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Liderazgo social

A diferencia del liderazgo profesional, el liderazgo social se centra en el mundo de las relaciones interpersonales y en la comprensión y manejo de los roles y papeles que los seres humanos desempeñan como miembros de una sociedad.

El centro de la acción del liderazgo social reside en la satisfacción de las necesidades que facilitan el equilibrio dinámico entre las personas y entre estas y las instituciones. Su tendencia sería a buscar el equilibrio cuando estas relaciones causan, de algún modo, insatisfacción, oprobio o amenaza en el grupo, comunidad o sociedad a quien el líder representa. Se puede decir que el liderazgo social tiende a regular las relaciones entre los representados y otras personas o instituciones que menoscaban sus legítimos derechos y sentimientos de dignidad. Este tipo de liderazgo surge, entonces, cuando el líder asume como propias las necesidades de una comunidad en tanto que dichas necesidades se hallen limitadas en su satisfacción por otros grupos o centros de poder que se consideran como contrarios y opuestos a los intereses de ella.

En el liderazgo social están representadas, de manera especial, las necesidades derivadas de la comprensión del ser humano como ser social y psicológico, es decir, como miembro de una cultura con regulaciones que norman su comportamiento y expresiones personales derivadas de la educación recibida y de la comprensión del mundo que le rodea. Por ello el liderazgo social se inscribe en los diferentes ethos que constituyen la cultura y la idiosincrasia de un pueblo o nación y asume uno o varios aspectos de ella como agente movilizador de las frustraciones, resentimientos o anhelos de una comunidad particular.

La sociedad como podemos entender esta regulada por principios constitucionales que otorgan deberes y derechos a cada uno de los asociados y que están amparados desde el estado constitucional. Esos derechos y deberes pretenden crear paz y armonía entre los asociados y en general convivencialidad; se convierten, pues, en ejes reguladores del comportamiento de todos los ciudadanos generando sanciones y premios por su cumplimiento. Lo anterior crea un clima que permite que todos los ciudadanos accedan en términos de igualdad a todos los bienes que la economía, la cultura y la función política otorgan. Nadie es superior a nadie y se elimina las distinciones por raza, etnia, status económico, educación, etc. Cuando un miembro de la sociedad, al arbitrio de sus propios intereses viola esa igualdad quebranta, entonces, la armonía, el respeto y la consideración que la ley otorga a todos los miembros de la sociedad. Nace en consecuencia el conflicto, latente o expreso, y se generan reacciones que conducen  a la violencia y a la destrucción. Ante la ley todos los ciudadanos son iguales y el quebrantamiento de esa igualdad crea la diferencia y genera sentimientos de inferioridad en la persona a quien sus derechos fueron conculcados. Alguien tiene que rescatar la igualdad perdida y si no es el estado, en manos de sus funcionarios, entonces será en las de alguien que asumiendo esa desigualdad como propia asuma la representación de las personas o comunidad afectada. Nace, así, el liderazgo social.

El liderazgo social, a diferencia del profesional o técnico, nace a partir de un substrato emocional, o sea, una orientación personal arraigada en los sentimientos del líder de hacer algo por restablecer el derecho perdido por su comunidad. Por lo general hay, entre líder y seguidores, sentimientos y emociones comunes, envueltos en el objeto de su reivindicación, y el líder asume como propia la queja y la inconformidad de su grupo; incluso, en la mayoría de las veces él mismo la sufre.

Una noción clara, derivada de la vida en comunidad, es que las relaciones entre individuos están amparadas por los mutuos derechos y deberes derivados de los estatutos que les son propios. Cuando alguien viola el estatuto o la norma, está quebrantando un derecho ajeno y, por consiguiente, causa desequilibrio social. Este equilibrio se da en la medida en que todos los miembros de una comunidad tienen igual oportunidad de acceder a los bienes y servicios que ella ofrece, sin distinciones de etnia, credo, sexo, origen o estrato. Por ello, cuando esta oportunidad es menoscabada, bien porque no se reconocen los derechos de unos o de algunos, o porque se violan, debe surgir, entonces, alguien que contribuya a restablecer el equilibrio perdido. El supuesto es que esta función es competencia del gobierno y sus agentes, pero cuando no se cumple, compete a alguien de la comunidad asumir dicha representación y ejercerla de modo tal que restituya el derecho menoscabado o perdido. Aquí surge el liderazgo social el cual tiende a restablecer y ampliar la vida de la comunidad integrando a quienes habían sido extrañados de ella.

Desde el punto de vista psicológico, los mecanismos que más intervienen en el ejercicio del liderazgo social son los de identificación y proyección. El primero permite que los seguidores asuman como propias las cualidades del líder en tanto que este representa la posibilidad de restablecer sus derechos y anhelos. A veces, reviste el carácter misionero y los seguidores lo dotan de cualidades imaginarias y cuasi-mágicas que facilitan la concepción mítica del liderazgo; se genera, de este modo, una proyección positiva, en tanto que el líder parece estar dotado, por sus cualidades y aptitudes, de la capacidad para hacer o realizar aquello que sus seguidores querrían hacer pero que no son capaces por sí solos.

Al liderazgo social concurren, de una manera casi gestáltica y mítica, las aspiraciones profundas de igualdad de una comunidad, grupo o nación y el liderazgo lo será tanto en cuanto pueda resolver parcial o totalmente esta aspiración.

Si observamos bien, el liderazgo social puede representar, del mismo modo, a grupos y comunidades pequeñas como a comunidades mayores e incluso al concierto grande de naciones agrupadas estas bajo la necesidad de proteger el medio ambiente, por ejemplo, o los derechos humanos o políticos, a lo largo y ancho  de todo el orbe.

Pareciera que en las organizaciones donde trabaja el ser humano, el liderazgo social no fuese una necesidad y que, por el contrario, fueran proclives, exclusivamente, al ejercicio del liderazgo técnico o profesional. Aunque lo anterior se observa en muchas empresas y con ello cierran el paso al ejercicio de la creatividad y a la democracia institucional, no es menos válido que cuando la gerencia no atiende debidamente las necesidades sociales y economicas de los trabajadores surge el sindicato, impulsado por alguien que lo lidera, para buscar reivindicar los derechos perdidos. El liderazgo social está, pues, presente, en forma abierta o soterrada, al interior de las organizaciones donde trabaja el hombre.

Si lo entendemos bien, un liderazgo social bien administrado, al interior de la empresa, significaría que en ella se afirman procesos democráticos de dirección y participación distribuidos equitativamente entre los miembros a lo largo de toda la estructura y que la empresa reconoce al trabajador no sólo como ser biológico sino, también, como ser social que trasciende la naturaleza técnica o instrumental del puesto o cargo que desempeña.

Sería, sin duda, un avance evolutivo si la empresa pone esfuerzo en comprender y promover al hombre como ser social y estructura, en consecuencia los principios, las políticas, normas y objetivos para satisfacer, a su escala, las necesidades y expectativas derivadas de dicha comprensión. Aquí estaría la empresa jugando un rol de institución social, además de económica, y compartiría con el gobierno la responsabilidad que a este último, tradicionalmente, se le ha señalado. Significaría, también, que a todo jefe en la empresa, se le mida y valore no sólo por los rendimientos económicos que genere, sino también por la solución sana de los conflictos en su área y por el incremento de madurez en las decisiones que afectan a sus colaboradores y a la empresa en general. Esto lo podemos llamar rendimiento social.

Este blog nace del deseo de compartir con un público más amplio mis inquietudes acerca de la formación del líder. Considero que hoy día dicha formación está siendo manoseada y manipulada por toda clase de agentes de la publicidad y del poder con el objeto de ubicar en la sociedad y en las empresas personas adocenadas y sustentadoras de fines puramente económicos que no resuelven la totalidad y diversidad de las profundas inquietudes humanas. Considero que la formación del líder debe incluir variables provenientes de muchas fuentes, especialmente de las ciencias sociales y humanas, al igual que del arte y de la filosofía, sin excluir la practicidad de las funciones propiamente administrativas. El fin primordial de dicha formación debe ser dotar a los estudiantes de una conciencia de servicio y una capacidad de fertilizar el ámbito social generando tolerancia, convivencia y armonía.

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