Sociedad

El liderazgo ético como camino de transformación personal

Al hablar de Liderazgo ético nos referimos a un modo de conducta y postura ante el mundo que ponga como paradigma universal el respeto al hombre, a la naturaleza y a la sociedad. No es fácil comprenderlo así, porque, tradicionalmente, hemos asumido que el liderazgo significa solamente realizar acciones con otros, contra otros o para otros, pero siempre persiguiendo el éxito y en consecuencia obteniendo logros que mejoren el estatus o posición del líder y la satisfacción de los seguidores. Generalmente se ha visto el liderazgo como logró de éxito a costa de otros y, a veces, en forma oportunista, maltratando a los demás.

Para empezar a comprender el liderazgo ético podríamos partir del enunciado filosófico de que ética es no hacer a otro lo que no nos gustaría que nos hicieran a nosotros. Este es un principio básico qué puede dar el marco de referencia para un liderazgo real, verdaderamente ético, y que, en consecuencia, nos permitiría crear los escenarios y las correspondientes comprensiones del ejercicio del liderazgo ético: este no puede ser más qué el respeto integral a todo lo que nos rodea; su ejercicio, como consecuencia, debe ser asumido con plena responsabilidad y comprensión holista.

El liderazgo, aunque es tan viejo como la humanidad, ha surgido como algo muy moderno,  centrado, especialmente, en la figura del gobernante, dirigente o ejecutivo; sin embargo la historia nos remonta a toda la presencia y actuar del ser humano en el planeta y  sus luchas por la conquista del territorio y por la conservación de la vida. Esos dos elementos están todavía presentes en nuestra modernidad y determinan en gran parte las acciones y luchas de las minorías contra las mayorías o viceversa, qué de uno u otro modo afectan los derechos de las comunidades. El liderazgo por lo general ha estado sujeto a la noción de poder y a través de la historia este se ha reflejado en la figura de los reyes, de los sacerdotes, de los señores feudales; en la modernidad se refleja igualmente, en la noción de ejecutivo diestro, inteligente, de decisiones rápidas y voluntad férrea ( Russell, 1968).

La directriz que ha enmarcado la acción del liderazgo a través de la historia es la conciencia del derecho qué, en la medida en qué ha evolucionado, ha permitido qué las personas asuman la representación de la colectividad en pro de defender sus derechos afectados por las acciones de otros. En ocasiones esa conciencia del derecho no guarda relación con la verdad y surgen personalismos o intereses que difieren de la búsqueda de soluciones reales  a las inequidades manifiestas. El derecho como regulador de las relaciones entre los miembros de la sociedad permite  y exige el cumplimiento de los deberes y derechos que el estatuto o constitución confiere y ampara. Su violación rompe el equilibrio y genera el conflicto y la desigualdad. Podemos pensar entonces qué el líder establece una relación entre los oprimidos y los opresores, y procura resolver la situación que afecta a los primeros, creando nuevos patrones de relación entre las partes en conflicto. De esta manera el liderazgo se convierte en representación y cómo tal ejerce una función qué busca el equilibrio entre los actores en pugna. En la mayoría de las veces el líder mismo pertenece al grupo de los oprimidos.

Dentro de este marco de relación podría decirse que el liderazgo solo corresponde a los determinantes propios de la cultura y en función de ella ejerce su papel para lograr las metas qué la situación le permite y desea. Es aquí donde cabe la concepción de ética civil en la cual las partes determinan las normas y barreras -las líneas rojas- qué no deben  quebrantarse en las confrontaciones o negociaciones derivadas de la lucha.

Entonces ¿dónde aparece el liderazgo ético? Podemos pensar que esté debe trascender las limitaciones y exigencias qué la cultura impone y consecuentemente mirar los universales que mejoren más globalmente la relación del hombre consigo mismo, con la naturaleza y con la sociedad. El supuesto es que el comportamiento ético, por parte del líder, es capaz de quebrantar la intención dolosa del oponente y construir una relación más humana entre los dos.

Según Adela Cortina la palabra ética viene de ethos que significa carácter, es por tanto la posibilidad que tiene el ser humano de construir, a partir de parámetros humanos, sociales y morales una relación armónica con el mundo que signifique desarrollo y madurez para todos (véase https://youtu.be/HOY0CSVAA4w), por ello el liderazgo ético es un camino para la propia transformación personal. El carácter, por otra parte, es producto de los modos de  asimilación y socialización específicos que desarrolla el ser humano en su relación con el mundo (Fromm, 1969,72). Es, por tanto, aprendido, inducido y transformable con procesos educativos o auto educativos.

El Liderazgo no puede ser sino ético; no le cabe otro adjetivo ni parámetro de acción por más que los diferentes intereses de la economía y del poder quieran amoldarlo, con una fisonomía amañada, a los valores y costumbres prevalecientes en una comunidad dada.

El Liderazgo es y debe ser ético porque es una función centrada en los derechos y deberes humanos, esto permite que equilibre esta relación para favorecer la convivencia social. Igualmente es ético porque en su accionar va más allá de los logros económicos, físicos, y  sociales y se remonta a una transformación de los seguidores. Todo lo anterior sucede independiente del campo profesional o social en que actúe.

El liderazgo ético resuelve el ámbito de la moral ubicada en el contexto público y privado y la trasciende hacía un deber ser humano más global. Del mismo modo el liderazgo ético debe superar los climas de violencia y opresión manifiestos en la sociedad y no usarlos como justificación para producir más violencia.

Todo lo anterior se puede entender bajo la concepción de qué el liderazgo ético contempla elementos pedagógicos qué resaltan el valor significativo de la armonía, la tolerancia y la comprensión entre los seres humanos y que es capaz de crear, poco a poco, escenarios donde emerjan visiones y comportamientos nuevos  para enfrentar las situaciones conflictivas que envuelven a la comunidad. De este modo ira transformando la cultura  prevaleciente. Si el líder no avanza en este sentido y no se constituye en un paradigma moral para su sociedad o agrupación, y si la cultura no se transforma, entonces su comportamiento será subvalorado y sus acciones de liderazgo serán calificadas de débiles y mal  orientadas por sus seguidores. Si se pliega a las exigencias de sus seguidores será solo un agente de las demandas de ellos y, entonces, ¿Quién dirige a quién?

Ámbito de acción del liderazgo ético

El liderazgo ético debe contemplar acciones claras y armonizadoras con respecto a la  naturaleza, la sociedad y el ser humano. Esto significa una comprensión global y holísta de las profundas relaciones que existen entre estos tres elementos y la importancia de entenderlos en mutua interacción cuándo se trata del bienestar humano.

La naturaleza es algo qué nos ha sido dado, el hombre no la ha formado aunque si la ha transformado, ha hecho parte de ella y ha sido el terreno sobre el cual se ha podido construir la vida vegetal, la vida animal y la vida humana, por lo tanto actuar en ella depredándola, destruyéndola, significa la extinción de la vida misma.

La naturaleza ha sustentado la vida y por principio de reciprocidad debemos respetarla,  apreciarla, y considerarla, en su conjunto, como un organismo vivo que alimenta la existencia en el planeta. El respeto al agua, al aire, a la flora, a la fauna y a todo lo que en el subsuelo terreno se encuentra, es condición necesaria para sustentar la vida y su funcionamiento adecuado en el planeta.

La sociedad, a diferencia de la naturaleza, sí es algo construido por el hombre, ámbito en el cual nace, crece y se desarrolla; se apropia de ella y construye leyes y normas qué regulan el comportamiento aceptable para la supervivencia de  la comunidad. La sociedad es el terreno dónde la biología se manifiesta y desarrolla a partir de unos recursos naturales aceptables y dentro de un marco cultural creado por ella misma. La sociedad, como escenario dónde las normas y costumbres confluyen, es también el espacio para el desarrollo armónico de las comunidades y el logro de la convivencia necesaria a ese desarrollo.

Para lograr un desarrollo social avanzado es necesario tener un estatuto o constitución qué ampare y regule el comportamiento de los miembros de la colectividad, que facilite y reclamé tolerancia, prudencia, respeto, aceptación de la alteridad y de la crítica constructiva, todo esto a partir de logros, propuestas y debates en el marco de la democracia.

Cuando la conformación del orden social no corresponde a las necesidades de una parte de la población o de la mayoría, está expuesto a cambios y revoluciones qué pretenden resolver la inequidad entre sus miembros. Las revoluciones, salvo agotadas las vías democráticas o, por lo contrario, siendo estás imposibles de expresar, deben evitar al máximo su expresión violenta.

Para la construcción de un liderazgo ético es importante también tener una imagen integral del ser humano entendiéndolo en su triple constitución de cuerpo, mente y alma, como un ser que piensa, qué siente, y que actúa y que está orientado al desarrollo de todas sus facultades físicas, psíquicas y espirituales. Ignorar lo anterior significa poner en desarrollo solo una fracción de su ser y, en consecuencia,  manipularlo ante la carencia de la expresión de su totalidad. En realidad  la visión actual del ser humano, el modo y las teorías que lo conciben solo dan una pobre caricatura de lo que él reamente es y puede ser. Su potencial esta inexplorado, quizá manoseado y distorsionado. Todo lo anterior se refleja en la pobre visión que sustentan los diferentes currículos formativos en los diferentes niveles de la escolaridad y en la pobre generación y aplicación de los planes de gobierno de muchos dirigentes. El gobierno de los demás exige al líder gobernarse primero a sí mismo y esto demanda de él  un saber permanente y continuo de lo humano, que en últimas se refiere a sí mismo.

¿Por qué el liderazgo ético no abunda?

Hay una visión generalizada en muchas sociedades de qué el liderazgo significa  ganancia a cualquier costo, qué líder es aquel que triunfa por encima de todas las circunstancias adversas y que su impronta es la de no fallar en su intento de alcanzar el éxito; prevalece, por lo tanto, en su accionar y en su evaluación, más el resultado final qué los medios para lograrlo. Los medios se camuflan, se soslayan o se minimizan en su impacto y alcance cuando lo que se genera es el triunfo. Desafortunadamente los modos, estrategias y teorías del éxito militar se trasladaron a la vida empresarial y social e impulsaron los mismos esquemas de triunfo qué se definen en el campo militar. Es cierto también, por otra parte, qué cuando se trata de defender la soberanía y la libertad de un país el liderazgo no puede fallar en crear y aprovechar las circunstancias para continuar en libertad o lograrla.

Hay qué eliminar, pues, esa visión militarista del liderazgo en el campo social, económico y cultural para qué el ejercicio del liderazgo pueda alcanzar la altura ética que le corresponde, de este modo quizá se puede hollar un camino ético para su ejercicio.

En muchos casos el Liderazgo llega también a ser un ejercicio en provecho exclusivo del líder, por lo tanto se crean las circunstancias, o se aprovechan las existentes, para que el rendimiento final este balanceado más a favor de los intereses del líder que de los seguidores. Así el liderazgo puede ser un escenario dónde las personas sin escrúpulos y corruptas hacen prevalecer sus ambiciones sin considerar las reales necesidades de los representados.

A la educación le corresponde una alta responsabilidad en la formación de valores, actitudes y comportamientos acordes con un liderazgo ético. Cuando ella falla en la construcción de personas con altos ideales éticos y morales podemos entonces concluir que lanza a la sociedad personas proclives a la ganancia fácil y al comportamiento amoral. Algunas características de la sociedad que contribuyen a ello son las siguientes:

Una educación centrada en premios, más que en esfuerzo personal, privilegia los premios como incentivo para inducir el estudio, el aprovechamiento escolar, lo cual socava la moral del alumno, quien no se aplicará al estudio por el valor del conocimiento en sí sino por el rendimiento económico que le va a producir o por las satisfacciones de otro orden que ello promete.

La cultura también tiene responsabilidad en este caso ya que el ser humano nace dentro de ella y asume como propios los valores y principios morales que ella sustenta; la cultura  privilegia también ciertos comportamientos, premiando o castigando. La cultura es pues el crisol dónde maduran los comportamientos sociales y éticos y dónde se explicita la visión del mundo y de la sociedad. Es también el ámbito para la tolerancia  o su contraparte, para la convivencia o la solución equivocada de los conflictos.

Una cultura construida por adultos, al margen de una visión integral del ser humano y, sobre todo, del niño, sin comprensión global de la sociedad y de la naturaleza, generará escalas de valores y comportamientos proclives a la destrucción general. Podemos observar hoy día como la violencia está presente en todos los aspectos de la vida de los niños y de los adultos, los medios de comunicación la hacen visible a todo instante y casi que la promueven dada su presencia generalizada en la mayor parte de los mensajes. Los comportamientos corruptos tanto en el sector privado como en el público hacen carrera cuándo la justicia es lenta, ineficaz y mal orientada por jueces venales qué actúan del mismo modo.

Existe hoy día un desdén por el comportamiento ético, la sociedad no lo alimenta y hay casi la tendencia a considerarlo como faltó de realismo y practicidad. Se privilegia la viveza y el camino fácil y rápido para lograr las cosas.

En lo anterior han caído muchos grandes ceos, gerentes y directores de empresas a lo ancho del mundo, que al amparo de premios y supuestas leyes comerciales y administrativas, han llevado a la bancarrota a grandes corporaciones. Podemos recordar el caso de Enron que en su momento (año 2001) fue considerada la quiebra corporativa más grande en la historia de Estados Unidos. Sus directivos descuidaron su compromiso y responsabilidad con la gente y aprovecharon su ambición y las circunstancias de su cargo y de su empresa para financiar cualquier negocio diferente a la razón de sus orígenes aunque dieran perdida inicial. Sus ambiciones personales y su desdén por los clientes y trabajadores los indujo a hacer movimientos comerciales y financieros, incluso fraudulentos, que llevaron a la quiebra de la empresa. Algo parecido sucedió con WorldCom y más recientemente con Madoff. En el caso de este último significó el fraude de más de 50.000 millones de dólares con una estafa piramidal que significaba retribuir los beneficios de unos inversores con el dinero de otros.

Otra característica dominante en el comportamiento social actual es el materialismo que induce a grandes políticos y dirigentes sociales a la búsqueda del poder, del prestigio y de la fama, a veces a cualquier costo. Un caso muy especial fue el del 11 de septiembre de 2001 cuándo un ataque terrorista destruyó las Torres Gemelas en Nueva York. Hubo más de 3000 muertos y la sociedad y el mundo entero se estremeció con dicho acto. La mirada del planeta se volcó hacia Estados Unidos y se compadeció de su suerte. En este momento Estados Unidos aumento su capital moral y hubiera logrado el apoyo político y económico de otras potencias para resolver problemas internos y externos de su geopolítica como el cubrimiento Universal de la salud, la solución del problema judío palestino, la tranquilidad en el medio oriente, etcétera. En ese momento tenía un gran poder de convocatoria para obtener el apoyo de otros países y comunidades en la solución de problemas macros qué afectaban a la sociedad. Pero la respuesta de sus dirigentes fue la venganza, la retaliación,  el daño y destrucción de la vida civil, económica, social y cultural de naciones como Afganistán e Irak y posteriormente Libia. La manifestación de poder  y su visión de la geopolítica cegó toda conciencia de paz y convivencia que pudieran tener y facilito que la nación desperdiciara el capital moral obtenido.

Algo parecido sucedió en Colombia en el año 2016, cuando las fuerzas revolucionarias FARC y el gobierno firmaron un acuerdo de paz. La oposición al gobierno se opuso a esto y más tarde lo ratificó en un referendo. De allí en adelante, y durante los cuatro años sucesivos, el gobierno de turno, también de la oposición, se dedicó a destruir el proceso de paz dificultando o no implementando los acuerdos pactados. Esto condujo a que muchos reinsertados abandonarán el proceso y se sumarán a nuevos movimientos disidentes que se fueron formando; también ha conducido al asesinato paulatino de líderes sociales a lo largo y ancho del territorio nacional.

Un poco parecido a la de los Estados Unidos fue la situación anterior en Colombia en relación con la respuesta de los dirigentes. En el momento de la firma del acuerdo de paz, previa y posteriormente, muchos organismos nacionales e internacionales fueron convocados y dieron su apoyo económico,  de logística y de asesoría a este proceso, y aunque hoy día continúan apoyando la paz en Colombia el lastre de cuatro  años perdidos ha detenido el avance de la consolidación de este proceso y se ha regresado a comportamientos violentos que creíamos se iban a superar. Podríamos pensar qué si la oposición hubiera tenido el talante de un verdadero liderazgo ético se hubiese sumado a la causa mostrando una sociedad unida por completo a un proyecto de conquista de la paz social y al desarrollo económico y cultural del país. También aquí, con el acuerdo de paz, creció el capital moral y político del país pero no se supo aprovechar. Se sigue girando alrededor de la violencia y la no inclusión.

Lo que ponen en evidencia los dos casos anteriores, es que mientras los líderes se encuentren más interesados en aumentar su prestigio, en demostrar su superioridad y en cubrir sus intereses, difícilmente se abocan a soluciones que trasciendan los límites puramente materiales y egoístas que les rinde el ejercicio del poder y del liderazgo. Debe pues haber un marco de referencia superior a las conveniencias políticas y militares que genere acuerdos y compromisos respetados y bien tramitados, y ese marco debe contemplar la plenitud de todos los hombres, amigos y enemigos, y el bienestar de toda la humanidad como premisa esencial del ejercicio del liderazgo.

La ética fundamenta la confianza entre actores en disputa  y facilita el trámite de las soluciones reduciendo costos de reparación y discusión posterior. Una ética ciudadana comprometida con el desarrollo y la protección de la libertad y la igualdad puede sobreponerse a los intereses de una elite de gobernantes que solo miran su propio interés (Urquijo, 2011). Podríamos suponer que desarrolla también la solidaridad y la colaboración entre los seres humanos.


Referencias

  • Cortina, Adela: Para qué sirve la ética. https://youtu.be/HOY0CSVAA4w
  • Fromm, Erich (1969): Ética y psicoanálisis. Fondo de Cultura Económica, Mexico, pp. 278
  • Russell, Bertrand (1968): El poder en los hombres y en los pueblos. Losada, Buenos Aires, Argentina, pp. 231.
  • Urquijo, Martin J. (2011): Ética, ciudadanía y democracia. Elementos para una ética cuidadana. Universidad del Valle, Cali, Colombia, pp. 139

Créditos

Foto de Luke Miller: https://www.pexels.com/es-es/foto/ligero-hombre-noche-estrellas-16821086/

Este blog nace del deseo de compartir con un público más amplio mis inquietudes acerca de la formación del líder. Considero que hoy día dicha formación está siendo manoseada y manipulada por toda clase de agentes de la publicidad y del poder con el objeto de ubicar en la sociedad y en las empresas personas adocenadas y sustentadoras de fines puramente económicos que no resuelven la totalidad y diversidad de las profundas inquietudes humanas. Considero que la formación del líder debe incluir variables provenientes de muchas fuentes, especialmente de las ciencias sociales y humanas, al igual que del arte y de la filosofía, sin excluir la practicidad de las funciones propiamente administrativas. El fin primordial de dicha formación debe ser dotar a los estudiantes de una conciencia de servicio y una capacidad de fertilizar el ámbito social generando tolerancia, convivencia y armonía.

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