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Liderazgo moral

En las circunstancias actuales del mundo contemporáneo, en donde todos los valores se quebrantan y la ola de corrupción avanza a través de diferentes estratos y niveles sociales, donde la ley pierde su vigencia y la mentira se constituye en verdad al arbitrio de quienes sostienen o transforman la cultura, surge, tácito, un clamor de muchos hombres y mujeres, por encontrar el valor y el equilibrio que permita reorientar lo que parece haberse perdido totalmente: la fuerza moral, que como paradigma sirva de referencia a los actores en conflicto para reconstruir la trama rota del tejido social.

En esas circunstancias caóticas se requiere, entonces, que la sociedad sea impregnada con valores vivos, generadores de desarrollo y cambio.

La situación precedente inmoviliza el carácter social y sólo si surge una comprensión profunda de lo que pasa y lo que está en juego, con sus consecuencias previsibles, esa sociedad puede facilitar la aparición de personas que afirmen, impulsen y consoliden la voluntad de cambio. Aquí es donde aparece el liderazgo moral, que aglutina en torno suyo el apoyo de todos aquellos que se sienten violentados por la desarmonía social.

El liderazgo moral es una capacidad para expresar, en la vida personal, los valores y comportamientos que se asumen como propios. No es sólo capacidad sino convicción para aceptar las consecuencias de su manifestación.

El liderazgo moral se apoya en la creencia de que los roles y papeles que desempeñan los actores en conflicto son, parcialmente, los generadores del conflicto y que es necesaria una situación que facilite la apropiación de nuevos roles y papeles. Por ello, el liderazgo moral es generador de conflicto, tanto para el líder como para quienes lo siguen y para quienes se le oponen. El liderazgo moral, en sentido general, apela a las características que dignifican la vida humana.

Por las razones anteriores, el liderazgo moral tiene valor testimonial, ya que sólo si el líder vive a la altura de sus palabras, puede generar la suficiente confianza en sus seguidores para aceptar su influencia.

Si queremos enmarcar bien el liderazgo moral podemos decir que es aquel que camina en sentido de su autoconocimento, conocimiento este que le da al líder cada día, y en cada experiencia, el sentido de su propio desarrollo, y que le permite, si tiene fuerza interna, avanzar sin detrimento de su propia personalidad. El liderazgo moral apela a lo mejor del ser humano y dignifica el ejercicio de la representación contenida en el liderazgo social.

Es casi seguro que si en la sociedad la moral estuviese bien cimentada y desarrollada, ella (la sociedad) dispondría, como un todo, de los medios y comportamientos para equilibrar el orden social cuando este fuese perturbado. Sin embargo, dado que la sociedad civil ha delegado en el gobierno la capacidad de representar sus derechos y sancionar sus deberes, la fisura social empieza a manifestarse cuando el gobierno no cumple sus funciones y se abroga derechos y funciones no estatuidas, y permite que otros sectores de la sociedad, especialmente de la vida económica, extremen su comportamiento de tal manera que afectan la armonía y el equilibrio social. En las sociedades donde la democracia es incipiente la sociedad civil no tiene, por lo general, la suficiente capacidad de respuesta inmediata para reordenarse cuando sus representantes institucionales incumplen, y la distancia que media entre el proceso larvado de deterioro social y su captación global por parte de la colectividad es tal que ésta se da cuenta tardíamente o, de otro modo, las argucias para ocultarlo son tales que difícilmente este conocimiento llega oportunamente aunque se tuviese órganos de percepción para captarlo.

Si el liderazgo moral apela a las fuerzas más recónditas y dignificantes del ser humano, implícito está que evita la manipulación y toda relación de dominio. Es por tanto una relación de crecimiento mutuo en que el compromiso de líderes y seguidores está dado en función de potenciar lo mejor de ambos. El liderazgo moral tiene, pues, una fuerza formativa tal que conduce necesariamente al desarrollo de valores y cualidades subyacentes en el líder y en sus seguidores.

El liderazgo moral exige del líder una gran fuerza testimonial: ser capaz de expresar en su vida y en sus actos lo que dice y predica.

Alguna vez una madre se le acercó al Mahatma Ghandi a pedirle que le dijera a su pequeño hijo que no comiera más dulces porque le hacían daño. Ghandi le dijo que trajera al pequeño al siguiente día y cuando así lo hizo, el Mahatma, dirigiéndose al niño le dijo “no debes volver a comer más dulces”. La madre, sorprendida, le preguntó por qué no lo había dicho así el día anterior, y él contestó: “Porque hasta ayer yo comía dulces y me hice la promesa de no volver a comerlos más” (Verma, 1990). Este es un pequeño ejemplo de liderazgo moral, realizado por un hombre que en su vida personal fue una expresión sublime de este tipo de liderazgo.

El líder moral es líder en tanto sus actos estén apoyados en una escala de valores que satisface anhelos profundos de renovación por parte de sus seguidores; requiere incluso, en ocasiones, reeducar a estos y mostrarles la mejor y más digna manera para alcanzar su propósito. Por ello, el liderazgo moral tiene una fuerte connotación pedagógica que implica que las relaciones del líder con sus seguidores apelen a la actualización de sus mejores cualidades y valores y conlleva un proceso constante de transformación y desarrollo de ambos.

Uno de los requisitos, entre muchos, para construir el liderazgo moral es el desarrollo constante de la capacidad de soledad, soledad que difiere del aislamiento físico o de la necesidad compulsiva de estar con otros. La soledad necesaria para el liderazgo moral es aquella que le permite ir a su interior y recabar en sus profundidades las fuerzas vitales que le servirán para enfrentar las múltiples demandas, rechazos e incomprensiones derivadas del ejercicio de su papel. Es la soledad del que camina hacia sí mismo y, el recorrido debe hacerlo solo.

En el proceso de crecimiento y madurez de este tipo de liderazgo, la actividad con el mundo exterior, la acción permanente, debe generar la información y la experiencia suficiente para tener una visión actualizada de los hechos que concurren a las iniciativas y al propósito de la acción; luego, el líder debe ser capaz de retirarse a sus “cuarteles de invierno” y sopesar, en la intimidad de su propio ser, las decisiones que va a tomar. El “cuartel de invierno” no significa ni un espacio ni un tiempo físico definidos; es su propio corazón, donde palpita su ser entero, y allí debe encontrar las respuestas que sin apartarlo de sí mismo, le faciliten el mejor camino para alcanzar su meta o propósito.

Entendamos bien que la soledad del líder no es la del solitario ansioso de encuentros y dependiente de otros; tampoco la de quien es incapaz de establecer relaciones maduras con los demás o le atosigan los seres humanos a su alrededor. Por el contrario, la soledad es una cualidad del espíritu y un atributo moral en sí mismo que le permiten al líder hallar la fuerza y el impulso en su propio interior.

Si la acción del líder no parte de su propia entraña, si no corresponde a una profunda convicción y a la comprensión de los requerimientos del esfuerzo, con una previsión de los posibles resultados, esa acción puede quedarse trunca, a medio hacer, o transformarse en acción manipuladora para resolver las incompetencias del líder.

La capacidad para la soledad no es algo que se pueda fabricar de la noche a la mañana, es necesario construirla a lo largo de la vida, y requiere, con seguridad, que en los momentos más críticos seamos capaces de volvernos hacia nosotros mismos y preguntarnos ¿en qué he fallado?, ¿cuál ha sido mi error?, ¿cómo puedo repararlo? Si estas preguntas se hacen auténticamente, surge la comprensión necesaria para encontrar respuestas significativas y para actuar con honestidad y certeza.

El camino hacia sí mismo requiere valor para enfrentarse con las falacias que uno mismo se fabrica, con las seudo-personalidades que lo protegen y con los falsos yoes con que constantemente se enfrenta el ser humano ante las diferentes circunstancias de la vida. El liderazgo, y específicamente, el liderazgo moral, empieza por el autoconocimiento ya que no se puede dirigir a otros hacia una meta, que es la de uno mismo, sin superar en sí mismo las barreras que le impiden alcanzarla. Por otro lado, tampoco se puede dirigir a los demás, lo cual requiere conocerlos y comprenderlos, sin conocerse y comprenderse a sí mismo.

“Conócete a ti mismo” no fue sólo el precepto inscrito en el templo de Apolo en Delphi; es también el mandato moderno, aunque un filósofo como Edward George Bulwer, ingles del siglo XIX, agrega que también es necesario mejorarnos a nosotros mismos. (Véase Mackoff y Wennet, 2001).

El proceso del autoconocimiento nunca concluye y exige valor apasionado para realizarlo; algunos dirán que esto es difícil y que no es una exigencia que se le haga al líder, pero aseguraríamos, también, que sin este recabar auténtico en las profundidades de su ser, el liderazgo moral llega a ser débil y con capacidad de transarse de acuerdo a conveniencias personales. El autoconocimiento conduce a que el líder legitime, poco a poco, su actuar en función de lo que es verdaderamente bueno para su comunidad y no en lo que es conveniente para mantener su imagen ante sí mismo o ante los demás; exige educar a la comunidad para la madurez necesaria que los cambios requieren y, siempre, siempre, demanda contrastar la consistencia interna entre el pensar, el sentir y el actuar propios frente a las exigencias y expectativas de los seguidores. No es, pues, un liderazgo fácil.

La siguiente tabla resume las características de los tres tipos de liderazgo mencionados.

PROFESIONALSOCIALMORAL
Dominio de conocimientos, herramientas, métodos, técnicas y tecnologíasDominio de las relaciones interpersonalesDominio de sí mismo
Se trabaja para otrosAl lado de otrosCon otros
ConfrontaciónNegociaciónColaboración
MonodisciplinarInterdisciplinarTransdisciplinar
Campo de las mercancíasCampo de los deberesCampo de los valores
Campo de los productosCampo de los derechosCampo de las virtudes
EficienteEficazEfectivo
RacionalSensible, inspiradoIntuitivo
Experticia instrumental y humanaDestrezas socialesSentido del desarrollo
Rendimiento económicoRendimiento socialRendimiento moral
PercepciónApreciaciónProfundización
Conocimiento del mundoConocimiento de la sociedadConocimiento de sí mismo
CrecimientoDesarrolloEvolución
ApatíaSimpatíaEmpatía
Amor al trabajoAmor fraternoAmor humano
Fuente: Leonel Monroy

Referencias

Mackoff & Wennet (2001). The inner work of leadership as a habit of mind.  Amacom, New York.

Verma, M.M. (1990). Ghandis´s Technique of Mass Mobilization. R.K. Gupta & Co. Connaught Place, N. Delhi, p.p. 255

Este blog nace del deseo de compartir con un público más amplio mis inquietudes acerca de la formación del líder. Considero que hoy día dicha formación está siendo manoseada y manipulada por toda clase de agentes de la publicidad y del poder con el objeto de ubicar en la sociedad y en las empresas personas adocenadas y sustentadoras de fines puramente económicos que no resuelven la totalidad y diversidad de las profundas inquietudes humanas. Considero que la formación del líder debe incluir variables provenientes de muchas fuentes, especialmente de las ciencias sociales y humanas, al igual que del arte y de la filosofía, sin excluir la practicidad de las funciones propiamente administrativas. El fin primordial de dicha formación debe ser dotar a los estudiantes de una conciencia de servicio y una capacidad de fertilizar el ámbito social generando tolerancia, convivencia y armonía.

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  • Reclutador

    La formacion de equipos se ha vuelto cada vez mas popular en la ultima decada, uniendo a las personas al fomentar la colaboracion y el trabajo en equipo. Estos ejercicios permiten que las personas brillen bajo una luz diferente mientras disfrutan de un ambiente divertido y entretenido. Los eventos de trabajo en equipo obtienen resultados y desarrollan habilidades importantes para sus empleados, como comunicacion, resolucion de problemas y solucion de conflictos. La introduccion de ejercicios de formacion de equipos en su negocio vera un aumento constante en la moral de los empleados. Como se menciono anteriormente, estos ejercicios reunen a los trabajadores; algunos miembros del personal podrian no haber tenido oportunidades eficientes para conocerse antes, y los eventos de creacion de equipos permiten la socializacion y alientan a los empleados a trabajar en equipo y comprenderse mejor a nivel personal. Construir relaciones por si solo mejorara el bienestar y creara un ambiente divertido para sus empleados. Ademas, permite a los trabajadores aliviar el estres de los proyectos en curso y despejar su mente, lo que puede ser un factor que contribuye a bajar la moral en el lugar de trabajo.

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