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Autobiografía y conocimiento de si mismo

Erich Fromm (1969) dice que uno muere sin haber nacido completamente y se refiere a ello como el proceso de despliegue de las facultades humanas y la adquisición de un buen conocimiento de sí mismo a lo largo de la vida que queda, por lo general, corto ante la inminencia de la muerte. Parecería entonces que dicho conocimiento está relegado a los ancianos, a quienes tienen tiempo histórico para poder hacer memoria y recordar. Parecería, de nuevo, que al ser humano le cuesta saber de si mismo porque teme enfrentarse a ese proceso en el que el yo habla y descubre las  cimas y caídas del ser, o porque no tiene metodología y el proceso se hace arduo, difícil y poco prometedor, o mejor aún, porque la educación no ha habilitado al ser humano para bucear en su interior y construir pilares sólidos, sin falacias ni mentiras que sostengan y edifiquen su futuro. De aquí la importancia de la autobiografía como ejercicio constante a lo largo de la vida.

Se necesita valor personal para enfrentarse al descubrimiento de sí mismo y, en ocasiones, es difícil acceder a ese yo que realmente somos, precisamente porque cuando más se expresa está activo y es casi imposible capturarlo y pensarlo en la actividad.

El trabajo autobiográfico requiere sinceridad con uno mismo, rechazar el auto engaño, la mentira y el auto consentimiento. Es desnudar el ser para reconocer la tendencia personal predominante, manifiesta a través de sus logros e infortunios, aciertos y errores. En la juventud, la autobiografía puede asimilarse al diario, ese espacio literario en el que el joven se revela y se descubre a sí mismo, pero se guarda y oculta al conocimiento de los demás. El diario es íntimo y secreto y el joven no quiere hacer público lo que considera íntimo y personal.

Trabajar conscientemente en la propia biografía hace surgir en nosotros una comprensión por la biografía del otro, y nos ayuda a construir nuevos puentes de comunicación hacia él [(Burkhard, (2008,12)]. Por otra parte, un trabajo autobiográfico requiere una ética personal que dé parámetros al narrador para ser honesto y justo consigo mismo, para no mentirse ni engañarse, pero sobre todo, una ética social y humana que conlleve un cuadro sincero y veraz de la participación de los diferentes actores que aparecen en el escenario de la vida del narrador. Aquí cabe el interrogante, ¿si no me conozco a mí mismo cómo puedo conocer a los demás?, ¿cómo ser justo con las contribuciones de los demás a la construcción de mi vida personal? Quizá en la autobiografía lo más que puedo es ser justo conmigo mismo, y ya que no conozco todos los hilos intrincados de las concurrencias que se manifiestan en mi vida debo ser cauto, muy cauto, en juzgar las actuaciones de los demás. Debo ser un narrador de hechos, muy sincero en la expresión de sentimientos, pensamientos y acciones que concurren en ellos, pero en cuanto a la participación de los demás, debo ser veraz y fiel en los hechos observados o conocidos, pero muy cauto, prudente y justo en las apreciaciones o juicios subjetivos.

Schottelndreier (1990) señala que en  el trabajo auto biográfico uno puede empezar por lo externo y lo distante para llegar, poco a poco, a lo interno, lo cercano y lo presente; sin embargo tanto en lo distante como en lo cercano estoy yo presente como recuerdo y evocación, como semblanza e imagen nebulosa, como figura con contornos definidos o imprecisos. Lograr la nitidez de mi participación en experiencias pasadas o presentes es ir aumentando en conocimiento de mí mismo, en consciencia; por ello la autobiografía se convierte poco a poco en egografía, o sea, la forma en que mi ego ha ido interviniendo en todos los momentos de mi vida.

La autobiografía suele empezar por un origen, un nacimiento en un entorno específico: casa, hogar, territorio y vecindario, escuela y experiencias que rodearon algunos hechos de la vida personal; a ellas se suman, posteriormente, las etiquetas con que las diversas funciones, papeles y roles me empezaron a identificar. Todo lo anterior es externo y sólo cuando me introduzco en la zona de sentimientos y emociones, respuestas y percepciones, visión del mundo y actuaciones, empiezo a develarme cual soy y he sido, y aparecen las caracterizaciones de mi ego y todas las acciones y comportamientos a que él nos conduce.

Probablemente, hacer trabajo auto biográfico no implique cambios personales grandes de inmediato, pero si se hace honestamente, el auto conocimiento que se obtiene conduce a replanteamientos, nuevas posturas y modificaciones perceptivas de algunas variables comportamentales que se posean. A la larga, el proceso de auto conocimiento, si es una preocupación constante, lleva a la superación de disfunciones del carácter y del temperamento y se traduce en nuevas actitudes y posturas ante la vida, los hechos y las personas. Es decir, el resultado neto del trabajo auto biográfico es el incremento de conocimiento acerca de quién y qué realmente soy y, como consecuencia, definir y planear metas de superación para lo cual es posible que me baste a mí mismo o deba de apoyarme en la ayuda amistosa o profesional de alguien. Sin embargo, el trabajo autobiográfico no pretende tener carácter psicoanalítico ni sondear, con términos y métodos propios de la labor profesional de psicólogos o psiquiatras, nuestra propia identidad. Si queda algo que pertenezca al campo psicoterapéutico es decisión de la persona recurrir o no a la ayuda.

Algunas recomendaciones para realizar el trabajo autobiográfico

Un trabajo autobiográfico debe arrancar desde el pasado pasando por el presente y anticipándose al futuro; el pasado importa pero no debemos depender únicamente de él; debemos pensar que su tendencia puede cambiar y procurar orientar los esfuerzos reales hacia el futuro deseado.

Es necesario al iniciar un trabajo autobiográfico crear distancia entre nosotros y nuestra vida con el propósito de ser objetivos en su percepción y transcripción; también es importante tener un grado alto de responsabilidad para con nosotros mismos y nuestra biografía.

A través del proceso es valioso identificar cuáles de los hechos y situaciones se debieron a sí mismos, a los demás y al contexto, y cuánto nos marcó una experiencia previa.

El trabajo autobiográfico debe conducir a una conciliación del pasado con el presente, a ser realistas con el presente y a preanunciar lógica e intuitivamente el futuro.

Un buen trabajo autobiográfico debe conducir al sentido de la vida personal, la misión personal y los valores máximos que son irrenunciables. En el proceso debemos reconocer las diferentes etapas de desarrollo por las que pasó el individuo, identificar la línea conductora de todos los procesos y el carácter subyacente en las acciones. Si se logra un buen trabajo autobiográfico nos daremos cuenta del proceso personal de transformación que vamos teniendo.

Con respecto al pasado es necesario lograr una comprensión que va más allá de la intelección y que conduce a hallar nexos causales, y sentido, en los hechos que nos acaecieron. Sólo si tenemos comprensión podemos llegar a reconciliarnos con el pasado aceptándolo tal como fue pero develando los hilos conductores y el verdadero sentido para nuestra vida presente.

Con respecto al presente es necesario encontrar una relación emocional correcta, dado que el presente está a la mano y estamos implicados íntegramente con él. Las distorsiones emocionales producto de equivocadas percepciones conducen a respuestas erróneas y mantienen el ciclo vicioso del comportamiento. Llegar a percibir y expresar la emoción adecuada en relación con los hechos y circunstancias que nos rodean es signo ya de un distanciamiento constructivo con respecto a los mismos.

Con respecto al futuro es importante descifrar qué es lo que realmente queremos, qué es lo que verdaderamente podría inflamar nuestro entusiasmo. Para ello la intuición es importante puesto que ella es creativa y abre nuevas posibilidades y alternativas de acción y de logro.

Con respecto al pasado basta la memoria, la evocación; con respecto al presente es conveniente el sometimiento estricto a los hechos y situaciones; y respecto al futuro es conveniente la apertura emocional y espiritual para entrever lo que él nos reserva o lo que en el fondo estamos construyendo.

Cuando allegamos una gama amplia de datos e informaciones provenientes de diferentes fuentes sobre nuestro pasado, es posible hallar una línea conductora que integra y relaciona toda la información; así podemos encontrar uno o varios  patrones que organizan y orientan nuestras vidas.

Lo importante en el proceso, es el desarrollo de sensibilidad para los eventos realmente importantes de nuestra vida, sobre todo, aquellos donde realmente se presentó un cambio de rumbo.

Una adecuada reconciliación con el pasado significa reconocerlo, aceptarlo, dimensionarlo en su justa medida y entender, además, que ya no hay nada que hacer y que hay que seguir adelante.

Cuando en el trabajo biográfico nos relacionamos con el presente es importante considerar que, con respecto a él, nos hallamos emocionalmente ligados en el aquí y en el ahora. Reconocer la emoción es importante y establecer la adecuada emoción es más importante todavía. Debemos evitar traer nuestras emociones del pasado al presente porque significa una continuidad que puede viciar nuestra percepción del mismo.

Al poner atención en el futuro el panorama cambia de plano. Ya no es lo que ocurrió o lo que ocurre, sino lo que se está anunciando, lo que viene, lo importante. Es un balance en el que colocamos débitos y créditos y sabemos con qué contar y, además, percibir sutilmente la anunciación de lo que viene. Hay que tener en cuenta que consciente o inconscientemente nuestras decisiones son influidas por nuestro sentido del futuro. Hasta cierto punto, es la voluntad intuitiva la que observa el futuro y lo anticipa, no la razón; son nuestros deseos, aspiraciones, ambiciones, nuestros propósitos, los que orientan el comportamiento; de otro modo seriamos siempre conducidos o determinados por nuestro pasado funcionando como una computadora. Para la previsión del futuro debemos ser muy honestos y preguntarnos qué es lo que realmente queremos hacer y si ello encaja o no con nuestra biografía. Debemos ser atentos a nosotros mismos y a aquellas cosas que deberíamos estar haciendo, a los desafíos que ello implica.

Al trabajar hacia el futuro debemos ser conscientes que ya tenemos un patrimonio ganado y que en adelante lo debemos administrar responsablemente. Surge aquí un escenario ético y moral que trasciende las inconsciencias del pasado y del presente y que procura construir la mejor forma de la persona en el futuro: su ideal. Al individuo le cabe aquí el diseño de un futuro determinado por el pasado o un futuro totalmente independiente del mismo, pero la realidad biográfica se encuentra entre los dos. Es necesario, pues, un adecuado balance entre estas dos demandas.

Al hacer decisiones con respecto al futuro debemos observar que éste no puede ser pensado lógicamente porque no podemos forzar todas las consecuencias; tampoco lo podemos diseñar fantasiosamente porque caemos en una irrealidad total. Una historia que relata Ajaib Singh Ji, Maestro espiritual de la India (véase Singh, 1990), ilustra esto claramente. El dice:

Iba un señor hacia su casa y llevaba un cántaro lleno de leche, como este era pesado le pidió a un aldeano que se la llevara y le prometió cincuenta rupias (moneda de la India). El aldeano aceptó, subió el cántaro a su cabeza, montándolo en un rollo de tela que la sostenía y empezó su marcha hacia la casa del señor. Por el camino el aldeano empezó a pensar diciéndose internamente: “con las cincuenta rupias que me dan por llevar este cántaro de leche compraré una gallina la que pondrá muchos huevos y tendré muchos pollitos; cuando estos crezcan entonces los vendo y con la plata me compro una ternera la que con el tiempo crecerá y me dará muchas terneritas, las cuales crecerán y cuando las venda me compraré una casita. Cuando tenga la casita necesitaré quien la cuide y la adorne y entonces me casaré y tendré muchos hijos y todos ellos se acercarán a mí y me rodearán con sus besos y abrazos y me harán cosquillas y yo les diré que no”. Mientras esto pensaba, el aldeano empezó a reírse y a moverse, imaginando cómo le harían sus hijos y brincaba y movía su cabeza de un lado para otro hasta que se le cayó el cántaro y derramó toda la leche. Cuando esto sucedió el dueño de la leche lo increpó diciéndole: “idiota, has derramado mi leche, yo creí que eras más responsable, ahora no te daré ni una rupia ya que me has hecho perder toda la leche y has roto el cántaro, largo de aquí”. El aldeano temeroso y compungido sólo atinó a responder diciendo: “bueno, para usted sólo ha sido su leche y el cántaro lo que se perdió, pero yo he perdido todo: mis animales, mi casa, mi esposa y mis hijos, mi familia, todo se ha perdido”.

Al trabajar en un proceso autobiográfico debemos considerar que el yo es el elemento unificador e integrador y la plenitud del proceso se halla asegurada por la continua auto evaluación; por ello, cuando la escogencia ha sido hecha, es necesario preguntarse por lo que tiene que ocurrir para que sea llevada a cabo.


Referencias

  • Burkhard, Gudrum (2008): Tomar las riendas de la vida, Ed. Columba Limitada, Santiago de Chile p.p. 182
  • Fromm, Erich (1969): Etica y psicoanálisis, Fondo de cultura económica, México, p.p. 269
  • Schottelndreier, Jerry (1990): Life Patterns, Hawthorn Press, Bankfield House, 13 wallbridge, Stroud U.K., p.p. 41
  • Singh, Ajaib (1990): Arroyos en el desierto. Sant Bani Ashram, Bogotá. p.p. 461

Este blog nace del deseo de compartir con un público más amplio mis inquietudes acerca de la formación del líder. Considero que hoy día dicha formación está siendo manoseada y manipulada por toda clase de agentes de la publicidad y del poder con el objeto de ubicar en la sociedad y en las empresas personas adocenadas y sustentadoras de fines puramente económicos que no resuelven la totalidad y diversidad de las profundas inquietudes humanas. Considero que la formación del líder debe incluir variables provenientes de muchas fuentes, especialmente de las ciencias sociales y humanas, al igual que del arte y de la filosofía, sin excluir la practicidad de las funciones propiamente administrativas. El fin primordial de dicha formación debe ser dotar a los estudiantes de una conciencia de servicio y una capacidad de fertilizar el ámbito social generando tolerancia, convivencia y armonía.

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