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La imaginación, la inspiración y la intuición como modos de acceso a un conocimiento superior del mundo y del ser humano

Si aceptamos que la racionalidad científica nos da el conocimiento externo de las cosas y que su método es válido dentro de la concepción de la ciencia, pero que cuando intenta aproximarse a la realidad epifenomenica (que puede ser intrafenomenica) del hombre y del mundo, su metodología encuentra  dificultades y en este proceso traslada al campo de lo metafísico preocupaciones semejantes, deben, entonces, existir otros modos de llegar al conocimiento más profundo del hombre. El ser humano además de ser lógico y racional  puede ser igualmente imaginativo, inspirado e intuitivo

La imaginación

La imaginación es una facultad que se sustenta en la capacidad de plantearse alternativas diferentes a lo usual, capacidad para vislumbrar nuevas relaciones y encontrar conexiones más significativas y profundas que las que los órganos de los sentidos y el sistema nervioso proveen, es una facultad superior que trasciende al intelecto, que se apoya en  la razón, y evoca informaciones y conocimientos generalmente ocultos, no desvelados. La discusión sobre la imaginación se remonta a Gianbattista Vico quien en el siglo xviii cuestiona la posición dominante de la razón en Occidente. Para él la mitología es la primera de las ciencias y resalta el poder de la fantasía en su construcción. Utiliza la metáfora como fuente de conocimiento y afirma que el conocimiento empieza con la imagen la cual debe ser creativa de modo que el hombre pueda crear verdades que trasciendan las realidades evidentes y aprehensibles del mundo [Altman (1994)].

El conocimiento imaginativo trasciende pues la misma fantasía ya que  dicho conocimiento hace alusión a la capacidad de imaginar cosas o situaciones sin que los hechos u objetos sensoriales existan en la realidad. Cuando este imaginario se hace sin la presencia real de los objetos que lo sustentan estamos haciendo uso de la imaginación

 En el mismo texto Almant cita a Tomas Hobes quien el siglo xvii afirmaba que “todo lo bello y útil en las construcciones como en las maquinas… todo lo que el hombre deriva como comodidad de la observación del cielo, o de la tierra se debe a la fantasía”.

La imaginación es, pues, una capacidad para percibir algo concreto a partir de las abstracciones que realice el sujeto, contiene en este sentido un elemento móvil y fluido que le permite al individuo trascender la realidad de los hechos y amalgamar leyes y normas en una nueva e inventada circunstancia [Lievegoed (1977)].

La imaginación llega a ser muy viva y tan verdadera como la impresión sensorial aunque su fundamento no sea material. En el caso del niño la imaginación es el vehículo que le lleva a experimentar la vida como tal: él percibe el movimiento fluido de las cosas especialmente aquellas ligadas a la naturaleza. Para un niño es natural percibir íntimamente la lluvia, los vapores que suben, el arroyo que fluye, el sol que se eleva, el viento que silba. Ellos también integran al movimiento objetos que para el adulto permanecen inanimados e inertes. Para el adolescente la imaginación es precisamente la habilidad para pensar en cuadros vivientes [Gardner (1978)] por los cuales el pensamiento en sí mismo se transforma, llega a ser pictórico y se constituye en visión.

Altman (Op.Cit, 81) hace referencia a  Johan Nicolás Tetens  (1736 a 1807) quien separa la imaginación en tres partes:

Un primer nivel que recibe las impresiones de los sentidos y las transforma en imágenes; Un segundo nivel creador qué forma imágenes, ideas nuevas, y luego un  nivel superior capaz de crear imágenes qué son más qué la suma de sus partes

El mismo Altman afirma que  para Tetens el tercero se trata del nivel de genio y  asegura que la imaginación o el genio es la única fuente de todo lo que es original.  Es una fuerza activa qué religa el inconsciente al consciente, lo espontáneo a lo premeditado.

Keats, escritor romántico del siglo xviii consideraba que la imaginación podría transformarse en peligro cuando el poder mismo de la imaginación creadora ultra pasa los límites impuestos por la razón y por el hábito (Ibid. 86).  El interés por la imaginación declina  a principios del siglo xix a medida que se extendía por toda Europa una desilusión frente a las promesas de la revolución francesa y la posición romántica del poder se encuadraba en una transición de la concepción de un mundo creado por Dios al de un universo creado por el ego

la imaginación, según Altman, hace su retorno en una época impulsada por la necesidad de sobrevivir en medio de la concurrencia feroz y es entonces cuando los dirigentes industriales y económicos contratan a especialistas con el fin de entrenar sus cuadros y sus responsables en actividades de investigación y desarrollo para escapar a los estrechos contornos del pensamiento técnico con el objeto de transformarlos en creadores inventivos y nacen así, los especialistas en creatividad con innumerables cursos y seminarios con escasos resultados (Ibid 89).

Resumiendo estas anotaciones sobre la imaginación, podemos comprender con el mismo Gardner (Gardner, 1975) que la imaginación es habilidad para ver conociendo y para conocer viendo, ella transforma hechos y pensamientos en algo nuevo, haciendo lo externo más interno para que pueda ser vívidamente visto, condensa pensamientos inmateriales allí donde puede ser creativa en el mundo práctico. Cuando un hecho concreto es imaginado se disuelve, como si lo fuera, en las corrientes de la vida y nos aproximamos  a la realidad viviente de la cual este hecho fue entresacado. De otro modo cuando una idea abstracta es imaginada, ella forma, por sí misma, una forma visible, esta llega a ser creativa.

La inspiración

La inspiración podemos considerarla como un movimiento anímico que permite capturar informaciones ocultas que por lo general no se manifiestan en la actividad rutinaria. Requiere pues cierta disposición anímica y una relación íntima con el tema o ámbito del cual surge. En la inspiración parece que fuese otro el que hablase o, según el significado literal de la palabra, el que diese el aliento o  escribiese; es como si se soplara al oído del receptor información significativa sobre el tema que se trata, por ello atribuían a la relación con los dioses esa capacidad de recibirla, la que se transformó posteriormente en el alimento de los poetas y juglares y en los oráculos y sibilas propios de Delphos (véase Inspiración (2O22) tomado de Wikipedia).

En la antigüedad la inspiración se consideró un regalo de los dioses y los poetas y profetas se inspiraban en contacto con las musas o con sus deidades. Todavía en la época moderna los poetas buscan el numen o la musa que inspire sus versos y los grandes dirigentes quieren tener esa capacidad de recibir revelaciones que les faciliten la certeza en sus grandes decisiones. Para Freud la inspiración surgía como resultado de conflictos internos y traumas de la niñez y se localizaba en la psiquis interna del individuo, no afuera de él. Para sicólogos como Carl Jung el artista es alguien que se ha conectado a algo impersonal, algo afuera  del individuo, por lo cual la inspiración surgía del inconsciente colectivo como memoria o “genius” y facilitaba a los seres humanos reconocer los arquetipos en las grandes obras de los artistas, pero solo los artistas con “genius” podían obtener inspiración y memoria.

Como podemos observar la inspiración requiere pues, disponibilidad anímica para escuchar la información sutil, los ruidos que provienen del silencio y de la quietud anímica del que la experimenta. A los poetas y artistas los nutre la inspiración, es el numen misterioso que les dice lo esencial, lo hermoso y significativo del asunto en cuestión.

Hemos dicho que lo propio de la vida del sentimiento es vivir en la actividad rítmica. El proceso dinámico de pasar de un estado emotivo a su polo contrario genera en el individuo la percepción de una parte de su ser: se percibe, así, como triste o alegre, melancólico o exaltado, compungido o cínico, amoroso o resentido, etc. Es en este oscilar entre polaridades donde el ser vive y se descubre, y donde el sentimiento brota, a veces sin claridad absoluta, manifestándose a la conciencia como en estado de ensueño.

La inspiración como proceso de conocimiento está ligada al sentimiento y revela al ser humano informaciones no captables ni lógica, ni racionalmente, pero con igual, y, a veces, superior, certeza. Una característica de ella es que revela al individuo lo que permanece oculto a otros y sólo se da o manifiesta a aquél que, guardando una relación estrecha con el objeto de conocimiento, lo piensa y lo siente y genera un espacio para que le revele sus verdades. Es así la relación del artista con su arte y también la del profesional con su técnica. Técnica y arte no son tan disímiles, tienen una estrecha relación que se conjuga en la pericia y destreza particular, en el cómo saber hacer las cosas. El hombre inspirado es capaz de proclamar la naturaleza interna de las cosas. A través de la inspiración el mundo le habla al ser humano, no a través de los sentidos, sino que, trascendiéndolos, captura su alma, o más bien esta se dispone a entrar en el santuario donde se desvelan conocimientos más profundos y significativos que los dados por el conocimiento sensorial exclusivamente. La persona inspirada “oye” el crecimiento de la yerba, el abrir de los botones de las flores y los traduce en poesía o en música. Es un estado del ser donde se revela información significativa para el trabajo creativo. La inspiración es un estado de apertura anímica que permite llegar al corazón de las cosas. Es una escucha interna, un ver más allá de la envoltura, un percibir las formas subyacentes a la apariencia externa. Con la inspiración el artista se pone en íntimo contacto con su obra y recibe de ella la información que le permite cualificarla y personalizarla. Arte, en este contexto, se refiere a toda elaboración humana que trasciende los límites de lo pragmático, inmediato y eficiente y que sin dejar de tener utilidad exige visiones a más largo plazo. Por ello el ser humano puede estar inspirado al elaborar unas políticas, una constitución, un modelo de ciudad o universidad, un modo de resolver los conflictos entre seres humanos, un sistema de transporte que permita la circulación fluida y agradable, etc. Un ser humano inspirado de este modo, es capaz de captar los anhelos, las quejas y reclamos más profundos de su pueblo y darle salida a través de un ejercicio significativo de liderazgo. El líder como arquitecto social es capaz, a través de su inspiración, de estructurar respuestas relevantes para la solución de los problemas que aquejan a la sociedad, porque escucha la información sutil que transcurre a través de los procesos, las relaciones y  la información que envuelve a los individuos y grupos. Si el líder desarrolla su imaginación e intuición, además de su inspiración, es capaz de proponer, estructurar y llevar a cabo grandes transformaciones sociales.

La intuición

La intuición, por otra parte, implica capacidad de interiorización, de penetrar e ir adentro, de captar lo esencial. Es un cierto estado de simpatía intelectual con lo observado que conduce por lo general a un juicio rápido y acertado sobre el asunto en cuestión. Es una gestalt completa que captura el sentido profundo y único subyacente a las relaciones puramente externas.

El conocimiento intuitivo es el modo de conocer que conecta al conocedor con la profundidad o aspecto esencial de lo conocido. Según Brugger (1972, 273) la intuición significa una percepción inmediata de lo esencial o fundamental del hecho o cosa tratada. Se considera que difiere del modo de conocer por medio del pensamiento o del sentimiento en que es “una captación inmediata, directa o sintética, o sea una aprehensión inmediata de la totalidad, o sea una Gestalt” (Assaglioli (1975, 217)). Por otra parte Edward De Bono (2006), estima que la intuición juega un papel muy importante dentro del pensamiento creativo y en los procesos sistemáticos del pensamiento lateral y considera que puede aportar algo valioso sin intervención de ninguna técnica creativa.

La persona intuitiva tiene capacidad anticipatoria, prevee y capta lo que se halla en el horizonte de su experiencia cognitiva. Dado que la intuición es una caracterización de la voluntad y esta nos liga de un modo explícito con lo que ha de venir como consecuencia de nuestras acciones o, también, con la secuencia de hechos entrelazados a partir de nuestro obrar, podemos explicar que la intuición es un modo de conectarse con el futuro distante o cercano; así, grandes decisiones, quizá mal comprendidas por los demás, se definen por este modo de conocer y, si el organismo intuitivo es sano, lo que se capte tiene un alto sentido de certeza; posteriormente se le puede someter al análisis riguroso de la lógica para comprobarlo aunque no siempre ésta tiene los parámetros suficientes para confirmar, desde su óptica, la veracidad del aserto.

Estudios recientes ubican la intuición en el hemisferio cerebral derecho y lo relacionan con la actividad artística y creadora [Mintzberg (1973, 828-837)]. Por otra parte la intuición puede ser activada siguiendo la ley de que la atención y la concentración favorece su manifestación porque facilita captar no sólo lo que es evidente para los demás y analizable a la luz de los sentidos, sino lo que subyace a la superficie y permanece oculto a aquellos que no presten igual o superior atención o interés.

Por medio de la intuición las cosas son vivenciadas internamente, más allá de los órganos de los sentidos  o de las neuronas cerebrales; es, mirado de otra manera, captar la voluntad que subyace en lo conocido para deducir de allí su próximo movimiento, por ello la intuición es anticipación. Otros consideran que la intuición ha surgido de un proceso adaptativo continuo que ha permitido la supervivencia y la continuidad de la especie  humana, que ha generado una especie de memoria colectiva, facilitando liberarse de sus depredadores. Parece ser que la riqueza de una significativa información, la experiencia en campos de conocimientos  o de acción específicos y la disponibilidad para escuchar instantáneamente las sutiles respuestas del inconsciente facilitan la toma de buenas decisiones (Corrales, 33-42).

Una intuición común a todos los hombres es la conciencia de su yo, pues este no puede ser percibido desde afuera, sólo puede ser experimentado en la interioridad. Hay sólo una palabra que cada quién puede aplicarse, exclusivamente, a sí mismo; esta es: Yo. Ninguna persona puede llamar a otra yo. La percepción del yo es el prototipo de todo conocimiento intuitivo, y este es voluntad que ha sido totalmente transformada para conocer. Con la intuición se cancela la separación entre conocedor y conocido y la expresión más sublime de esta unión es el amor ya que permite experimentar el ser del otro como el propio. La palabra intuición viene de intuire, ir adentro, en este caso amor que ha llegado a ser conocimiento, o conocimiento que ha llegado a ser amor.

Tanto la imaginación como la intuición facilitan captar las relaciones esenciales, casi desocultan lo que de otro modo es invisible a los sentidos externos.

Lo anterior puede traducirse quizá como ver más allá de lo que los ojos muestran u oír más allá de lo que los oídos oyen. Quizá es un sentir, no con la razón sino con el corazón, lo que está oculto a nuestra presencia.

Estos modos de conocer son muy importantes para la formación gerencial y para la comprensión de la vida de una empresa, también para la vida cultural y social de la comunidad y su entorno.

Por vía de la intuición podemos actuar con eficacia en las relaciones sociales y la imaginación es una energía potente que nos permite diseñar con visión certera el futuro, herramienta eficiente para la planeación y el cambio.

Estas herramientas para el conocimiento hay que cultivarlas y para ello es necesario sustraerse a las excesivas demandas de la vida moderna y urbana, a las carreras por el éxito y la supervivencia, a la permisividad ante todo tipo de influencias que capturan la vida anímica de los seres humanos.

Al ser humano actual le es difícil acceder a estas modalidades de conocimiento, primero, porque la educación es sumamente lógica y racional, es altamente intelectual; segundo, porque nunca como ahora el ser humano ha sido tan influido por los medios, la propaganda, la publicidad quienes determinan los modos de conocer y apreciar las cosas. Se requiere cierta independencia mental para escapar a todas estas influencias y para generar espacios personales donde cada ser humano se encuentre con sí mismo y no con los paradigmas que la sociedad le impone.

Algo que está siendo substraído subrepticiamente  al ser humano es la atención. Ella es la capacidad de concentrarse con todo lo físico, lo psíquico y espiritual del ser humano en algo. Cuando esa atención está siendo capturada a todo  instante por estímulos diferentes al desarrollo humano, este se convierte en una caja de resonancia de lo que los medios y la publicidad  introyectan.

La atención concentrada, con apertura total de nuestro ser hacia el objeto del conocimiento, sin trabas mentales ni prejuicios, facilita que otros lenguajes aparezcan y que lo conocido se manifieste en sus aspectos más esenciales. La atención focaliza nuestro yo y desde adentro nos comunicamos con lo interior de lo otro para conocerlo más profundamente. La atención tiene un inmenso poder evocador.

Allí donde está nuestra atención ahí estamos y quizá somos, y más grave aún es entender que nuestra atención está siendo distraída de lo esencial de la vida y se ocupa de cosas vanas y efímeras.

La imaginación, la inspiración y la intuición, requieren de una fina atención dedicada a buscar lo esencial en las cosas, en las relaciones, dispuesta a descubrir lo íntimo e invisible que está actuando como ley o principio en la profundidad de los hechos. Donde esta nuestra atención esta nuestro ser  y si ella está presente en el objeto del conocimiento entonces es más fácil conocerlo en su esencialidad.

La atención requiere de la concentración para focalizar el objeto o tema de nuestro interés pero la atención es más que concentración pues requiere apertura plena hacia lo que ha de aparecer en el horizonte mental o espiritual. La concentración es la substracción personal de aquello que impide nuestra focalización pero la atención va más allá e implica una captación real de lo que se manifiesta.

Todos estos modos de conocimiento demandan cierta flexibilidad de pensamiento para que las lógicas rigurosas que prevalezcan cedan su paso y permitan el acceso a mundos y respuestas nuevas y sorprendentes. Hay que superar los encasillamientos de todo orden, los dogmas que no reconocen otras posibilidades de experimentar nuestra relación con el mundo, la tranquilidad seductora de los hallazgos previamente aceptados para acercarse con mirada inocente  a lo nuevo y desconocido. 

Estos modos de conocer se constituyen en un gran tema para la formación gerencial y para el desarrollo del liderazgo social, cultural y económico. Cuanta atención no le hace falta por ejemplo a la dirigencia de hoy día, a los empresarios y políticos,  a aquellos que tienen que dar respuestas a las necesidades de  la comunidad. En el barrullo de las carreras locas por el éxito y por la competencia; en los afanes despiadados de logros económicos, en la distorsionada carrera por el triunfo y la fama, el ser humano actual no es atento a lo que le rodea, a  lo que realmente sucede y pasa ante sus sentidos, vive de momento en momento, dando saltos de una cosa a otra y le es difícil concentrarse en algo. ¿Cuán importante es la atención de la madre a sus hijos, del jefe a sus colaboradores, del político a sus electores, del gobierno a sus dirigidos, del profesor a sus alumnos?, pero no, no hay tiempo, interés o capacidad para la atención profunda y concentrada que desoculte el estado de ánimo del niño, la desmotivación de los colaboradores, la frustración de los electores, las verdaderas necesidades de los dirigidos y la desorientación de los alumnos.

Para acceder a estos niveles de conocimiento es necesaria la quietud interna o sea, apagar los focos dispersos de nuestra atención y concentrarlos en lo  significativo y esencial de las cosas. Ello requiere tener tiempo para sí mismo, para permitir que hablen otras voces a nuestro ser, tener la finura para captar anhelos, búsquedas, interrogantes personales que no han sido resueltos y han quedado en la penumbra de nuestra conciencia ante las demandas continuas de nuestras carreras y vaivenes. Es necesario saber que somos algo más que la rutina con la que nos enfrentamos a nuestra vida cotidiana. Implica buscar momentos, tiempo y disposición para interiorizarnos y bucear en nuestra intimidad y aceptar las novedades que surjan  y no atemorizarnos por ello. Es necesario saber que somos algo más que la apariencia, que tenemos un ser  interior  más pleno que el que mostramos en nuestra experiencia  diaria y que ese quizá sea el más importante de todos. Para acceder a estos niveles de conocimiento el arte, la meditación, el contacto con la naturaleza pueden ayudarnos.


Referencias

  • Altman, Elizabeth (1994): O Conceipto de Imaginacao según Vico, en Imaginario e Lideranca : na sociedade, no governo, nas empresas e na Midia.Trad. Ofelia de Lanna Sette Torres. HEC CETAI Centre de etudes en administration internationale, Sao Paulo Brasil.
  • Assaglioli, Roberto (1975): Psychosynthesis, Turnstone Books London pp.323
  • Brugger, Walter (1972): Diccionario de filosofía estética, Barcelona.
  • Corrales, N, Elizabeth (2010): La intuición como proceso cognitivo. Revista Comunicación, vol 19 año 31, No 2, Agosto-Diciembre 2010 pp. 33-42.
  • De Bono, Edwuard (2006): El pensamiento Lateral.  Paidos
  • Gardner, Jhon F (1975): The experience of Knowledge. Essays on American Education. Waldorf Press, Adelphi University, New York.
  • Inspiración (2022): tomado de https://es.wikipedia.org/wiki/inspiración-artistica
  • Lievegoed, B (1976). Toward the 21st Century. Doing the good. Rudolf Steiner Press, London, pp. 82.
  • Mintzberg, Henry (1973): The nature of managerial work, Harper and Row. New York.

Créditos

Foto de Evgeny Matveev en Unsplash

Este blog nace del deseo de compartir con un público más amplio mis inquietudes acerca de la formación del líder. Considero que hoy día dicha formación está siendo manoseada y manipulada por toda clase de agentes de la publicidad y del poder con el objeto de ubicar en la sociedad y en las empresas personas adocenadas y sustentadoras de fines puramente económicos que no resuelven la totalidad y diversidad de las profundas inquietudes humanas. Considero que la formación del líder debe incluir variables provenientes de muchas fuentes, especialmente de las ciencias sociales y humanas, al igual que del arte y de la filosofía, sin excluir la practicidad de las funciones propiamente administrativas. El fin primordial de dicha formación debe ser dotar a los estudiantes de una conciencia de servicio y una capacidad de fertilizar el ámbito social generando tolerancia, convivencia y armonía.

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