La Autonomía como sustancia y razón de ser de la educación parece estar en crisis hoy día y algunos desean que perezca completamente, especialmente algunos sectores de la vida económica y equívocas comprensiones de algunos agentes de la vida política y social quienes juegan a su completa extinción. Sin autonomía no existe verdadera educación y sin ella la educación no puede, o está limitada para ejercer un verdadero liderazgo en la sociedad y propiciar la formación de líderes a través del proceso educativo; solo queda un remedo o caricatura de ella.
Para comprender mejor el sentido de la autonomía en la educación hemos de entender qué papel ocupa la educación en la sociedad.
La sociedad está constituida por tres esferas las cuales actúan en forma autónoma e interdependiente de modo tal que el ejercicio armónico de las tres contribuye a la madurez y al desarrollo de la sociedad total. Estas tres esferas son:
- La vida Económica,
- La vida Jurídico Social y
- La vida Cultural
La vida económica está constituida en primer lugar por la riqueza natural de una nación o país. A ella se integran todos los productos, los bienes y los servicios que el país o nación genera a través de la explotación de sus recursos, su transformación y la creación de riqueza.
La vida jurídica está constituida por las normas y leyes que regulan la relación entre los hombres. Pretende dar el carácter de ciudadano a todos los miembros de la sociedad permitiendo el acceso en igualdad de condiciones y oportunidades a los bienes y servicios que la sociedad ofrece. Su marco de actuación es el campo del derecho y la justicia que define la regulación armónica de los miembros de la sociedad.
La vida cultural está constituida por las aptitudes, habilidades y capacidades de la población representadas por artefactos, creaciones, invenciones y en general las diferentes expresiones de las ideas y pensamientos de los miembros de la sociedad.
Cada una de las esferas anteriores tiene un ámbito propio de desarrollo, sin el cual difícilmente podrá ejercer su función armonizadora dentro de la sociedad.
A la vida económica le corresponde un ámbito propio de solidaridad, de fraternidad, de modo que los frutos de la economía, especialmente aquellos que contribuyen a sostener la vida biológica, puedan ser distribuidos en forma tal que cada ciudadano pueda acceder a ellos. Es una relación fraternal en la que se considera que todos los seres humanos tienen igual necesidad de perpetuar y mantener su vida biológica. Para los bienes sociales y suntuarios debe haber la suficiente oportunidad de ascenso en la escala social y económica para que todos los ciudadanos accedan sin distingos de raza, sexo, credo o cualquier otra supuesta distinción.
Con relación a la vida jurídica el ámbito propio de su desarrollo es la consideración de que todos los seres humanos somos iguales ante la ley y que solamente manteniendo ese equilibrio se podrá dar validez a los derechos y los deberes de toda la comunidad. Cuando esa relación de igualdad y equilibrio se rompe surgen entonces los conflictos y los atropellos que obvio, deben ser regulados igualmente por la aplicación de la norma o ley que los ampara.
Respecto a la vida cultural el ámbito propio de desarrollo es la libertad, entendiendo que solo en ese ámbito pueden florecer las aptitudes, las capacidades y la creatividad de las personas; de otro modo las ideas, los pensamientos, las innovaciones, serán limitadas y constreñidas a los intereses de algunos sectores de la vida social.
Como principio entendamos que la educación pertenece a la vida de la cultura, la cual solo se desarrolla si existe la suficiente libertad para recrear, afirmar y consolidar el conocimiento.
Remitiéndonos específicamente a la educación superior entendemos las funciones básicas de la universidad como las de investigar el conocimiento, formar al hombre y servir a la sociedad.
Como se puede observar, para que estas tres funciones de la universidad se realicen, deben ser llevadas a cabo en un marco pleno de libertad y eso es lo que constituye la autonomía de la educación y por ende el escenario para un verdadero ejercicio de liderazgo en la sociedad.
Se debe investigar el conocimiento en forma libre, se debe formar al hombre en libertad y para la libertad y se debe servir a la sociedad libremente.
Estas tres funciones no deben ser coartadas, ni limitadas ni determinadas por agentes externos a la misma educación: les compete su dirección y ejercicio a aquellos que realizan la educación: los docentes, los académicos.
Como profesor, se debe tener, pues, libertad para investigar, para seguir los propios intereses y paradigmas, para ir adentro de las cosas y descubrirlas. Igualmente se debe tener libertad para relacionarse con el alumno, para dar el fruto del saber, en forma libre, a un alumno que lo acepta libremente. Todo saber que se adquiere libremente, en el marco de una relación respetuosa, se atesora y acrecienta por la madurez y la complementariedad lograda a través de los años; es el fruto maduro y sazonado que puede ser entregado a otros como los frutos de los arboles. Este saber no puede ser instrumental, manipulador ni artificial; está orientado al desarrollo del individuo cualquiera sea su carácter.
De todo lo anterior podemos entender que la relación profesor alumno es una relación de desarrollo en la que ambos crecen y maduran con el fruto de su encuentro. Es una relación pedagógica que es a su vez una relación de liderazgo.
Autonomía es capacidad de darse nombre a sí mismo, de elegir lo que corresponde al mejor desarrollo de sí mismo y como consecuencia a lo humano individual y social. Exige como consecuencia comprensión universal y sentido del todo, independencia y capacidad de criterio para elegir lo correcto. Sin autonomía no se puede ejercer influencia ni soberanía, se es dependiente y sumiso y los demás son los que otorgan el nombre y el uso de las capacidades y poderes que el hombre y las instituciones de por si poseen.
La autonomía ha sido socavada permanentemente, especialmente por sectores de la vida económica que quieren privilegiar el desarrollo de saberes específicos compatibles con visiones específicas de desarrollo. En la época actual la visión moderna de competitividad, productividad e innovación que tanto afana a los países desarrollados y que se impone a los restantes es una espada de Damocles sobre el quehacer universitario. Por otro lado algunos sectores de la vida política consideran el sector educativo como un fortín para optimizar votos a través de la distribución de puestos y empleos.
La autonomía en la educación no debe privilegiar saberes específicos en detrimento de la universalidad y de la diversidad de la educación. Función de la economía es entregar parte de su riqueza al fomento del libre desarrollo de las aptitudes y capacidades de la población; por lo tanto la economía no debe constreñir el aporte de sus recursos a privilegiar algunos saberes específicos consecuentes con visiones específicas de desarrollo.
Por otra parte la función de la esfera política y jurídica es regular de modo tal que el derecho de los ciudadanos a la educación sea respetado y facilitado a través de recursos económicos que permitan su desarrollo: tiene si, una función vigilante para que la educación cumpla sus fines y misiones en el marco respetuoso de la ley y sus derechos.
Por último, si entendemos los fines de la educación ligados a funciones y misiones de la universidad, vemos que el primer objetivo de la educación superior es formar profesionales autosuficientes o sea, independientes económicamente, capaces de darse su propio sustento, que generen ingresos personales a través del ejercicio laboral para lo cual los ha preparado la formación superior. El segundo objetivo es la formación de personas capaces de relacionarse armónicamente con los demás, de convivir adecuadamente, capaces de tolerancia, de solucionar armónicamente los conflictos y de crecer en, con y para una sociedad democrática y madura. Y el tercer objetivo es el de formar hombres y mujeres capaces de orientar y atender su propio desarrollo, que busquen como paradigma de sus vidas su propio mejoramiento como seres humanos.
Todos estos tres fines de la educación requieren consecuentemente entender que el currículo en la universidad debe brindar los conocimientos, la información, los métodos de investigación para acceder a una formación que le permita al estudiante su desempeño profesional posteriormente; igualmente el currículo debe brindar la formación que permita la convivencia, la tolerancia y la solución armónica de los conflictos; del mismo modo debe formar para la democracia, lo que significa desarrollar actitudes, comprensión y convicción de lo que ello significa. Finalmente, el currículo debe desarrollar la personalidad del alumno y orientar esfuerzos para que este mantenga preocupación constante por su superación como ser humano.
Como consecuencia de lo anterior el currículo para la formación de todo alumno debe tener un buen equilibrio en estos tres saberes: el Saber Profesional, el Saber Humano-Social y el Saber de Si Mismo, todo lo cual conduce a que si la universidad sabe del hombre y de la sociedad y más aún, sabe de sí misma, entonces es sujeto de autonomía, y consecuentemente puede ejercerla, mantenerla y reclamarla cuando fuere desvirtuada por intereses extraños a ella. Este es el espíritu de libertad que debe inspirar todo acto verdaderamente universitario y es el marco para el ejercicio pleno del liderazgo que la sociedad espera y reclama de la institución universitaria y del sector educativo en general.


