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Liderazgo profesional

Es uno de los tres tipos básicos de liderazgo que puede desempeñar una persona. El liderazgo profesional es el que le compete a un individuo por el hecho de saber algo. Este saber puede ir desde el nivel puramente artesanal hasta el derivado del conocimiento y dominio de la más alta tecnología. Como tal se refiere tanto al saber empírico como al académico-científico y pasa por las disciplinas tanto exactas y cuantitativas como especulativas y cualitativas.

Este tipo de liderazgo explica que los procesos de influencia sobre los demás empiezan porque alguien posee un saber, conoce algo, que le permite relacionarse con otra persona, bien porque ella requiere la utilidad de ese saber o porque quien lo posee, lo utiliza para iniciar procesos comunicativos específicos.

La influencia, característica del liderazgo, se ejerce cuando alguien satisface las necesidades y expectativas de otra persona, y esas necesidades van desde los niveles elementales y físicos hasta los sociales y transcendentes. La característica básica en esta relación es que el influenciado no posee los conocimientos y/o las habilidades que sí tiene quien lo influye, o los posee en cantidad y calidad reducida; espera, por lo tanto, que la otra persona lo oriente, le indique, aconseje, mande u ordene, acerca de ese saber.

El liderazgo profesional se apoya en que los demás le dan crédito al saber que alguien posee, se lo reconocen explícitamente y aprovechan en su beneficio las ventajas de la aplicación de ese saber, por lo tanto, es un saber demandado como también un saber ofrecido u ofertado en el contexto de un mercado que lo valora y utiliza.

En las relaciones de aprendizaje, quien aprende, quiere o necesita poseer ese saber; en otro tipo de relaciones ese saber se requiere para el mantenimiento de procesos, operaciones o funciones. Este saber puede ser muy reducido o muy extenso pero siempre encontrará a otro que busque o acepte ser influenciado por él.

Lo que hace que el proceso de influencia se de en el liderazgo profesional es que el líder posee los conocimientos, domina las herramientas y la tecnología y posee los instrumentos para realizar algo de una manera eficiente. Una forma más adecuada de definirlo sería llamándolo liderazgo técnico, pero recurrimos a la palabra profesional considerando que toda persona, independiente de la profundidad y la formalidad de su formación, posee un saber al cual puede llamar su profesión.

Lo que hace que el liderazgo profesional sea reconocido y aceptado es porque se fundamenta en la experticia que el líder ha desarrollado en el dominio propio de ese saber y cuando la ejecución de dicho saber llega a un nivel alto de eficiencia, la destreza lograda en la realización de las tareas que le son propias lo convierte en alguien único dentro de su gremio; tiene, pues, un poder de experto.

El origen del liderazgo profesional yace en la vocación de la persona y se apoya, especialmente, en sus aptitudes y habilidades. Su alcance máximo es el dominio de las herramientas, técnicas y tecnologías propias de la profesión o actividad elegida y contempla, a lo sumo, los conceptos fundamentales de ella y los métodos para avanzar en dicho conocimiento, tiene, entonces, un carácter monodisciplinar y un valor instrumental.

Cuando la formación de una persona llega a los niveles establecidos anteriormente se puede decir que está preparado para el ejercicio de una tarea o un sinnúmero de tareas que encuadran en la gama posible de una profesión. Esto, en el fondo, es lo mínimo exigido para que alguien pueda ejercer un trabajo y ganar lo necesario para lograr autosuficiencia desde el punto de vista económico. En el otro extremo puede significar, igualmente, grandes ingresos dada la calidad de su saber técnico-profesional. La autosuficiencia aquí mencionada supone que el ejercicio de una profesión debe, por lo menos, asegurarle al individuo los ingresos necesarios que le permitan cubrir sus necesidades básicas y no ser una carga para los demás ni para la sociedad. Es el nivel mínimo exigido en la sociedad para la formación de una persona y contempla las posibilidades de vivir una vida humanamente digna.

Revisando lo anterior, una sociedad puede avanzar en un liderazgo técnico si posee las bases científicas y tecnológicas para formar a sus ciudadanos con gran capacidad para resolver problemas de dicho ámbito: seres humanos diestros en optimizar los procesos y asegurar los rendimientos económicos al menor costo. Esto es un gran logro para una sociedad y, tal cual, las sociedades que representan a los llamados países desarrollados se destacan por un alto desarrollo científico-tecnológico que redunda en el crecimiento de su capital económico, lo mismo sucede si se trata de una empresa para cuyo caso el logro máximo es el de reconocimiento por parte del sector de mercado al que dirige sus esfuerzos. Este liderazgo se debe mantener y para ello, tanto los individuos como las instituciones y la sociedad, deben asegurar, permanentemente, la actualización y el avance en los campos tecnológicos de su dominio para que la competencia no los desplace.

El liderazgo profesional es pues, al nivel personal, un requisito para el éxito, en el ámbito económico, dentro de una sociedad. A un nivel mayor significa que una sociedad es altamente competitiva, en relación con otras, lo que le asegura mayores ingresos y mejores estándares de vida para sus ciudadanos.

El liderazgo profesional tiene, sin embargo, sus disfunciones, las cuales son, en su mayoría, consecuencia de una preparación o formación unilateral, pragmática y monodisciplinar, aislada de los demás componentes que contribuyen a una adecuada formación integral.

El liderazgo profesional que se apoya exclusivamente en el conocimiento y dominio de una disciplina tiene su campo de desempeño en el domino estrecho de la misma y desconoce las relaciones horizontales y cruzadas que esta tiene con disciplinas complementarias o diferentes (Borrero, 1992). Es, por lo tanto, una visión estrecha de la vida y del trabajo, una visión que lleva al dogmatismo y a la rigidez tanto de la percepción como del pensamiento y niega la existencia de la red integradora de los múltiples elementos que comunican las diferentes disciplinas y saberes.

Si bien cada día se acepta y se busca esa relación integradora, existen todavía modelos formativos que insisten en la temprana especialización y desdeñan el conocimiento enriquecedor proveniente de otras fuentes. El liderazgo profesional se ahoga, pues, en las certidumbres estrechas de su eficiente modelo disciplinar.

Por otro lado, el liderazgo técnico genera confianza mientras otro descubrimiento o hallazgo no lo supere. En el mundo de hoy, acelerado en el desarrollo tecnológico, dicha confianza desaparece muy rápido. Mientras la confianza subsista se puede mantener una relativa autoridad y ejercer el poder que el saber técnico confiere; de otro modo, si no se tiene formación complementaria, se puede llegar a la soberbia autoritaria que rechaza puntos de vista contrarios e impone métodos, opiniones o técnicas ya superadas, sometiendo a seguidores o beneficiarios a actuar de acuerdo. He aquí una de las más grandes disfunciones del liderazgo técnico-profesional.

El liderazgo técnico o profesional necesita ser actualizado permanentemente. Ello exige estar informado de los nuevos desarrollos en su campo disciplinar. La pereza, la ignorancia y la falta de visión pueden conducir a una obsolescencia profesional o tecnológica que concluya en incapacidad para responder a las nuevas demandas con la eficiencia exigida por quienes requieren el beneficio de esos conocimientos.

Mantener el liderazgo técnico-profesional requiere la aplicación de estrategias de actualización permanente, de incentivar y facilitar la innovación y, por ende, de favorecer la creatividad. Una empresa, un territorio, un sistema educativo, se pueden mantener competitivos si facilitan a través de políticas de innovación la constante actualización de sus miembros. Esta claro que en la época actual, denominada la sociedad del conocimiento, solo las organizaciones que estén al tanto de los adelantos científicos, tecnológicos y sociales y que además mantengan un esfuerzo por aplicar lo necesario de ello en su propio dominio, podrán navegar sin mayores turbulencias en mercados altamente competitivos.

El liderazgo profesional se puede concebir, pues, como una relación de autoridad conferida por el saber, reconocido y aceptado por quienes necesitan ese saber. Los contextos donde se aplica este liderazgo son, entre otros, el campo educativo y el campo empresarial. En el campo educativo la relación entre educador y educando se da, primordialmente, porque el educador posee un saber y el educando necesita ese saber. Como tal puede, esta relación, caracterizarse de un modo funcional o disfuncional, como lo hemos explicado anteriormente. De todos modos, y de acuerdo a nuestra argumentación, el liderazgo ejercido por un docente, en este contexto, estaría limitado a enseñar las técnicas, herramientas y tecnologías propias de su campo disciplinar de acuerdo a la supuesta necesidad del alumno, para convertirlo en alguien eficiente y diestro en una actividad o profesión específica. Pero esto es lo mínimo exigido por la sociedad al sistema educativo, aunque no satisface la necesidad de formar integralmente a los alumnos.

Si la universidad da un carácter altamente profesionalizante a cada uno de sus saberes, entrega, entonces, a la comunidad profesionales con una visión estrecha de la vida y de la sociedad y, en consecuencia, no cumple su función de liderazgo que es formar profesionales integrales que transformen y desarrollen la sociedad en la que van a ejercer.

En una relación empresa–cliente, el liderazgo técnico facilitaría resolver con la mayor rapidez y calidad los requerimientos del cliente, optimizando las utilidades tanto para la empresa como para el cliente. Podemos imaginar, entonces, lo que pasa cuando la educación o la empresa, o bien, el educador y el obrero o empleado, por obsolescencia en sus conocimientos no satisfacen las necesidades del alumno o cliente.

Por último, las relaciones descritas en el contexto del liderazgo profesional, si bien tienen su efecto positivo en el incremento de la eficiencia y en el mayor beneficio tanto para el líder como para los beneficiarios de su saber, apela, casi exclusivamente, al uso y ejercicio de las facultades físicas e intelectuales del ser humano y descuida que este es igualmente emoción, sentimiento y voluntad.

El liderazgo profesional, según nuestra comprensión, sólo corresponde al ejercicio de la tercera parte de la potencialidad humana.


Referencias

Borrero, Alfonso (1992). La interdisciplinariedad. ASCUN, Bogotá, p.p. 56

Este blog nace del deseo de compartir con un público más amplio mis inquietudes acerca de la formación del líder. Considero que hoy día dicha formación está siendo manoseada y manipulada por toda clase de agentes de la publicidad y del poder con el objeto de ubicar en la sociedad y en las empresas personas adocenadas y sustentadoras de fines puramente económicos que no resuelven la totalidad y diversidad de las profundas inquietudes humanas. Considero que la formación del líder debe incluir variables provenientes de muchas fuentes, especialmente de las ciencias sociales y humanas, al igual que del arte y de la filosofía, sin excluir la practicidad de las funciones propiamente administrativas. El fin primordial de dicha formación debe ser dotar a los estudiantes de una conciencia de servicio y una capacidad de fertilizar el ámbito social generando tolerancia, convivencia y armonía.

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