Sociedad

El determinismo social

Más recientes, históricamente, que las teorías biológicas o nativistas, las teorías que hablan de la influencia social como determinante del comportamiento humano advienen desde los griegos y se afirman con el impulso de las ciencias sociales desde el siglo XVIII, siendo uno de sus exponentes máximos Karl Marx en el siglo XIX. Según Fromm (1971, pp. 36-53), Marx afirma que el hombre es un producto de la historia y que su naturaleza es construida históricamente, que la actividad es el centro motor de la naturaleza del hombre y que el trabajo, en la medida que limita la expresión de su libertad, es un trabajo alienante. Para Marx, el hombre puede definirse no solo anatómica y fisiológicamente, sino también psicológicamente; ubica al hombre en la historia, mientras que al animal en la naturaleza, y reivindica al hombre real y activo, demostrando que él tiene la capacidad, en sí mismo y en su actividad, de crear la historia y de ejercer libertad personal. Para él, la sociedad es la unidad esencial al desarrollo del ser humano y, por ello, es necesaria la interacción de estos dos elementos, hombre y sociedad, en su mutua influencia. Marx considera que el remedio para la situación alienante en que se halla el ser humano en las sociedades capitalistas es el comunismo, pues en este sistema desaparecería la sobreexplotación del trabajo, la desigual distribución de la riqueza, la propiedad privada, y se garantizaría el desarrollo del ser humano. Marx dio a sus adeptos, más que el socialismo científico, una nueva religión: el Desarrollo Histórico, “en cuyas manos todos los hombres, tanto sus servidores los comunistas como sus enemigos los burgueses, eran mera arcilla que debía modelarse de acuerdo con su voluntad” (Ridley, 2006, p. 34).

En el mismo siglo, John B. Watson, padre del conductismo en psicología, le daba a la educación y a la cultura un papel pleno en la construcción y formación de la persona. Decía que si le daban un niño cualquiera para educarlo o formarlo, podría obtener de él el tipo de adulto que quisiese simplemente sometiéndolo a las experiencias adecuadas. Al conductismo, como tal, no le interesa ni la causa ni la consecuencia de un determinado comportamiento, solo le preocupa el hecho objetivo de la conducta observada y la posibilidad terapéutica de modificarla instalando un nuevo comportamiento sustitutivo. A la par del empiricismo de la época, concebía al niño recién nacido como una tabula rasa sobre la cual se podía escribir la historia que se quisiese, de modo tal que, al igual que los conductistas, los empiricistas expresaban un determinismo social bien radical. Skinner (1953), continuador del conductismo, amplía esta concepción acentuando el valor de los estímulos condicionadores de la conducta y la aparición de las respuestas condicionadas en la mayoría de los comportamientos del ser humano. Es el padre de la teoría del refuerzo como facilitador de la fijación de las conductas deseables en los seres humanos, que tanta aplicación ha tenido desde sus albores en la función de dirección de las personas en las empresas. Fromm (1979), psicoanalista del siglo XX, orientó el psicoanálisis dentro de una corriente social, a diferencia del instintivismo de Freud, y elaboró una teoría caracterológica basada en el tipo de sociedad en la que el individuo ha vivido o le toca vivir. Las pasiones y angustias del ser humano son, para él, un producto cultural y el hombre no es un producto de los instintos y de la represión de los mismos, sino de la historia. Considera al hombre como un ser compulsivo impulsado por mecanismos inconscientes, el cual, en la sociedad capitalista, pierde su libertad y adquiere sentimientos de impotencia, inseguridad, duda, soledad y angustia, destinado exclusivamente a contribuir al crecimiento del sistema económico y a la acumulación de capital como fin último. Para Fromm (1971) la única solución constructiva es el socialismo, ya que en dicho sistema se puede superar la alienación de personas y cosas, la explotación del hombre, las crisis, las guerras, las consecuencias psicológicas del aislamiento, la impotencia, la ansiedad y los mecanismos neuróticos compulsivos de evasión; de este modo, la sociedad se puede sanar ya que en la sociedad capitalista el hombre se halla enfermo.

En general, para la corriente del determinismo social, el hombre cambia solo cuando se cambia la sociedad y cuando se logran condiciones sociales tales que faciliten la libertad y la autonomía de los individuos. De ahí que, en muchos de sus teóricos, la revolución sea un paso necesario para lograr, según ellos, el tipo de sociedad que no marque ni deprima al hombre. Algunos pueden optar por un proceso revolucionario lento y construido socialmente y otros por un proceso acelerado y violento.

Visto así, el ser humano parece hallarse determinado, por un lado, por su propia naturaleza biológica de la cual se deriva la posibilidad de la influencia instintiva y la potencialidad de las características heredables que los genetistas actuales en gran parte impulsan y manipulan y que tanto los psicoanalistas clásicos, Freud especialmente (véase Fromm, 1977, p. 117), como los etólogos, destacando a Lorenz (1978), enfatizan. Por otro lado, está toda la corriente sociológica y psicosociológica que preconiza el determinismo social (Marx, Fromm, Mauss). En medio de las dos corrientes se hallan los postulados de las diferentes religiones que aseguran de un modo o de otro un determinismo divino. Según parece, el ser humano no tiene escapatoria, pues, si bien la corriente biológica instintivista es, por así decirlo, más auténtica por su propia naturaleza biológica, parecería que los nuevos y fuertes hallazgos de la genética molecular indicarían la posibilidad de que el mismo hombre, en este caso los ingenieros o tecnólogos biológicos, pudiesen intervenir en ese santuario del gen y realizar los cambios y modificaciones necesarios a la persona, colectividad o comunidad. Esto ya no parece utopía y se va logrando con creces en el momento actual, en tanto que los partidarios de los nuevos órdenes sociales orientados a conseguir o estructurar un nuevo tipo de hombre parecen haber fracasado en lograr la sociedad adecuada para ello. Aquí sí parecen haber fracasado las utopías sociales y los consecuentes humanismos que las sustentan.

El transhumanismo como determinismo tecno-socio-biológico

El transhumanismo, cuyo nombre fue acuñado por Julian Huxley en 1957, y con la adhesión de miembros significativos de la comunidad científica, académica, empresarial y política de hoy día, es un movimiento que pretende mejorar las condiciones físicas, intelectuales y emocionales del ser humano. Su centro de desarrollo ha sido la Universidad de California, constituida como el principal centro del pensamiento transhumanista, el cual, apoyado por la moderna nanotecnología, por las ciencias de la información, las ciencias del comportamiento humano y por la inteligencia artificial, pretende mejorar la inteligencia humana, disminuir las enfermedades, prolongar la vida a través del implante de tecnología en su cuerpo, como microchips en el cerebro humano y reemplazo de miembros y partes de los elementos físicos constitutivos del mismo; del mismo modo, se pretende insertar segmentos de ADN en su constitución genética. El objetivo es tener seres humanos más fuertes, más inteligentes, más rápidos, con mayor control de sus emociones (Salinas, 2018).

Si bien el uso de la tecnología moderna y los avances en los diferentes campos de conocimiento en que se extiende la genética permiten tales intervenciones, se avizora el peligro de que el ser humano quede de nuevo atrapado y determinado por ellas y que sus comportamientos y emociones sean regulados y controlados remotamente, convirtiéndose así en un esclavo digital; tal es el caso del proyecto de internet cerebral.

Los principales impulsadores de esta corriente son Ray Kurzweil, considerado un genio en tecnología y galardonado por el presidente Clinton en 1999. Además de Kurzweil, se encuentran Nick Bostrom, Donna Haraway, de la Universidad de Oxford y Yale, respectivamente. Por otro lado, hombres de negocio y empresarios como Michio Kaku, José Luis Cordeiro y Elon Musk postulan los grandes beneficios de las transformaciones que los implantes tecnológicos tendrán en el cerebro humano.

Dado que este tipo de proyectos centrados en la transformación de los seres humanos tiene fuerte regulación en Europa, el campo de acción investigativa parece haberse trasladado a Latinoamérica; tal es el caso de la Universidad de San Marcos en el Perú, donde se adelantan investigaciones y experimentos en este sentido. Al tenor de la seguridad ciudadana y las ciudades digitales se pretende tener control de los ciudadanos con la inserción de microchips cerebrales.

El modelo de hombre a conquistar por los transhumanistas se ejemplifica en el Cyborg, mitad hombre y mitad máquina, con lo cual se pretende, supuestamente, que el ser humano controle hacia el futuro su propia evolución y no esté sometido a los impulsos de la naturaleza.


Referencias

  • Fromm, E. (1970). La crisis del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidos. (p. 237)
  • Fromm, E. (1971). Marx y su concepto del hombre. México: Fondo de Cultura Económica. (p. 318)
  • Fromm, E. (1977). The anatomy of human destructiveness. New York: Penguin Books. (p. 679)
  • Lorenz, K. (1978). Hombre y animal. Barcelona: Plaza & Janes. (p. 554)
  • Fromm, E. (1979). Ética y psicoanálisis. México: Fondo de Cultura Económica. (p. 278)
  • Ridley, J. (2006). Tito: La biografía del líder comunista que gobernó Yugoslavia desde 1945 a 1980. Barcelona: Vergara. (p. 421)
  • Salinas, D. (2018). Transhumanism: the big fraud-towards digital slavery. International Physical Medicine & Rehabilitation Journal, 3(5), 381–392 https://doi.org/10.15406/ipmrj.2018.03.00131
  • Skinner, B. F. (1971). Ciencia y comportamiento humano, Barcelona: Fontanella S.A.  (p. 401)

Créditos

Este blog nace del deseo de compartir con un público más amplio mis inquietudes acerca de la formación del líder. Considero que hoy día dicha formación está siendo manoseada y manipulada por toda clase de agentes de la publicidad y del poder con el objeto de ubicar en la sociedad y en las empresas personas adocenadas y sustentadoras de fines puramente económicos que no resuelven la totalidad y diversidad de las profundas inquietudes humanas. Considero que la formación del líder debe incluir variables provenientes de muchas fuentes, especialmente de las ciencias sociales y humanas, al igual que del arte y de la filosofía, sin excluir la practicidad de las funciones propiamente administrativas. El fin primordial de dicha formación debe ser dotar a los estudiantes de una conciencia de servicio y una capacidad de fertilizar el ámbito social generando tolerancia, convivencia y armonía.

2 Comments

  • Finance

    Las teorías sociales sobre el comportamiento humano, como las de Marx y Watson, destacan la importancia de la historia, la sociedad y la educación en la formación del individuo. Marx enfatiza la alienación en el capitalismo y propone el comunismo como solución para garantizar el desarrollo humano. Watson, por su parte, subraya el papel crucial de la educación y la cultura en moldear la personalidad. Ambos pensadores coinciden en que el entorno social es fundamental para entender la naturaleza humana. ¿Hasta qué punto las estructuras sociales actuales siguen perpetuando la alienación descrita por Marx?

  • Personal Finance

    Es interesante cómo Marx enfatiza el papel de la sociedad y la historia en la formación del ser humano, resaltando la importancia de la actividad y el trabajo. Su crítica al capitalismo como sistema alienante plantea una reflexión profunda sobre la libertad y la justicia social. La idea de que el comunismo podría ser una solución a estos problemas sigue siendo un tema controvertido y debatido en la actualidad. Además, la visión de Watson sobre la educación como herramienta clave en la formación del individuo complementa esta perspectiva social. ¿Hasta qué punto considera usted que el entorno social determina realmente el comportamiento humano?

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