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El conflicto como campo de acción del liderazgo

Cuando nos referimos a conflicto podemos entender por ello muchas cosas, entre otras:

  1. Que hay una situación que posee elementos positivos y negativos en sí misma, pero que no hay más opción que tomarla o rechazarla tal cual es; esto es lo que se llamaría conflicto de atracción-rechazo.
  2. Que hay dos situaciones distintas pero igualmente atractivas, ante las cuales debo escoger una de ellas; este es el llamado conflicto de doble atracción.
  3. Que hay dos situaciones de las cuales debo escoger una, pero cada una de ellas tiene aspectos positivos y negativos; este es el conflicto de doble atracción-rechazo, y finalmente
  4. Hay dos situaciones ante las cuales debo escoger una pero ambas son igualmente negativas; este sería el conflicto de doble rechazo.

Al hablar de conflicto también lo podemos entender como el compuesto por una tríada integrada por mí, los demás y la situación.

El conflicto interpersonal, especialmente, sería entonces la situación manifiesta entre mis propios intereses, los ajenos y el hecho o situación que los relaciona, o, de otro modo, el que surge entre mí, los demás y los intereses comunes o diferentes que poseamos ante una situación dada que nos es propia.

En una forma reducida el conflicto podría resumirse en mi posición con respecto a algo, en tanto ese algo represente molestia, afecto, empatía, o diferentes valoraciones tanto negativas como positivas en mi orientación  hacia él.

La situación de conflicto genera en el que lo posee, o en quien tiene alguna responsabilidad en su solución, inquietud anímica, ansiedad, tensión, tendencia  a la acción, a veces deseo de fuga y en otras deseos de resolverlo casi mágicamente. Por lo general la situación o hecho que manifiesta el conflicto  no es fácil de resolver en forma inmediata; en la mayoría de las veces su solución no depende del sujeto quien lo posee, quien debe esperar la acción de otros para orientar soluciones favorables o desfavorables  a sus demandas.

Es difícil vivir al margen de conflictos: en la sociedad, tal como está estructurada, nuestras demandas y necesidades chocan, con frecuencia, con la posibilidad que tiene la misma de satisfacerlas, por lo menos en forma inmediata; también existen las persona quienes per se representan barreras o posibilidades a lo que queremos o perseguimos.

Dado que la autosuficiencia es casi imposible en una sociedad donde existe, necesariamente, un alto grado de interdependencia entre sus miembros y donde las tareas, funciones y bienes están distribuidas en la población, es difícil evitar la posible injerencia de los demás en el marco de nuestros propósitos e intereses, de ahí que el conflicto sea una consecuencia necesaria de nuestra vida en comunidad.

El conflicto es algo connatural a la vida de relación, pero se ubica, por lo general, en el espacio donde median los derechos y deberes que vinculan  a las personas entre sí, y en relación con las instituciones que los representan. Por otra parte, el conflicto significa, siempre, opción de crecimiento y madurez, en tanto se resuelva de modo armónico, respetando la autonomía y el libre desarrollo de las partes.

En los conflictos sociales el centro de la acción  yace en un colectivo social que se siente afectado en sus derechos y necesidades, a veces con sentimientos de trato indigno lo que lleva a resentimientos y frustraciones. Las reacciones a esta percepción son por lo general violentas. Los actores aquí están representados por el colectivo afectado, por el agente o colectivo que afecta y por la situación específica que genera el conflicto.

Los conflictos no son siempre solubles de inmediato; puede mediar un tiempo corto o largo en su solución, incluso algunos superan el cambio generacional, y aún más, prolongándose indefinidamente en el tiempo. Ante el conflicto puede suceder que la opción más clara, si las condiciones y circunstancias lo permiten, sea la solución inmediata y ojalá sin menoscabar el sentido ético de la solución; en otras ocasiones la solución debe ser aplazada y aprender a vivir con él y/o crear circunstancias políticas, sociales, económicas y culturales que lo disminuyan poco a poco hasta que desaparezca o se minimice por el mismo proceso de desarrollo social.

En todo lo anterior vemos el papel que juega el líder (o los líderes) que representan los intereses de la o las comunidades afectadas. Su papel es crear condiciones para su solución, interviene aclarando a sus seguidores la realidad de sus demandas y el camino a seguir para obtener los logros esperados; genera, si es hombre o mujer bien formados, circunstancias para que el conflicto se resuelva con el mayor crecimiento y madurez para ambas partes.

En la literatura clásica las posturas básicas a presentar ante el conflicto por parte de uno o ambos actores implicados, son las de confrontación, negociación y colaboración. Vamos a ver brevemente cada una de ellas.

Confrontación

Implica negar la vida. Se da cuando ningún otro método es posible y conlleva la eliminación del contrario o ambas partes. Una de las partes se haya supuestamente más dotada de recursos para triunfar. En la concepción moderna de la guerra es el dominio de la alta tecnología lo que da supuestamente la victoria, aunque a veces ha sido imposible la victoria. Supone arrasar, apropiarse  y enajenar pertenencias del perdedor. Se basa en la lógica del poder y la fuerza, y se apoya en los instrumentos y tecnologías que la hacen posible.

 La confrontación no es humana, sobre todo si es física y violenta, salvo en algunos deportes, aunque se puede ser caballero y elegante en su ejercicio. Es una relación contra otro. Es una aplicación técnica  de una teoría o procedimiento, generalmente conocido, atendiendo únicamente los hechos, sin ir más allá. La solución por confrontación supone la imposibilidad del dialogo, del acuerdo, por tanto, del acercamiento a la posibilidad del conflicto negociado; más aún, niega definitivamente la posibilidad de la colaboración. En la solución por confrontación, las partes involucradas arriesgan al juego de todo o nada, habrá, por lo tanto, perdedores y, en consecuencia, resentimientos, frustraciones, sentimientos de dignidad pisoteada y otros mecanismos psicológicos a los que acude el ser humano y el colectivo para mantener vigente su ansia de revancha y retaliación; por lo tanto, la confrontación no elimina el conflicto, la mayor parte de las veces lo amaina, estanca o exacerba, o lo traslada en el tiempo, surgiendo posteriormente, con renovado brío y condiciones de lucha diferente. En el fondo, en la confrontación, todos pierden, aún los supuestos vencedores, pues además de la energía anímica invertida y el desgaste físico, con pérdida de vida en la mayor de las veces, y daño, en ocasiones, de la imagen que justificaba la acción, los ganadores sólo aplazan la solución final que, obvio, en un marco de evolución y desarrollo armónico solo podría darse en el campo de la negociación,  previos diálogos y  acuerdos, para llegar a una plataforma que beneficie a las partes involucradas. Se observa, entonces, que la confrontación responde más a la fuerza instintiva, casi animal, que queda en el ser humano y que está relacionada con los sentimientos de territorialidad y lucha por la supervivencia. Cuando, a veces, a una o ambas partes solo le queda la lucha por la vida, por el alimento, y quizá por el sentimiento de identidad cultural entonces, parece que la única posibilidad es la lucha cuerpo a cuerpo  o el recurso a las diferentes tecnologías, agresivas y violentas con el fin de aniquilar al otro o someterlo a las determinaciones del vencedor.

Es difícil el triunfo pleno a través de la confrontación pues sería la aniquilación física del oponente y, aunque ello se logre, no faltaran otros potenciales oponentes quienes aprenderán la lección y se prepararan para las luchas venideras, con mayores posibilidades de triunfo. Por ello la paz lograda  a la fuerza revivirá más tarde la violencia de aquellos que se vieron forzados a someterse al dominio del vencedor.

Al líder, en este escenario, no le queda sino la vía de la confrontación, y, si las circunstancias lo exigen, no le queda más remedio que llevarla a cabo y asumir las consecuencias de su decisión. Se debe, sin embargo, hacer todo lo posible por resolver los conflictos por la vía de la negociación, incluso desde el punto de vista del actor que posee más fuerza o recursos; esta posición es más humana y conduce al desarrollo civilizado y apela a fuerzas anímicas superiores, propias de lo humano, que lo dignifican y enaltecen. La confrontación es siempre una regresión  a mecanismos atávicos y mágicos para solucionar los conflictos.

Negociación

Con la negociación se pretende llegar a acuerdos en los que, necesariamente, ambas partes ganan, ambas partes ceden. Para ello se hace el esfuerzo en resaltar y aceptar parte de la verdad de cada uno. Se reconoce la legitimidad de cada parte en el proceso: sus demandas y necesidades.

La negociación requiere alta capacidad de escucha activa, capacidad para ponerse en el pellejo del otro: Insight, rapport. Exige de los actores crear espacio para la tolerancia y el encuentro; es una relación con otro(s).

La negociación supone, como condición previa, tener conciencia del otro, de su existencia y derecho a mantener la vida, no solo física sino emocional e intelectual. Es una posición que reconoce y acepta los hechos sociales que actúan en el conflicto y que entiende que ellos deben ser cambiados por un acuerdo que incite la voluntad de las partes en su cumplimiento. Reconoce, también, que el factor tiempo bajo la égida de los actores, es un factor necesario; que nada  puede precipitarse pero tampoco dilatarse, y que el ser humano, en sí, puede alterar las circunstancias si lo quiere y desea. La negociación apela, pues, a  la conciencia de los actores en tanto ellos hayan profundizado o puedan hacerlo, sobre las consecuencias futuras de determinadas posturas, actitudes y comportamientos. Es un paso, la negociación, para procesos de aprendizaje social y colectivo que induzcan la colaboración en tiempos posteriores.

La negociación exige la comprensión de que los actores envueltos en el conflicto, al igual que los factores y contenidos del mismo, forman parte de colectivos sociales con creencias e ideologías propias, que influencian su comportamiento. Supone, también, y acepta, que lo social y la sociedad son dimensiones significativas para el desarrollo del hombre y, que, en conjunto, se puede crear el escenario donde, respetando identidades, aparezcan necesidades y proyectos comunes que impulse a los actores a trabajar, con compromiso, en agendas que favorezcan sus logros particulares.

En la negociación es necesario el diálogo, las conversaciones que permitan la comprensión de los modos de ver el problema por parte de los actores implicados. Estas conversaciones y diálogos deben superar la etapa de quejas y reclamos para avanzar comprensivamente en los sentimientos, emociones y necesidades reales de las partes y, consecuentemente, reconocer la dimensión del efecto de todo ello en sus posturas y actuaciones. Si la negociación se adelanta en este sentido puede resultar exitosa y comprometer a las partes en la ejecución de los compromisos pactados.

La palabra “compromiso” en el contexto de la negociación, tiene un significado especial: Es una acción que es consciente de que las partes implicadas en el problema deben asumir responsablemente el cumplimiento de los acuerdos pactados y marchar, de este modo, hacia una solución digna y plena de los elementos que los separan. Significa un cambio en estrategias y modos de operar de modo que se incremente la confianza mutua y se dilucide el paso para acciones más constructivas en el futuro. En la negociación es importante superar los temores y avanzar hacia la confianza, pues esta genera espacios creativos y de desarrollo, en tanto que el temor solo engendra defensa y corta, en consecuencia, las raíces de la autenticidad y de la vida personal y social.

En el proceso de negociación es de gran valor captar con empatía las necesidades y situación anímica del otro; es importante tener una excelente capacidad de escucha que facilite que el otro se exprese autentica, espontánea y libremente, como también ser capaz de enfrentar el proceso de negociación como una situación de aprendizaje y desarrollo que beneficiara a la larga a ambas partes. Si en la negociación una de las partes siente que ha entregado mucho sin nada a cambio, que ha claudicado valores y dignidad, que ha sido manipulado, entonces la frustración por la falta de equidad y justicia en el trato conducirá a rupturas en los acuerdos y a que la confrontación se presente de nuevo.

La estrategia para confrontar al enemigo y ponerlo contra la pared, y obligarlo a negociar, si bien permite logros inmediatos en beneficio de la causa planteada por el triunfador, muy pocas veces satisface las verdaderas necesidades y demandas del perdedor; no hay equidad, y por tanto no es negociación generada en ambiente de libertad, lo cual conduce inevitablemente al fracaso.

En la negociación hay que superar los dualismos (victimas-victimarios, ganadores-perdedores, explotadores-explotados) que separan las partes, y encontrar, en conjunto, los puntos comunes que faciliten la convergencia y el compromiso. Es un trabajar “al lado del otro”, que reclama respeto por el territorio particular de cada uno y exige agenda común y compromiso en  las partes para hacer lo que les corresponde; favorece, igualmente, cierto control recíproco para verificar el mantenimiento de la ruta y demandar ante posibles desviaciones. Requiere, también, cierto arbitraje para superar escollos en la comunicación, y acercar las partes, cuando haya tendencia a la ruptura  y al incumplimiento

Colaboración

Esta característica del manejo y solución de los conflictos indica alto grado de madurez, gran desarrollo moral y espiritual, requiere alto espíritu de servicio y sacrificio de  ego. El logro de la colaboración entre las partes resulta de la visión de que todos estamos implicados en todo (holismo), No se busca culpable, si apoyo, colaboración y comprensión.

La colaboración es un fermento importante para el desarrollo de una ética civil y para el desarrollo de las comunidades. Es una relación  de servicio para el otro.

Requiere ayudarse a mirarse y a mirar al otro (percepción del yo ajeno)  desde adentro entendiendo el contexto de la situación que los relaciona con un impulso a superarla y trascenderla.

La colaboración es una de las formas superiores de resolver conflictos y corresponde plenamente a las disponibilidades auténticamente humanas.

A escala animal se da, en forma instintiva, la confrontación, que es por lo general violenta, (en ocasiones se da, igualmente, y a veces con mayor sevicia, en los seres humanos) lo que lleva a dejar al oponente en déficit y sometimiento; la mayor de las veces se le ahuyenta pero casi nunca se le destruye. En los mamíferos superiores, específicamente en los chimpancés, se da cierta negociación que lleva por ejemplo a tener relaciones sexuales con  la hembra a cambio de cuidado y seguridad para ella y su cría; en los humanos, en cambio, la negociación se da en múltiples aspectos que cubren la extensa gama de sus necesidades físicas, sociales y psicológicas, pero todo ello enmarcado por los derechos y deberes que regulan la relación entre las partes.

La colaboración, entonces, supera toda intermediación institucional, aunque se apoye en ella, para reconocer al otro y su situación como merecedora y necesitada de apoyo y ayuda; a veces, significa ponerse al lado de otros y, como equipo, junto con otros, realizar acciones y tareas para un tercero, desconocido y necesitado (v.gr. un desastre). En este sentido superior la colaboración es un dar sin esperar nada a cambio y de ahí nace el altruismo y la compasión.

Disponibilidad y actitud para colaborar significa, entonces, la consideración de que las cosas que separan a las personas son circunstanciales, impulsadas por los pequeños egos, y que en un objetivo de desarrollo humano y de largo alcance todo debe superarse para lograr así mayores niveles de conciencia y libertad. Es un sentimiento el que acerca a las partes  en pro de mayores logros para ambos y los invita  a trabajar juntos y quizás cohesionados en torno al objetivo común identificado.

La colaboración no significa ayudar al otro o estar a su lado para mostrarle su debilidad, o asumir que lo es y que requiere nuestra fuerza o capacidad, eso es asistencialismo, que no deja crecer ni madurar al otro. Puede, la debilidad, ser un elemento real en la vida del otro, pero para el que colabora debe significar la oportunidad de apelar tanto a sus propias fuerzas y capacidades, como  a las del otro, para superar las limitaciones y barreras que les impide trabajar en conjunto. La colaboración es, entonces, una pedagogía que construye capacidades en ambos para superar las deficiencias que los separan.

Parece que el proceso natural en la solución de conflictos va de la confrontación a la negociación y de esta a la colaboración. Esta vía supone por un lado el factor tiempo, y por otra, procesos educativos y cambios culturales que conduzcan a la fase final de la colaboración

Cuando la actitud colaborativa se ha establecido en las personas y ellas han tenido la comprensión y la convicción de que esa vía es la mejor para contribuir al desarrollo de las comunidades y  sociedad en general, entonces la solución por colaboración facilita que los conflictos sean escenarios para el aprendizaje de técnicas sociales y humanas que benefician la madurez social y colectiva. Esto se alcanza en las sociedades democráticas y con una educación superior centrada en valores éticos y sociales, que fomentan la hermandad entre los hombres y mujeres de diferentes pueblos y culturas.

La colaboración, en las situaciones de conflicto, obliga a las partes a reconocer el valor del aporte de cada uno en el resultado total; por ello el ambiente de participación y las condiciones para hacerla posible, son necesarios. Participación puede ser un estilo de dirección o liderazgo que reconoce que cada uno tiene contribuciones significativas para el grupo o la totalidad y que, en el caso de ambientes conflictivos, la participación facilita el involucramiento pleno en su solución porque se entiende que el problema es de todos y por tanto su solución debe ser el resultado de la acción de todos.

El ambiente para la colaboración demanda también, un respeto irrestricto hacia el otro y una capacidad de autoconocimiento de las partes de modo que renuncien a cualquier comportamiento manipulatorio.

Si en la confrontación el instinto es casi la guía, en la colaboración la intuición facilita la comprensión y visualización del camino que se ha de recorrer juntos; por ello se requiere de cierta disponibilidad psíquica, libre de prejuicios y emociones entorpecedoras, al igual que un pensamiento libre y claro para hollar el camino hacia patrones nuevos de comportamiento que esclarezcan el desarrollo personal e incrementen la consciencia.

La educación para la colaboración pasa por el estadio de la socialización temprana en la vida escolar y alcanza niveles de eficacia en el trabajo en grupo y en equipo, en estadios posteriores. Para todo ello hay que enseñar a dar, a ser generosos, a encontrar regocijo en el esfuerzo conjunto. Hay que aprender a valorar y a apreciar el esfuerzo del otro, a estimularlo y reconocerlo, y, más aún, a comprenderlo como parte necesaria en el resultado total. Se necesita en realidad inteligencia para la colaboración que se apoye, más que en las fuerzas del intelecto, en las emociones integradoras que comprendan y sientan compasión y amor por el otro. El amor es un grande estímulo para crecer y madurar, es por tanto el verdadero acicate para el desarrollo y la colaboración y para obtener reciprocidad en aquellos con los que enfrentamos conflictos.

Porque somos poco colaborativos? Porque prima el egoísmo, la autosuficiencia mal entendida, porque somos petulantes, porque carecemos  de amor fraterno, de amor humano, por nuestra incapacidad de comprensión, (la comprensión no exige perdón, solo ama).

En general la solución de conflictos requiere el reconocimiento de los hechos, su identificación, estudiar sus causas y efectos, y distinguir los valores envueltos y poner valores nuevos.


Créditos

Image by Ditney from Pixabay

Este blog nace del deseo de compartir con un público más amplio mis inquietudes acerca de la formación del líder. Considero que hoy día dicha formación está siendo manoseada y manipulada por toda clase de agentes de la publicidad y del poder con el objeto de ubicar en la sociedad y en las empresas personas adocenadas y sustentadoras de fines puramente económicos que no resuelven la totalidad y diversidad de las profundas inquietudes humanas. Considero que la formación del líder debe incluir variables provenientes de muchas fuentes, especialmente de las ciencias sociales y humanas, al igual que del arte y de la filosofía, sin excluir la practicidad de las funciones propiamente administrativas. El fin primordial de dicha formación debe ser dotar a los estudiantes de una conciencia de servicio y una capacidad de fertilizar el ámbito social generando tolerancia, convivencia y armonía.

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