales sino se confirman en toda su plenitud, pueden conducir a decisiones equivocadas. Debe primar entonces la prudencia para no producir fallos equivocados. La prudencia exige una contención no solo de la acción sino del pensamiento que la sustenta, y además, en actitud silenciosa y calmada, permitir que la verdad aflore. Por esta razón, en muchas ocasiones, el líder a pesar de estar rodeado de gente debe retirarse a su santuario interior, en la soledad de sí mismo, y reflexionar sobre lo acaecido de modo que pueda vislumbrar la verdad de los hechos.
Las instituciones educativas tienen gran responsabilidad en la formación ética del niño y en el cultivo de su capacidad judicativa; su descuido puede llevar al desarrollo de personas sagaces y avispadas intelectualmente pero carentes de discriminación y de capacidad para sopesar y ponderar equilibradamente las situaciones conflictivas de la vida real (Aeppli, 1973). La formación de los docentes debe entonces profundizar en los aspectos que conduzcan a una formación y a un comportamiento ético. Los valores y principios éticos y morales deben estar presentes en el ejercicio docente y deben aclimatar el proceso educativo para qué el educando se desarrolle de una manera consciente y responsable con el mundo que le rodea.
Algo qué debe privilegiar el currículo en la primera infancia es mantener y despertar la capacidad de asombro y sorpresa del niño ante los hechos minúsculos o mayúsculos de la naturaleza. Esta es una guía para generar el respeto y la devoción a todo lo existente por mas minúsculo que sea y lo aleja de la indiferencia que es común cuándo los medios como la televisión generan e inducen respuestas de indiferencia y apatía hacia lo que pasa en el mundo.
Se deben resaltar valores de solidaridad, fraternidad y apoyo en la educación escolar y posteriormente. El aprender a compartir es una de las vías del reconocimiento de la igualdad de todos los seres humanos y de la necesidad que existe de superar los pequeños egos que nos distancian de los demás.
Enseñar valores no es algo fácil ni de aprendizaje inmediato; requiere tiempo y, sobre todo, ejemplo por parte del adulto, padre o profesor. Cuando se instauran como comportamientos se constituyen en hábitos difícilmente eliminables. Demanda, por lo tanto, que el adulto sea de verdad ejemplo en lo que dice y en lo que hace y que el niño lo pueda identificar como autoridad precisamente porque su comportamiento es coherente con lo que piensa, con lo que dice y con lo que hace. ¿Cómo se puede enseñar valor personal si se es cobarde o pusilánime? ¿Cómo se puede enseñar veracidad cuándo se es mentiroso? Todo lo anterior demuestra que el ejercicio docente requiere una continua y permanente transformación personal, una autoeducación y un constante autodesarrollo.
Hay que desarrollar responsabilidad por las palabras que se pronuncian siendo conscientes de su significado y alcance para que ellas vayan hacia el propósito buscado y sobre todo para que contribuyan a aumentar la conciencia del otro. Hay que desarrollar también una ética de la comunicación. Cuándo no asumimos responsabilidad por lo que decimos nuestras palabras cargan, en forma inconsciente, todo el veneno de nuestros sentimientos y prejuicios y conducen a una descarga emocional sin lograr la verdadera comunicación entre seres humanos. Por ello hay que desarrollar el hablar pensando, y el decir sintiendo de modo tal, que logremos asertividad en el propósito. De otro modo las palabras se convertirán en herramientas útiles para la manipulación y la influencia perniciosa conduciendo, en muchos casos, a acciones equivocadas por parte de los receptores.
Hay muchas cosas más que aprender en el camino de la construcción de un liderazgo ético. Algunas de las más importantes son la superación de los estereotipos de todo orden, la tolerancia a la ambigüedad y a la disonancia cognoscitiva, como también la superación de las primeras impresiones y del efecto del halo. Todo esto, en el campo de las relaciones interpersonales, genera una limpieza e higiene mental que contribuye a crear un clima de convivencia y tolerancia entre seres humanos.
Importancia de la tutoría en la construcción del liderazgo ético
Es importante resaltar el valor de la tutoría en la construcción del liderazgo ético. La tutoría la podemos entender cómo el acompañamiento en el proceso de desarrollo de las personas frente a situaciones éticas y comportamentales de su vida profesional, laboral, académica, social y espiritual.
El tutor o mentor, por lo general adulto, acompaña a una persona dándole apoyo, intelectual y emocional, para que tome decisiones correctas en su quehacer. Es, por consiguiente, una relación madura en la que el adulto guía y orienta a otra persona que reconoce y acepta su autoridad para hacerlo. Está autoridad está basada en que el tutor tiene alguna experiencia en el campo profesional que los relaciona y ha desarrollado confianza para facilitar el proceso; igualmente, sí es el caso de orientación hacia un liderazgo ético, el mentor debe tener experiencia en el ejercicio del liderazgo. El trabajo de tutoría puede ser aplicado tanto en la vida académica como en la profesional, al igual que en el campo empresarial.
¿Qué otras cosas se oponen a la construcción de un liderazgo ético?
Una de ellas es la excesiva exposición a la televisión y a las redes y medios de comunicación prevalecientes hoy día. Cómo conocemos, gran parte de la propaganda comercial y la publicidad expone a la audiencia a imágenes y mensajes qué privilegian la cultura del facilismo y de los logros sin esfuerzo. En el imaginario colectivo de los niños y adolescentes va surgiendo la idea de que las cosas se pueden alcanzar sin mediar los esfuerzos correspondientes, a través de vías rápidas y de supuestos logros casi mágicos que pueden conducir a la violencia y a la corrupción. Los mensajes televisivos y presentes en otros medios, generan imágenes qué privilegian modelos imitativos inadecuados, distantes de la realidad cultural de la sociedad o a veces como un desfigurado retrato de ella. Por otro lado hay tendencia a dar información insuficiente y parcializada sobre lo que sucede por medio de imágenes pobres y, a veces distorsionadas, induciendo a posturas personales y colectivas amañadas a los intereses generadores de opinión. Según Finser (2003, 26) los niños expuestos a mucha televisión son desensibilizados gradualmente y la vida de los sentimientos se reduce a una estrecha franja de sensaciones eliminando así la profundidad de la vida. El niño así expuesto le cuesta trabajo escuchar al adulto y va reduciendo la capacidad para la interacción humana. Genera en el niño pasividad ante el aprendizaje y se convierte, poco a poco, en consumidor pasivo de ciertas marcas y productos. Peor aún, continúa Finser, la naturaleza violenta de los contenidos y la tendencia a retratar un mundo sin moral, dónde la astucia prevalece sobre la sabiduría y los medios dominan los fines, construye en el niño esquemas equivocados de comportamiento social.
El liderazgo ético como camino de transformación personal
al formar al hombre, integralmente, estamos creando la plataforma sobre la cual se construye, se manifiesta, el verdadero liderazgo, que a nuestro juicio, no puede ser sino ético. Por lo tanto el liderazgo ético lo podemos entender como un camino de desarrollo y transformación personal en el cual el líder se responsabiliza por la solución de las necesidades de otros a partir de un respeto irrestricto a la naturaleza física, síquica y espiritual de los demás, su grupo o comunidad. Su compromiso para avanzar en ese propósito es hollar un camino de permanente transformación personal que le facilite superar los impedimentos caracterológicos y de personalidad en el que costumbres, creencias y valores se actualizan en el crisol de la expresión superior del ser humano. El ámbito propio del ejercicio del liderazgo ético es la sociedad en sus aspectos económico, social y cultural.
El liderazgo ético requiere por lo tanto que el ser humano actualice permanentemente su ser, con todo el potencial que le es propio como ser humano, para que en su proceso de transformación personal transforme también a sus seguidores. Por lo anterior el liderazgo ético demanda al líder escaparse periódicamente al santuario de su soledad y recabar allí, sin temores ni tapujos, la realidad de su ser, allí donde su conciencia le habla y le guía acerca de sus temores y aprehensiones, de sus fortalezas y debilidades, de sus autoengaños e incongruencias. Requiere pues, el líder, fortalecer su propio conocimiento.
El liderazgo ético es un arte no solo de la construcción social sino también del desarrollo personal de líderes y seguidores. Requiere el contacto con lo estético realizado especialmente a través del arte.
El practicar alguna de las modalidades artísticas demanda disciplina, esfuerzo de la voluntad y ponderación de los sentimientos para armonizar la materia qué se constituye posteriormente en obra de arte. Ello requiere imaginación, al igual que inspiración e intuición, pero también el conocimiento de las leyes qué expresan el sonido, el color, el ritmo, el equilibrio y la armonía, constitutivos de una obra de arte.
Algo importante en la construcción de un liderazgo ético es desarrollar el coraje y el valor, la valentía, para enfrentarse a situaciones difíciles desde el punto de vista ético y moral.
¿Cómo desarrollar el coraje y la valentía personal? Para ello el líder debe recorrer el camino del desapego personal, especialmente de las posesiones materiales que otorgan fama, poder, fortuna y reconocimiento. Cuándo se posee algo sin que esto lo posea a uno o lo domine se va recorriendo el camino del desapego.
Hay que desarrollar también la comprensión de los múltiples aspectos que ligan a la vida con todo lo que la rodea y comprender que solo existe unidad entre las múltiples partes que constituyen la realidad. Hay que desarrollar la compasión por todo lo que es vivo y que se manifiesta en múltiples e ínfimas formas.
El liderazgo ético requiere constantemente el ejercicio de la prudencia, punto intermedio entre la temeridad y la cobardía. La prudencia significa tener en cuenta las variables que concurren en un hecho y tomar las decisiones más constructivas. Está implícito en lo último que la paciencia es una virtud también a cultivarse y que el darse tiempo para las respuestas, cuando es posible, conduce a decisiones mas integrales.
El liderazgo ético debe renunciar a la violencia como camino para conquistar el éxito y debe agotar todos los esfuerzos y los medios qué eviten su ejercicio. Debe buscar caminos alternativos como el diálogo, la mediación, incluso el perdón sí ello contribuye al logro de la paz. Si se está en posición dominante se debe ser magnánimo. En todo lo anterior una sana y auténtica humildad puede revestir el carácter del líder ético. Se es humilde cuando se reconoce y se acepta que hay un orden superior que permea todo lo creado, que los otros pueden ser mejores que uno y que definitivamente el mundo y la historia seguirán avanzando sin la presencia del líder cuando falte.
Referencias
- Aeppli, Willi (1976): Naturaleza del juicio y su cultivo. Editorial Waldorf, Mexico, pp.57
- Finser, Torin M. (2003): In search of ethical leadership. Steiner Books MA USA. pp. 172


