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Cambio, crecimiento, desarrollo y evolución: Dinámica del cambio en la naturaleza, en la sociedad y en el hombre

El cambio es una constante en la vida pues nada permanece estático. La acción del tiempo produce el cambio pues el tiempo define un espacio y un modo de transformación. Lo vivo está en constante cambio y supone crecimiento, desarrollo  y evolución. Aún el proceso de envejecimiento, deterioro o destrucción, incorpora el cambio como una constante. La muerte humana es un cambio de vida para los creyentes en algo superior.

La metáfora biológica de la organización supone que la empresa nace, crece, se desarrolla, evoluciona y posiblemente permanece en el tiempo o muere si no es posible mantenerla viva. El cambio como constante esta siempre presente en estos procesos. Las organizaciones están, pues,  sujetas a procesos de crecimiento, desarrollo y evolución que marcan todo su desarrollo biográfico y que definen un poco su permanencia e impacto en la sociedad en la que se hallan.

El crecimiento en una empresa lo podemos entender como la aparición progresiva de unidades de producción, distribución, ventas,  mercadeo, etc. Del mismo modo el consecuente aumento en las ventas y en los ingresos.  El crecimiento integra la aparición de nuevas estructuras y funciones, es medible y tangible y sujeto de cuantificación y de estadísticas. En la fase (pionera) inicial la empresa está dedicada a crecer puesto que las condiciones técnicas y económicas así se lo exigen. Ella es en sí misma incipiente en tecnología, procesos y recursos y por lo tanto trata de asegurar su supervivencia en un entorno competitivo y demandante. Si no hay crecimiento hay estancamiento o por lo menos limitadas posibilidades de responder a las exigencias del entorno cambiante. De este modo   solo se puede atender  las demandas de un mercado reducido.

El desarrollo es una dimensión distinta que involucra aspectos cualitativos como valores, conceptos, formas de pensamiento y acciones conducentes a enaltecer las características significativas de una agrupación humana u organización. El desarrollo no es tan tangible aunque si es visible y apreciable por quien distingue comportamientos y actitudes. Una organización puede crecer mucho pero tener poco desarrollo pero, hasta cierto punto, el crecimiento es una condición necesaria para el desarrollo, pero no necesariamente lo limita. También puede suceder lo contrario: con poco crecimiento se puede dinamizar un adecuado desarrollo, es decir, se aprovecha inteligentemente los limitados recursos para fomentar un adecuado desarrollo. El crecimiento es natural a los procesos orgánicos y son determinados genéticamente aunque unas buenas condiciones del entorno lo  pueden favorecer. El desarrollo es inducido por variables especialmente sociales.

Evolución es un salto cualitativo en la forma de apreciar la vida y las cosas, tiene que ver con una dimensión más espiritual que reconoce fines trascendentes a las personas y a las organizaciones. Se puede ser una sociedad altamente desarrollada pero poco evolucionada, en consecuencia se puede ser pobre o de escasos recursos pero altamente evolucionado.

El crecimiento requiere acopio de riqueza material puesta al servicio de infraestructura física, de dotación tecnológica, en ocasiones implica endeudamiento que no se trasluce en mayor desarrollo debido a las carencias cualitativas que lo harían eficaz. El índice de desarrollo de las naciones unidas contempla la variable económica en el ingreso.

Generalmente, el crecimiento de una sociedad, desde los diferentes niveles en que este se mire: demográfico, económico, educativo, etc., conlleva fenómenos de reestructuración de la trama social en la medida en que ésta es un compendio de valores, creencias, intereses, que envuelve a diferentes actores y les hace jugar roles diferentes, según la situación. El crecimiento exige actos estructuradores de desarrollo que conduzcan a que la sociedad en general, pueda asimilar tal crecimiento con nuevos esquemas de comportamiento que estabilicen los logros alcanzados y permitan el avance en madurez para enfrentar los retos sucesivos tanto del crecimiento como del desarrollo. El desarrollo lo podemos entender como la capacidad que tiene una sociedad para resolver armónicamente sus conflictos y avanzar cada día hacia mayores niveles de responsabilidad para con las personas, con la naturaleza y consigo misma. Está fundamentado, pues, en logros, cada vez superiores, de conciencia, libertad y responsabilidad.

Con el crecimiento de las sociedades una de las cosas que primero se afecta es la regulación de la vida entre sus miembros, regulación que, si existía previamente, estaba dada por el estatuto que los cobijaba, explícito o implícito. Este estatuto generalmente define los derechos y deberes de los ciudadanos y crea el orden institucional que favorece la regulación social. Todo crecimiento crea nuevos órdenes porque, por lo general, rompe los equilibrios relativos existentes y transforma los roles y papeles que los miembros de la colectividad venían desempeñando; en ocasiones simplemente se aumenta el peso relativo de un rol o papel afectando las relaciones entre las personas y entre éstas y las instituciones.

La búsqueda del crecimiento sin ubicación en un contexto de desarrollo conlleva empobrecimiento de la vida cultural, política y social de la colectividad ya que, en este contexto, toda unidad lograda en el Tener empobrece el Ser o Estar con los otros. Incluso en las economías del bienestar este no puede darse sin una intervención decidida de los organismos reguladores para que las nuevas adquisiciones queden equitativamente distribuidas y no genere conflictos de poder o de ambiciones.

¿Puede darse crecimiento sin desarrollo? Sí, pero a costa de nuevas dependencias y violentos manejos de la trama social. ¿Puede darse crecimiento con desarrollo?  Parece lo correcto, la dificultad estriba en clarificar cuánto crecimiento, qué tipo de crecimiento y con qué desarrollo va equiparado. No parece haber una fórmula específica que relacione las dos variables, aunque algunas corrientes de pensamiento han procurado generar lo que se llama el Índice de Desarrollo Humano (IDH) en términos de esperanza de vida, nivel educacional y PIB real, o sea, poder adquisitivo en divisas extranjeras. Estos indicadores están definidos en forma cuantitativa lo cual es, o, puede ser, un reflejo de los posibles logros, al nivel de desarrollo social.

Normalmente, el crecimiento de un país o sociedad está definido por el PIB o sea la capacidad productiva de todo el sector industrial, y esta es una medida cuantitativa. También el desarrollo presenta indicadores cuantitativos como son el nivel de empleo, el salario real, la inflación y la tasa de intermediación financiera, la cobertura educativa, etc. que traducen elementos fácilmente aprehensibles y tangibles. Lo importante es connotar que si bien el desarrollo puede ser representado, en unos aspectos, en forma cuantitativa, se refleja, de otra manera, y en forma más profunda, en aspectos difíciles de traducir cuantitativamente como son la capacidad de resolver los conflictos, la solidaridad social, la responsabilidad ciudadana, la conciencia política de los ciudadanos, etc.

El desarrollo implica avances en comportamientos individuales y colectivos como consecuencia de madurez personal y claridad de la conciencia colectiva. Esta última significa imágenes claras de sus realidades, modos y formas maduras de abordarlas y mejorarlas, implica capacidad de discernimiento para evaluar y aceptar modelos y formas de vida social que orienten a mayores logros sin perder la autonomía y la libertad; significa renunciar a la manipulación y a la automanipulación.

Sólo el desarrollo evita en gran parte que el incremento en crecimiento no se dilapide en corrupción y en satisfacciones personales de quienes administran o dirijan sino que se distribuya equitativamente en la población.

Los líderes y dirigentes en general tienen que hacer un esfuerzo orientado a que gran parte del producto del crecimiento económico se invierta paralelamente en desarrollo, de otro modo la voracidad y la depredación harán sus fiestas con los logros económicos o materiales alcanzados. De ahí la importancia de la rendición de cuentas y la transparencia como factores necesarios a una buena dirección y liderazgo de la comunidad.

Para el caso de las organizaciones tanto económicas como jurídicas y culturales el cambio, el crecimiento, el desarrollo y la evolución se encuentra en manos de sus dirigentes, quienes con una mayor conciencia y libertad pueden avanzar en procesos de madurez psíquica y espiritual de modo tal que hagan que las instituciones que representan y dirigen contribuyan al desarrollo humano y a la madurez espiritual de  la sociedad  en plenitud.

Trabajo de los administradores o dirigentes es propiciar el crecimiento e irrigar sus beneficios a toda la comunidad, pero de igual modo es necesario que se creen circunstancias propicias al desarrollo, para ello se puede buscar apoyo en los rendimientos del crecimiento.

Algo importante para una excelente pedagogía social es la comprensión de que el desarrollo es interno y tiene que ver con las funciones, estructuras y características más íntimas del ser: pensamiento, sentimiento y voluntad. Surge desde adentro del ser humano y exterioriza, a través del comportamiento, las calidades logradas. Cuando hay desarrollo aumenta el capital social y cultural de la sociedad.

Puede darse crecimiento sin desarrollo pero el desarrollo requiere al menos un poco de crecimiento, y con ese poco, bien administrado y puesto al servicio de funciones sociales adecuadas, se puede multiplicar el desarrollo y quizás el crecimiento.

El crecimiento implica un cambio cuantitativo en una  o más variables dentro de un sistema, lo que conlleva  un cambio parcial de la estructura del sistema. En los sistemas vivos se presenta, en cambio, una reestructuración total del sistema. Por lo general dicha reestructuración conlleva una diferenciación  e integración en todo el sistema, lo que se cualifica como desarrollo.

En las organizaciones, con el crecimiento, surgen estructuras nuevas y procesos, orientando así su desarrollo. Cuando estas estructuras y procesos se estancan en su actualización y renovación surgen entonces crisis que dan paso a nuevas modificaciones avanzando, así, de crisis en crisis, hacia nuevas etapas de desarrollo y evolución. El desarrollo en los organismos vivos lo podemos entender como un proceso discontinuo que pasa por diferentes etapas formando así nuevos órganos.  

En el sentido biológico una organismo social puede desarrollarse hacia un objetivo determinado solo si  este objetivo es determinado por las personas que sostienen la iniciativa y ostentan el poder (Lievegoed, 2014).

O sea  que si la organización está constituida por adultos conscientes ella puede generar nuevas estructuras y modelos que reflejen la madurez de sus miembros. 

Son los individuos maduros y conscientes quienes pueden asumir la responsabilidad de transformar las organizaciones y las sociedades a su cargo y ponerlas en dirección del desarrollo y evolución. He aquí la importancia de un auténtico liderazgo transformador.

Lievegoed concibe el desarrollo de las organizaciones sociales como un proceso de cambio progresivo en la estructura de la organización que tiene lugar  a lo largo de la biografía de la organización (Ibid. 94).

El  crecimiento y la maduración corresponden más a lo biológico, en tanto que a nivel humano es mejor  referirse a cambio y desarrollo.

El factor tiempo es una constante en la noción de desarrollo. Este parte, generalmente, de un estado presente hacia un estado futuro, considerando en situaciones específicas el pasado. Para las organizaciones económicas, sociales y culturales significa diseñar, planificar, y proponerse metas y objetivos a alcanzar.

La orientación empresarial hacia el desarrollo requiere un bagaje de conceptos que permitan no solo un diagnóstico de la situación actual de la organización sino también un conocimiento del entorno social, técnico, cultural y económico para sopesar las posibilidades de éxito en los paradigmas de desarrollo que se propongan. También se requiere un conocimiento del ser humano y un paradigma de los logros a alcanzar al impulsar el desarrollo de la comunidad a nivel individual y colectivo.

El desarrollo a nivel organizacional requiere, en la mayor de las veces, cambio de los paradigmas que sostenían la organización actual. Por ello es una responsabilidad exclusiva de la alta gerencia y de los líderes que este (el desarrollo) pueda ser irrigado a través de los diferentes niveles de la sociedad y la organización.

Por otra parte, el crecimiento tiene el límite de la estructura o de la función que lo requiere cuando se trata de un objetivo armónico, pero si sobrepasa ese límite o es escaso, generalmente distorsiona el fin y el cometido de la función. En cambio, el desarrollo es ilimitado y depende de las circunstancias personales, sociales y culturales inherentes a cada individuo, a cada organización y a cada sociedad.

El desarrollo tiene más que ver, pues, con los aspectos sociales y culturales de los individuos y de la  comunidad en tanto que el crecimiento con la vida económica propiamente dicha.

Algunas de las dificultades de una comunidad para avanzar en el sentido de su propio desarrollo son, entre otras:

  • Inequitativa distribución del ingreso.
  • Tasa baja de empleo.
  • Salarios bajos que no cubren las necesidades mínimas de la población.
  • Escasa capacidad productiva de la nación.
  • Infraestructura física y tecnológica inadecuada para soportar las demandas del desarrollo.
  • Poca madurez y capacidad política de los ciudadanos para asumir y exigir representación de sus derechos.
  • Escasa habilidad social para resolver los conflictos normales y también los excepcionales de una sociedad en desarrollo.
  • Ejercicio político distorsionado u orientado a la satisfacción de intereses personales o partidistas con exclusión de los intereses realmente nacionales.
  • Escasa identidad social y patrones culturizantes no apropiados.
  • Escaso sentido de pertenencia y marginación de los procesos constructores de la cultura y la nacionalidad.

¿Cómo educar, entonces, para el desarrollo, en una comunidad que tiende, o, debe tender hacia procesos de modernización acordes con nuevos elementos culturales en lo político, en lo económico, y en lo social y que sea, poco a poco, capaz de insertarse en el concierto de países democráticos y civilizados?

Para responder a lo anterior es necesario hacer abstracción del problema de las variables macroeconómicas que inciden a escala mundial como producto de los organismos reguladores de la economía internacional y que definen las orientaciones del desarrollo humano en sus países satélites, es decir, limitarnos a lo específicamente educativo en tanto una comunidad pueda manejar variables educativas y pedagógicas para superar los problemas de orden social y cultural que la afectan.

Es sabido que la inversión en capital humano constituye una de las promesas mayores para el desarrollo de un país y que, por tanto, aprovechar el potencial de aptitudes, habilidades e intereses de una colectividad, orientándolo a través de procesos educativos y pedagógicos, se constituye en una riqueza cultural expresada en la multidiversidad, no sólo de realizaciones sino también de propuestas creativas para la solución de los problemas del crecimiento.

Avanzar en modelos de desarrollo  significa pasar de una situación o estado actual hacia una futura, teniendo en cuenta quizás el estado pasado. Requiere cambios normativos que afectan las políticas y quizás los principios, afectando por consiguiente las estructuras en que se sustenta la organización. Debe ser un cambio planificado.


Referencias

Lievegoed, Bernard (2014): La organización en dedarrollo. IAO Arte editorial, Madrid, Pp.328

Créditos

Foto de Gaye Kırkın: https://www.pexels.com/es-es/foto/hombre-relajante-sentado-parque-13247739/

Este blog nace del deseo de compartir con un público más amplio mis inquietudes acerca de la formación del líder. Considero que hoy día dicha formación está siendo manoseada y manipulada por toda clase de agentes de la publicidad y del poder con el objeto de ubicar en la sociedad y en las empresas personas adocenadas y sustentadoras de fines puramente económicos que no resuelven la totalidad y diversidad de las profundas inquietudes humanas. Considero que la formación del líder debe incluir variables provenientes de muchas fuentes, especialmente de las ciencias sociales y humanas, al igual que del arte y de la filosofía, sin excluir la practicidad de las funciones propiamente administrativas. El fin primordial de dicha formación debe ser dotar a los estudiantes de una conciencia de servicio y una capacidad de fertilizar el ámbito social generando tolerancia, convivencia y armonía.

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