La sociedad es el escenario macro donde se debate el ejercicio del liderazgo. Es la arena donde confluyen intereses de diverso orden ante los cuales el líder debe responder. Más específicamente, en la sociedad es donde se dirimen las reales inquietudes del grupo o institución que el líder representa. Por ello la sociedad es el escenario de lo político en donde al vaivén del manejo de la influencia y del poder, como también del ejercicio democrático de los derechos y deberes de los ciudadanos, se logran conquistas que satisfacen a una porción representativa de miembros de ella.
En la sociedad vive el hombre y en ella procura su desarrollo, el cual es amplio o insuficiente según la escala evolutiva de la misma sociedad. Hay sociedades que deprimen al hombre y hay sociedades que enaltecen su valor creando circunstancias para su desarrollo. Puede haber sociedades con una visión pobre del ser humano y, como consecuencia, las instituciones creadas para su funcionamiento son pobres en su concepción, no operan, o son manipuladoras del hombre.
El hombre difícilmente puede vivir al margen de la sociedad: aquella agrupación menor o mayor en donde se desarrolla, en la que existen pautas de comportamiento, normas aceptadas de organización y canales definidos para el logro de sus intereses y anhelos. La sociedad en gran parte define al hombre y construye en él una dimensión realmente humana o una pobre caricatura de lo que él puede ser.
La sociedad como sistema se compone por tres subsistemas que, si actúan en interdependencia y con autonomía, pueden crear excelentes condiciones para el desarrollo de todos sus miembros. Esos subsistemas son el económico, el jurídico-político, y el cultural.
Para un liderazgo eficaz, al igual que para la formación del ser humano, es importante la comprensión de la sociedad como un todo integrado, como un gran sistema, ya que ello le permitirá al líder ejercer las funciones de liderazgo de modo tal que con su acción contribuya a mantener la armonía en el conjunto a pesar de que el efecto neto se vea sólo en una de sus esferas. Los subsistemas que conforman la sociedad son autónomos, interdependientes y necesarios para el desarrollo equilibrado de la misma. Cada uno de ellos hace referencia al hombre de diferente manera, requiere un ámbito adecuado para su desarrollo y responde de manera específica al crecimiento, desarrollo y evolución del hombre y la sociedad. La Figura 1 representa la triple constitución de la sociedad y el ámbito propio para el desarrollo de cada uno de sus constitutivos.

Los subsistemas a que hacemos referencia son pues:
- El Subsistema Económico
- El Subsistema Jurídico-Político
- El Subsistema Cultural
Subsistema Económico
Constituye la producción de bienes y servicios para satisfacer las necesidades del ser humano; maneja, por consiguiente, bienes materiales que debe poner en circulación para que a ellos accedan todos los hombres fraternalmente. La vida económica no debe subyugar la vida cultural determinando las realizaciones del hombre ni su formación; debe estar al servicio de la cultura pero no imponer condiciones para servirla.
Consistente en la producción de bienes y servicios, se apoya esta en la base natural que posee un país o región y, a partir de la transformación y comercialización de su materia prima, genera, con el libre concurso de las aptitudes y capacidades del hombre, productos que entran al círculo de la distribución y el consumo, otorgándosele en dicho mercado el precio correspondiente.
El ciclo económico está constituido por la producción, distribución y consumo siendo, actualmente, los intereses de estos sectores antagónicos, pues, por lo general se persigue el beneficio de uno en detrimento de los restantes. Es, por lo tanto, necesario, regular dichas funciones con la participación de los tres sectores a través del libre intercambio de ideas propias del razonar humano. Solo una relación fraternal de la economía en lugar de una relación de dominio del más fuerte, característica de hoy día, puede facilitar que la economía sirva al hombre y no lo convierta en su esclavo.
El punto débil en esta cadena es el consumidor que por lo general carece de representación ante los gremios económicos. El estado asume su representación pero no siempre en forma justa, mucho más si los gobernantes o políticos tiene intereses comprometidos en los resultados de la economía. Pero indudablemente es función de la esfera jurídico-política defender al ciudadano de las arbitrariedades del sector económico y por ello el poder legislativo, el ejecutivo, y el judicial tienen específicas funciones en relación con ello.
Algo importante a considerar en la esfera económica es el aspecto trabajo y las distorsiones con que se ha manejado este concepto con consecuentes resultados.
Cuando el ser humano trabaja está aplicando sus aptitudes y capacidades: todo ello produce un resultado que se objetiva en un producto que se integra al ciclo económico y allí recibe su precio, su uso y utilidad. Las distorsiones han surgido cuando empezó a verse el trabajo como equivalente al producto, y al hombre que realiza el trabajo similar al producto, lo que lleva a valorar al hombre por lo que produce y no por el esfuerzo, energía y capacidad que aplica al trabajo.
Vamos pues, a diferenciar un poco: cuando el ser humano trabaja está aplicando a dicha tarea sus capacidades y aptitudes, aquellas que lo distinguen y singularizan, que pueden ser más o menos valoradas dentro de un mercado pero que difícilmente se pueden ponderar justamente. Cuando un ser humano trabaja aplica a dicho trabajo algo que proviene de su ser esencial: su dotación biológica, psicológica y espiritual: Al hacerlo, el mismo se está usando y gastando, es la vida misma la que se está agotando en cada tarea y esfuerzo, y como medirla?, sopesarla?, valorarla? , mucho más cuando la labor que se realiza no satisface el anhelo de desarrollo que posee el ser humano. Cuando hay compatibilidad con la tarea por lo menos se consigue que el trabajo no sea una carga ni produzca malestar.
Aquello que el hombre usa al trabajar debe darse en una relación libre y no necesariamente contractual, por lo tanto no puede ser objeto de compraventa; de este modo el salario no debería ser una retribución cuantitativa a algo que es eminentemente cualitativo. El trabajo por lo tanto debería divorciarse del salario y favorecer que el hombre encuentre cada vez más la fuente de su motivación para el trabajo en el trabajo mismo.
Hay un justo derecho a que la economía sirva a la satisfacción de las reales necesidades humanas y hay un justo derecho también a que la economía, organizada a través de la producción, le permita al hombre los medios para satisfacer sus necesidades primarias; pero también es producto de la libre y desarrollada conciencia del hombre y de la sociedad darle un marco más específico y austero a las necesidades que le permitan al hombre avanzar como organismo biológico, psicológico y espiritual dentro de la sociedad.
El papel de la economía es producir bienes y servicios para satisfacer las necesidades de los hombres, y una necesidad del hombre es educarse, como también alimentarse y vestirse. El otro papel es el de generar recursos económicos con los que se pueden producir esos bienes y servicios que pueden producir el necesario intercambio entre una materia inanimada (la moneda) y el servicio (animado por el que lo presta) para producir el efecto deseado: la satisfacción de las necesidades del hombre.
La economía debe estar al servicio del hombre, de sus más auténticas y reales necesidades. Es una función de servicio que reconoce que hay elementales y también superiores necesidades en todos los seres humanos, pero que su satisfacción depende de los recursos materiales de que se dispongan, de la capacidad adquisitiva, de la riqueza del suelo y del subsuelo, la flora y la fauna, es decir de la riqueza de la naturaleza del territorio en que viva el hombre. Como estos recursos no están distribuidos por igual en todo el planeta corresponde a la economía ponerlos en circulación en forma fraterna, considerando que aquellos que no los tienen también los necesitan, pero que para obtenerlos no deben ser víctimas de extorsión a su cultura, a sus proyecciones, o a su propio destino. La economía debe estar al servicio del hombre y no de unos hombres en particular, o de unas naciones o de unas ideologías específicas.
Es, por tanto, función de la economía, crear las condiciones necesarias para que a la educación accedan los hombres sin distinción de ningún género: Esas condiciones se entienden como la de generar recursos, poner el capital al servicio de ese propósito y entregarlo sin exigencias dolosas a quienes tienen responsabilidad por la cultura y el progreso humano de los pueblos. En este caso las instituciones educativas deben tener autonomía y libertad para dar respuestas significativas a las necesidades formativas del hombre y de los pueblos. El profesor por consiguiente debe actuar en libertad para desarrollar su iniciativa pedagógica, siguiendo siempre su mejor criterio. La economía por lo tanto debe sostener la educación y no interferir en los criterios y modos pedagógicos y curriculares. Es una forma también de propiciar la participación de profesores y padres en el hecho educativo.
Para todo lo anterior son necesarias las asociaciones que desde el punto de vista económico ponen en circulación bienes de capital para educar al hombre sin intervención en la dirección de la parte académica ni en la administrativa de la escuela o entidad educativa; respetan por lo tanto la autonomía y el desarrollo de las aptitudes y capacidades que pertenecen a la esfera cultural.
La educación no es una empresa comercial pues en los tratos comerciales todo producto se vende por un precio. En educación, la operación básica es una donación reciproca: la institución educativa hace su oferta y a cambio, por donaciones, becas, aportes de fundadores, del gobierno, etc., unos ofrecerán una cantidad y, otros, otra. Por otra parte en la esfera económica el regalar bienes significa tener menos, y en la esfera cultural el compartir e impartir enseñanza aumenta el capital cultural y espiritual. El concepto de precio también está fuera de lugar en lo que se refiere al proceso educativo.
Subsistema Jurídico-Político
Esta esfera se ocupa de las relaciones entre seres humanos de acuerdo a conciencia de derecho. Un aspecto constitutivo de esta esfera es la igualdad entre los hombres, basada en los aspectos esenciales de su ser.
El papel del estado es hacer valer y preservar este concepto de igualdad para lo cual legisla, juzga y ejecuta con conciencia de derecho sobre aquellos aspectos de las relaciones entre los hombres que les permiten un crecimiento y desarrollo armónico dentro de una sociedad. La igualdad de todos ante la ley es, pues, el principio básico de un estado constitucional.
La esfera jurídico-política se ocupa de aquellos aspectos de la vida económica y cultural que son necesarios reglamentar y procedimentar para que el hombre pueda hacer un justo uso de ellos. De este modo, los hombres que se relacionan por lo económico necesitan tener conciencia de derecho y, en lo legal, deben guiarse por esa conciencia y no por intereses económicos. Del mismo modo, en la esfera de la cultura, producto de las libres y creativas capacidades del hombre, es necesario establecer el campo de derechos y deberes de las instituciones y de los hombres en el interjuego del desarrollo, orientando la expresión de las aptitudes y capacidades del ser humano.
Es la conciencia del derecho apoyada en los elementos constitutivos del ser del hombre lo que permite que, en un plano de igualdad, los hombres comparezcan ante la ley, asumiendo deberes y responsabilidades, independiente de sus credos, política, sexo, nación o raza.
Cuando un educador se relaciona con un alumno, lo debe hacer con la convicción de que hay algo específico en la relación y es que él tiene un deber para con el alumno y este tiene un derecho y, además, debe realizar su acción pedagógica en termino de libertad y conciencia.
Es importante pues, observar, que en el organismo social no se da una relación excluyente en las distintas esferas, sino que cada esfera contiene aspectos de las dos restantes. Es necesario diferenciarlas y atenderlas.
En la economía, le corresponde al estado defender los derechos del consumidor ya que es quien menos representación tiene en los organismos o asociaciones de la producción. Debe generarse como acción educativa la posibilidad de que este sector este más capacitado para ejercer por sí mismo su representación, y cuando ella no fuese posible, el estado debe representarlo justamente.
En las sociedades donde se diferencia claramente y se respeta la función específica de cada esfera, se puede partir de allí para cualquier reforma social, y en aquellas sociedades donde esta claridad este perdida solo cabe a la iniciativa de individuos o grupos la reforma social. El derecho puede impedir que la economía agote al hombre y le procure una existencia no digna de él.
Subsistema Cultural
Esta esfera se fundamenta en aquello que el ser humano posee como dote o capacidad y que pertenece a la triple estructura de su composición: lo físico, lo psicológico y lo espiritual. Está conformada por las realizaciones del ser humano a partir de la expresión libre de sus capacidades y aptitudes
Al ser educado el hombre pone a disposición lo universal y lo individual que lo distingue y lo somete a un proceso educativo para ser modelado, armonizado en orden a realizar dichos potenciales en el sentido de su propio desarrollo y el de la comunidad en la que vive. Con la educación se trabaja con lo más perenne que posee el hombre y todas las acciones pedagógicas deben orientarse a realizar lo evolutivo del ser humano.
Las dotes o capacidades que posea cada ser humano es lo que lo singulariza y diferencia de los demás, Ellas requieren la ayuda de alguien que facilite su expresión y que en un ámbito de libertad favorezca el crecimiento y desarrollo del individuo en el límite que sus capacidades y potenciales le permitan. Debe haber pues, una ambiente de libertad para que el hombre pueda expandir su espíritu, su creatividad.
A las organizaciones de la cultura corresponde propiciar el desarrollo libre de las capacidades humanas, y a la esfera jurídica le corresponde la creación de las condiciones justas y legales en que este proceso educativo tenga manifestación. Del mismo modo a las organizaciones de la economía corresponde generar las condiciones materiales para que el proceso educativo se realice sin condicionamientos ni menoscabar el área de influencia propia de la vida cultural.
La educación pública es, por lo general, politizada, pero, en la democracia, la política debiera interesarse no por cuestiones intelectuales y del espíritu, propio de la esfera de la cultura, sino por el establecimiento de relaciones justas entre ciudadanos y la protección de la vida común.
El estado debe garantizar que todos los ciudadanos accedan a la educación actuando como regulador o igualador entre los hombres; para ello legisla y hace ejecutar, pero no es su función determinar prioridades al margen del ser humano pues este es, precisamente, el prioritario.
La esfera económica, por otra parte, debe poner al servicio de la educación las condiciones materiales necesarias para que esta se realice sin ser constreñida, ni condicionando la aplicación de los recursos económicos a determinados aspectos de la cultura. Se ve, pues, que mientras el estado a través de sus mecanismos, sienta una base de igualdad entre los hombres y promulga que los bienes de la economía deben servir a todos por igual, la economía debe ponerlos en circulación fraternal entre los hombres. De este modo es posible realizar la función del organismo social.
Aquello que es resultado de la libre creatividad del hombre pertenece a la esfera cultural, como también pertenecen a ella las instituciones que fomentan el desarrollo dela cultura: universidades, colegios, escuelas, institutos de capacitación, centros de formación, oficinas de capacitación, etc., las instituciones educativas formales y no formales en diferentes niveles y, en general, todas las organizaciones e instituciones que propenden por un mejoramiento y desarrollo del hombre a partir de acciones educativas.
Educación es la palabra que recoge con mayor plenitud lo que se pretende en la esfera cultural, pues solo ella puede potenciar lo latente en el ser humano. Visto así, los hombres pueden estar relacionados por una necesidad económica y se intercambian servicios y bienes; por un vínculo contractual y son sujetos de derechos y deberes, y pueden relacionarse pedagógicamente si hay alguien que sabiendo, done su saber a aquel que lo necesita. Es en la esfera cultural donde prima la capacidad de donar pues todo conocimiento debe estar al servicio del hombre y debe entregarse en función de su desarrollo y evolución que, al final, es el desarrollo y evolución de la especie humana.
A las instituciones de la cultura corresponde en consecuencia, actuar en un margen amplio de autonomía y libertad para producir aquellas acciones educativas y pedagógicas que sean útiles a la evolución del hombre. De allí surge la necesidad de que las instituciones educativas sean autogobernadas, donde cada uno de sus miembros participe en el proceso de crecimiento dentro de las diversas funciones que se desempeñan en la institución, donde haya rotación en los cargos y no se entregue la dirección a agentes externos provenientes de la esfera económica o de la jurídico-política. Son los mismos educadores los que deben estar en capacidad de manejar la educación y son ellos los responsables de contribuir al desarrollo de la cultura a través de su hacer libre y autónomo.
En educación, el educador está trabajando con las aptitudes y potenciales del educando y está aportando su propia capacidad para ejercer un impulso creativo en el alumno. Todo lo que este encuentro produce pertenece a lo más esencial de cada uno, pero al educador por ser adulto y ejercer el papel de guía y/o autoridad le compete saber más de sí mismo y, como consecuencia, saber mucho más del alumno para orientar sus esfuerzos pedagógicos al libre crecimiento y desarrollo de la personalidad de este. Esta relación está al margen de cualquier transacción comercial y si no se da en el marco de la libertad y respeto mutuos, no hay desarrollo de ninguno de los dos.
Solo la educación expresada a través de una relación libre en la que la libertad consciente y manifiesta del educador y la libertad en potencia del alumno pueda generar el intercambio cualitativo de sus propias capacidades, solo esa educación puede contribuir a que el hombre crezca armónico, maduro y pueda encontrar su papel y función en el organismo social.
En el campo de la economía lo que produce el hombre es derivado de la esfera de la cultura; es la expresión de sus capacidades que son plasmadas en un producto que luego se convierte en mercancía y se pone en circulación para llegar al consumidor. Es necesario enfatizar que lo que produce el hombre puede ser manejado económicamente en múltiples formas y valores, pero aquello con lo que lo ha producido no pertenece a la economía sino al hombre mismo y, en sentido general, a la esfera cultural.
Las necesidades que suple la economía se fundamentan en la estructura biológica del hombre, y las que satisface la educación y la cultura surgen de las profundidades de su ser, de su espíritu. La vida del espíritu del hombre solo puede evolucionar si se le deja seguir sus propios impulsos creadores. Por ello cuando el hombre hace un trabajo es difícil valorarlo económicamente pues aquello que él gasta al hacerlo, y que podríamos concebir como espíritu gastado, no es posible de pesar, medir, cuantificar; pertenece al orden de lo intangible e insustancial. De todo lo anterior se concluye la dificultad que se presenta para valorar el trabajo humano y asignarle un valor comercial. Ello se ha resuelto por convenciones sociales pero ha dejado a un lado el meollo del problema.
A todo educador desde el jardín de niños hasta la universidad se le debería permitir desarrollar y expresar su iniciativa pedagógica y sus métodos basados en sus intuiciones libremente adquiridas y siguiendo siempre su mejor criterio.
Solo una educación realmente libre puede realizar en el hombre las mejores cualidades de su ser y solo el aporte libre de esas capacidades y aptitudes a una tarea puede realizar en el hombre lo mejor a través de un trabajo congruente con su ser.
Educación libre, sin egoísmo, no competitiva, puede desembocar en mayor espíritu de servicio y de colaboración y no en una carrera loca por el enriquecimiento individual a costa de los más rezagados.
Educación libre también significa que no hay un criterio externo que se le pueda imponer al hombre y mucho menos cuando ese criterio solo responde a la imagen caricaturesca que se tiene de él. Es necesario entonces, revisar continuamente los métodos, las didácticas, los currículos para no fijar un esquema inmutable del hombre; pero esencialmente hay que saber primero del hombre para captar lo que es educable y lo que es entrenable en él.
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