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Dificultades y obstáculos al conocimiento

¿Por qué los líderes, los empresarios, los dirigentes, los políticos, no piensan bien?, ¿Por qué su pensamiento se halla sujeto a anacronismos, falacias y esquemas superados? ¿Por qué les es difícil cambiar sus esquemas mentales y las formas rutinarias de abordar las situaciones nuevas y las exigencias de transformación social, cultural y  política? Una respuesta posible es porque su pensamiento esta necrotizado, fosilizado y corresponde a sistemas y estructuras caducas de ver el mundo, el hombre y las cosas.

Hay una ausencia de flexibilidad en el pensamiento que impide apartarse  de dogmas y visiones estereotipadas y estrechas, que dificulta atender lo nuevo y sorprendente, que intimida arriesgarse en los meandros de lo nuevo y desconocido. Las luchas entre hombres, pueblos y naciones se dan por las diferentes maneras de pensar. Es cierto que es imposible conseguir la unanimidad pero los seres humanos deben tener la suficiente flexibilidad para escuchar e implementar los planteamientos de sus contrarios, siempre y cuando no atenten contra la vida y la subsistencia del planeta.

Los conceptos que poseemos acerca de nosotros mismos, sobre el mundo, sobre la vida, determinan nuestro comportamiento. Si no están vitalizados andaremos destruyendo todo a nuestro paso

 No hay nada definitivo con respecto al hombre y la sociedad que no pueda ser renovado y elevado a niveles superiores, pero hay que tener el valor para implementarlo y cambiarlo cuando no satisface los fines altruistas conque pudo ser construido. Posiblemente nuestro pensamiento se halla agarrotado, anudado y no despliega su potencia para responder a la necesidad evolutiva de ser y trascender, para  mirar al ser humano  en forma viva, como algo vivo.

Tener flexibilidad de pensamiento significa entonces concebir que lo flexible es vida y la rigidez es muerte y enfocar nuestro conocer, nuestra atención, en la percepción, de modo tal que nos ayude a distinguir, a diferenciar.

El ser humano vive en el mundo de las ideas, de los conceptos, también en el mundo de la realidad. Las ideas producen enormes cambios pero deben ser confrontadas con la realidad en forma tensionante para que creen vida, pero no tanto que rompan la armonía.

Una concepción cualquiera es una realidad y si va a producir un cambio debe ser tensionante. El concepto surge como fruto de la tensión entre idea y realidad, apoyado esto por los órganos de los sentidos. Este concepto actúa a nivel de entendimiento, pero para vincularlo a una acción en el mundo es necesaria la intención, el compromiso, la convicción, es decir la motivación. Con esta última avanzamos a un nivel de comprensión, o sea un estado anímico que implica la expresión de sentimientos y como consecuencia valoración de algo (me gusta, si, no, es bueno, es malo, etc.).

Cuando se logra la comprensión de algo surge entonces una imagen de ello y de lo que podemos lograr con ello. Esta es la segunda etapa del conocimiento, la tercera etapa es la convicción que mueve la voluntad hacia el logro esperado. Si solo se entiende una cosa, el conocimiento va hasta la primera etapa, si se la comprende llega  a la segunda etapa, y cuando surge la convicción acerca de ese conocimiento entonces se esta potencialmente en capacidad de actuar en consecuencia; esta es la tercera etapa.

Cuando vemos u oímos algo es claro que tenemos sujeto y objeto mediados por los órganos de los sentidos. Se supone que los órganos de los sentidos siempre dan imagen real del objeto y que el sujeto, quien es el que interpreta la información, es quien acierta o se equivoca. En el caso en que los sentidos están sanos es posible esta conclusión y se puede pensar que es el sujeto, quien con su acervo de conocimiento, con su experiencia, etc., el que se acerca a la realidad apreciándola en su verdad o desfigurándola. En el mundo de la materia esta relación es posible pues la multiformidad de objetos y cosas en que ella se expresa es evidente para todos. Además la materia, en este orden, aparece siempre externalizando al objeto y es por tanto apreciada en forma similar por los conocedores de ella.

Cuando el foco del conocimiento se centra en aquello que no es materia, sino algo más fluido, más anímico y sutil, los órganos de los sentidos tienden a fallar si usan las mismas leyes que para el conocimiento de la materia. No puedo aplicar la forma de ver lo inorgánico a lo orgánico y vivo, no puedo acercarme con el mismo tipo de pensamiento a una mesa y a un niño. Por hacerlo así nos equivocamos en la interpretación del comportamiento del niño.

Lo vivo requiere un pensamiento vivo, no fosilizado, no esquemático como es el conocimiento de lo inorgánico. Requiere modos imaginativos, modos inspirados o modos intuitivos que faciliten calar en profundidad en dicho conocimiento. Como jefe no puedo mirar a mis colaboradores de la misma forma que miro a las maquinas, o a los procesos productivos, o a los insumos físicos para impulsar la producción.

Hay una diferencia entre experiencia pura y experiencia. En la primera me acerco a las cosas y a lo vivo sin prejuicios, sin aprehensiones, sin esquemas, sin analizar ni criticar ni evaluar, casi como una tabula rasa en la que se van a escribir los primeros y desconocidos datos de lo observado y, en el proceso, me mantengo quieto y expectante sin que mi pensamiento intervenga, de este modo espero que las cosas me hablen, me confíen la información, me hagan participe de ella, no la presiono, no la exijo, la permito fluir y tengo la disponibilidad para aceptar esa donación, no la pervierto con mis conceptos y no hago juicios sobre ella, de ahí que poco a poco va surgiendo la imagen de lo nuevo, de lo real. Esta sería la experiencia de un niño ante lo nuevo y desconocido, donde el mundo aparece por primera vez ante sus ojos y donde no tiene nada conque enfrentarlo salvo su capacidad de asombro y deseo de conocer. Si queremos llegar a un conocimiento de lo vivo esta es la vía, que apoyada en la imaginación, la inspiración y la intuición nos proveen de un conocimiento verdadero acerca del hombre, de la naturaleza y de la sociedad; lo contrario es un conocimiento mecánico  que solo nos muestra lo externo, la envoltura, y que como experiencia es avalado por los datos exclusivos de los sentidos y por los conceptos fijados de antemano por la cultura educativa reinante en la comunidad en que hemos nacido y desarrollado. La experiencia simple es pues aquella que repetimos constantemente a partir de todo nuestro esquema conceptual y el modo mecánico rutinario de pensar en las cosas. Es también la forma más fácil de enfrentarnos a la vida cotidiana sin esfuerzo cognitivo, sin exigencias de penetrar en el fondo de las realidades que aparecen en el horizonte del conocimiento. Asumir el conocimiento como posibilidad de experiencia pura requiere algo de esfuerzo en el sentido de lograr cierta quietud anímica, es decir intelectual, emocional, física, que genere paz interior y disponibilidad para que lo nuevo nos permee y nos entregue sus secretos. Significa acallar nuestros juicios y aplazar conclusiones, no anticipar respuestas, ni comparaciones pues todo  conocimiento es singular y no se parece a ningún otro.

En el campo de las relaciones laborales hay necesidad de asumir nuestras relaciones con colaboradores, colegas, jefes, etc. del modo argumentado en los párrafos anteriores: no dejarnos llevar por las primeras impresiones acerca de las personas, renunciar a los estereotipos y al efecto del halo, tolerar la disonancia cognocitiva y  la ambigüedad, tener capacidad de escucha activa. Todo lo anterior conduce a tener más certeza en el conocimiento de las personas y a evaluarlas en sus justas dimensiones. También es necesario acallar la crítica sin fundamento y no dejarse llevar por las propias necesidades e intereses.

El campo de las relaciones humanas requiere cierta sabiduría para ponderar y sopesar cada uno de nuestros pensamientos, sentimientos y posibles acciones sobre los demás, para no proyectar en el otro nuestros propios sentimientos, frustraciones, temores o deseos; para no acallar su propio desarrollo. No es fácil, pero todo jefe o director, todo líder,  preocupado en el desarrollo y transformación de su personal o seguidores, debe actuar de forma tal que en su relación con ellos pueda descubrir las vocaciones, motivaciones y línea de desarrollo de cada uno de ellos. Debe permitir que el colaborador le revele sus secretos sin presión y más bien como resultado de una entrega generosa a alguien, el jefe, que le permite poco a poco descubrirse a sí mismo; es necesario enfrentar al colaborador casi en forma ingenua e inocente como lo exige cuando nos enfrentamos al conocimiento de un niño

Continuando con el proceso del conocimiento debemos comprender que toda cosa o persona tiene sus secretos que solo se revelan a aquel que es capaz de des-ocultarlos, a quien es capaz de desvelar lo invisible a través de la captación de las diferentes relaciones que se dan en la experiencia.

La inteligencia tiene muchos significados, entre ellos el de solucionar problemas nuevos, pero quizá el más claro y profundo es el de tener capacidad para captar y descubrir relaciones; es, de algún modo, capacidad para penetrar lo invisible. Los sentidos nos informan sobre lo externo y aparente de las cosas pero la imaginación, la inspiración y la intuición nos ayudan a descubrir lo oculto, lo interno. Todo esto se traduce en capacidad para captar el verdadero yo del otro, para escuchar más allá de lo que las palabras dicen y percibir sentimientos ocultos tras el dialogo  o la conversación, para percibir lo sutil tras la apariencia de los comportamientos. Todo ello requiere de la intervención de facultades superiores al intelecto.

El organismo de la comprensión es diferente al del intelecto. Este se apoya en los órganos de los sentidos, en su perfección fisiológica, revela lo externo de las cosas y tiene una función diferenciadora y está, como consecuencia, centrado en el análisis, para ello tiene que separar, disgregar, clasificar y fragmentar, pero por si solo  es incapaz de lograr una nueva unidad, una síntesis.

La comprensión se apoya en los sentimientos, en la vida emocional, capta desde lo interior y va a lo interno de las cosas, calla por un momento al intelecto y avanza hasta captar relaciones esenciales cercanas a la verdad oculta tras las apariencias. Ilumina de un solo golpe la experiencia con holismo y visión global percibiendo las vertientes que confluyen y configuran el hecho. Generalmente la comprensión se expresa  con gesto de admiración.

La comprensión es necesaria para la actividad científica. El investigador no debe forzar el proceso, debe estar atento para descubrir las relaciones esenciales que se dan entre los diferentes elementos o variables que concurren al hecho y como en una Gestalt debe cerrar con conocimiento certero  de su pensamiento lo logrado hasta el momento.

Cuando el ser humano logra una quietud mental que trasciende el conocimiento entonces adquiere sabiduría.

Con el logro de la comprensión podemos decir que adquirimos conocimiento cierto. Si solo existe la norma como principio y la sanción como llegada nos perdemos la riqueza de lo que pasa en el medio. Hay que aprender a navegar a la deriva enriqueciéndose con las  novedades del viaje; por ello podemos decir que la ciencia se apoya en la comprensión para lograr sus síntesis esclarecedoras acerca de la realidad. Si solo se quedara en formulación analítica no sería ciencia pero como es capaz de navegar a través de conceptos claros puede entonces, con inspiración, develar relaciones no visibles presentes en el fenómeno estudiado. Pero la sabiduría, que no es una exigencia actual para el científico, requiere quietud mental para permitir que lo estudiado u observado nos hable, nos informe, nos entregue sus secretos. Esta actitud es necesaria para que las cosas nos muestren su coherencia. Hay que encontrar la razón de ser de las cosas, del niño, del hombre y ello se halla dentro de cada uno. El intelecto no nos permite penetrar, la comprensión nos da una semblanza, pero es la intuición la que nos permite entrar en lo esencial y profundo para captar la verdad que allí se oculta.

El pensamiento busca la coherencia, él abre la puerta y cada ser humano tiene la llave para abrir las cosas y buscar la coherencia. En el universo todo es coherente y un principio importante es no violar la realidad, no permitir que yo u otros corrompamos la experiencia. Cuando metemos a los niños o a los hombres dentro de un modelo el que falla es el modelo si el niño u hombre no actúa conforme a él. Tampoco debemos permitir que la vida emocional perturbe la experiencia porque el pensamiento que surge será desfigurado.

En todo acto de conocimiento y de sabiduría debe intervenir el ser humano completo. Ello implica  relacionarnos con el mundo y con las cosas con pensamiento sano, vida emocional saludable y armónica, y con un actuar correcto y ético. Cuando todo mi ser esta en equilibrio surge entonces lo que le da objetividad y certeza a mi pensamiento. Mi ser integro debe enfrentarse a lo nuevo, a lo desconocido y permitir que ello me revele sus verdades. Para ello hay que educarse, o auto educarse, ser un amante de la verdad y a la vez ser testigo de ella. En el reino mental solo hay interdependencia, de un concepto surge otro, hay que buscar las conexiones porque el pensamiento es algo integrado, armónico. De ahí la importancia de la interdisciplinaridad en la formación del hombre y del líder. Cuando dejo entrar la verdad en mí, entonces puedo comprender el mundo de la ciencia porque no es solo  mi intelecto y mi vida emocional quienes penetran, es mi espíritu el que arropa la plenitud de la experiencia en la que me hallo. Un pensamiento solitario es insoportable, es necesario hallar las conexiones  entre pensamientos porque ellos son parte de un todo y no descansan hasta integrarse en una unida armónica.

El pensar debe cumplir un triple cometido: Primero tiene que elaborar conceptos agudamente afilados; segundo, debe compendiar, unificar esos conceptos elaborados en un primer análisis, y finalmente, producir una síntesis esclarecedora.

No se puede ser sintético sin ser analítico, pero se puede ser analítico sin lograr la síntesis, e incluso sin procurarla. La ciencia ha hecho énfasis en el análisis, en la diferenciación, descuidando la síntesis y eso es una aberración.

Es conveniente presentar esquemas bien razonados que faciliten el análisis y la síntesis. Hay que lograr la armonía entre lo ideal y lo real.

Hay conflicto entre intelecto y razón pero la armonía es posible si damos el gran salto hacia lo trascendente porque el pensamiento es unidad, es cosmos, y el espíritu se sobrepone mostrándonos que lo separado no existe, que es un artificio de l intelecto, y que la sabiduría consiste en ver la sencilla unidad de todas las cosas.


Créditos

Foto de Nick Kharlanov en Unsplash

Este blog nace del deseo de compartir con un público más amplio mis inquietudes acerca de la formación del líder. Considero que hoy día dicha formación está siendo manoseada y manipulada por toda clase de agentes de la publicidad y del poder con el objeto de ubicar en la sociedad y en las empresas personas adocenadas y sustentadoras de fines puramente económicos que no resuelven la totalidad y diversidad de las profundas inquietudes humanas. Considero que la formación del líder debe incluir variables provenientes de muchas fuentes, especialmente de las ciencias sociales y humanas, al igual que del arte y de la filosofía, sin excluir la practicidad de las funciones propiamente administrativas. El fin primordial de dicha formación debe ser dotar a los estudiantes de una conciencia de servicio y una capacidad de fertilizar el ámbito social generando tolerancia, convivencia y armonía.

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