Ciencia, arte y religión conforman una triada fundamental en la formación del hombre y del líder.
Dimensión Científica en la educación
Nadie discute hoy día que una educación integral debe ser científica, apoyada por lo tanto en la ciencia, imbuida de los métodos propios para aproximarse a la realidad, para observarla, entenderla, comprenderla, teorizarla y aplicar los conocimientos a situaciones similares posteriores. Esa es la naturaleza de la ciencia, búsqueda del conocimiento cierto, generación de conceptos para hacer comprensible al hombre el mundo que le rodea.
Si bien en épocas anteriores la ciencia estaba en posición arrogante, confiada en que sus conclusiones eran signo de certeza y veracidad, hoy día las afirmaciones de teóricos como Popper (1968) nos permiten deducir que ella ofrece verdades a medias, aproximaciones que periódicamente son rebasadas por los nuevos hallazgos, de modo tal que su método más parecería al del ensayo y error. Esta postura del científico lo hace humilde y es un buen principio para sustentar lo que de algún modo hemos dicho a lo largo de temas anteriores.
A lo largo de la historia, la ciencia como depositaria de los conocimientos adquiridos por la humanidad pasó por etapas de oscurantismo y de claridad, de estar apoyada en la magia, en concepciones teocéntricas, hasta posturas eminentemente materiales y altamente racionales como la de la época actual. Ha querido tener una postura y una visión integradora del mundo y la realidad pero en la época moderna se ha lanzado a aceptar como válido sólo aquello que ha captado a través de su método centrado en parámetros lógicos y racionales: ciencia positiva rescatando el empirismo y formulándolo a través de leyes de posible medición y cuantificación. Para su ejercicio se apoya especialmente en los órganos de los sentidos y en las tecnologías inventadas para hacerlos extensibles a distancias en el tiempo y en el espacio jamás imaginados, captando así esas realidades micras y macros, visibles y tangibles, medibles y pesables que su instrumentación permite. ¿Pero de las otras realidades que?; ¿De aquellas no captables, ni tangibles pero que, sin embargo, existen? Estas se las dejaron a las ciencias especulativas y metafísicas con una supuesta distinción de lo que es ciencia y lo que no es. El problema está en los métodos y en las formas y modos de acercarse y relacionarse con el conocimiento y la realidad.
Hemos dicho que para el mundo de la materia es posible descubrir la ley que relaciona al mundo y las cosas, y aplicarla en tiempos y espacios donde las circunstancias son similares. En este sentido el intelecto, como función propia del pensamiento, colabora y aporta, estableciendo las relaciones lógicas entre las partes y los hechos, entre causas y efectos. Pero este método, posible para el mundo de la materia, no es válido para el mundo más sutil de lo psíquico o espiritual. Allí intervienen otras leyes y modos de conocer y se requiere, por lo tanto, más finura en los órganos de los sentidos para captar lo que subyace a la superficie de los hechos, personas o situaciones, de carácter social o trascendente; se requiere la inspiración y la intuición como métodos.
Dimensión artística-estética en la educación
La actividad artística reviste un carácter tal que el artista, quien se considera un modelador de las fuerzas y la información que provienen de la materia (arcilla, madera, piedra, etc.), o de algo más sutil como la luz y el sonido, plasma en formas, colores y sinfonía la arquitectura que en ellas subyace. El artista olfatea, sigue la ruta que la materia densa o sutil le traza; la captura en el momento oportuno y le da forma: es la creación artística en la cual es posible pintar, dibujar, esculpir, modelar, hacer música, pero también, es el modo como se hace un edificio, como se organiza un grupo, como se modela una organización, como se estructura y se construye una nación.
Para todo este quehacer, proveniente de captación estética, se requiere sensibilidad a dicha información y es, y debe ser, una sensibilidad proveniente de una riqueza emotiva, no precisamente su atrofia.
Educar para la sensibilidad al mundo, para su captación estética y artística, para penetrar la envoltura de las cosas y captar lo esencial de ellas, requiere de otros métodos, de nuevos relacionamientos pedagógicos que superen la transmisión fría y formal del conocimiento, requiere espacios en que profesor y alumno descubran nuevas formas de abordar el conocimiento, no contentarse con lo dado y establecido. Se requiere un ambiente creativo en el aula, en el método pedagógico, plasmar de calidez artística el discurso, la práctica educativa, la reflexión y el hallazgo del conocimiento.
Lo anterior no significa enseñar arte necesariamente, ni convertir en artistas a todos los alumnos; significa que hay que orientar y conducir la riqueza emotiva, la sensibilidad, de modo tal que a través de aprestamiento pedagógico, con la ayuda del arte y el modo artístico en el aula, el alumno sea capaz de armonizarse y equilibrarse, y sea, consecuentemente, capaz de armonizar y equilibrar en su vida profesional, los diferentes ambientes donde se desempeñe. Todo esto es una sana practica para el buen ejercicio del liderazgo.
Varias cosas se pueden hacer para abordar la formación en este ámbito:
- La práctica artística en el aula debería estar relacionada pedagógica y metodológicamente con el objeto del conocimiento. Así, por ejemplo, el estudiante de medicina puede modelar el fémur en arcilla o yeso, el ingeniero diseñar las herramientas, las partes de la maquina acabándolas en madera o arcilla; igualmente, el sociólogo y el psicólogo, comprender la naturaleza del conflicto entre grupos o personas a partir del manejo y armonización de los colores en la pintura, etc. De por sí, el arte facilita la captación y comprensión del mundo bajo diferentes perspectivas.
- El estudio de disciplinas humanísticas, por ejemplo historia de la cultura, del arte, de las ideas políticas, antiguas y contemporáneas, manejadas discursiva y reflexivamente, contribuyen a mostrar el ámbito del desarrollo humano en diferentes culturas, sus afectos y pasiones, intereses y ambiciones y forjan de esta manera la comprensión, el discernimiento, la tolerancia, la emulación y educan la sensibilidad del hombre.
- La experiencia sensible con grupos, etnias, organizaciones, culturas y subculturas son situaciones de aprendizaje donde el estudiante, a partir de una dirección pedagógica acertada, puede extrapolar conclusiones que modifiquen o afirmen sus posiciones existenciales ante los hechos y circunstancias en que su vida profesional se va a desempeñar, genera la comprensión, la tolerancia, la solidaridad, la colaboración, la emulación, bases necesarias para procesos democráticos y participativos.
- Los métodos pedagógicos en el aula considerando la clase como una subcultura, como un espacio social para la democracia y, más que todo, como una microorganización donde el encuentro entre estudiantes y profesores se dé en términos del libre desarrollo mutuo, apelando al conocimiento y a las relaciones interpersonales maduras, favoreciendo el respeto, la alteridad y la diferencia, el pluralismo y la diversidad, la emergencia de la autoridad y el liderazgo, la comprensión de los mutuos derechos y deberes y el desarrollo de la capacidad para solucionar, en forma constructiva, conflictos de intereses.
Dimensión religiosa en la educación
Si bien con todo lo anterior podremos tener un ser humano formado, capaz de relacionarse de un modo lógico y coherente con el mundo y capaz de relacionarse armónicamente con el entorno, tanto a la ciencia como a la vida social de nuestra época les falta una dimensión adicional: la dimensión religiosa. (Véase Figura 1). Esta dimensión no hace referencia a una práctica específica dentro de un culto o doctrina; se refiere, sí, a un sentimiento, convertido en creencia, de nuestra profunda ligazón con todo lo creado y existente.
Religión viene de religare, o sea, de volver a unir lo que estaba separado, de sentir nuestra íntima conexión con el Todo. Despertar, mantener y afirmar ese sentimiento es tan importante hoy día que de ello depende la supervivencia del planeta y del ecosistema en general. Un sentimiento tal, afirmado por la discusión reflexiva, por la confirmación a través de hechos que lo refrendan, como la ecología; por la relación entre hechos sociales, causales y consecuentes; por el impacto positivo o negativo de acciones y aplicaciones científicas, converge en una responsabilidad personal, profesional y social, y deviene en ética.

Es una necesidad educativa de nuestro tiempo desarrollar en el alumno una capacidad de comprensión sistémica para abordar el conocimiento, los hechos y las situaciones; hay que procurar que la formación conlleve una comprensión holista del mundo, una visión unificadora y sintetizadora, pues de otro modo, cada ser humano se consideraría como una parcela separada del resto, en lucha contra el otro, viviendo únicamente para sus intereses personales y abrumado por su excesivo individualismo, afirmando el egoísmo como la enfermedad típica de nuestro tiempo.
El sentimiento de nuestra profunda e íntima conexión con el todo facilita procesos integradores en los que la discriminación es capaz de percibir las diferencias y similitudes, homogeniza en lo común pero reconoce y resalta la diferencia. ¿Cuánta falta no les hace este tipo de visión a nuestros empresarios, líderes, dirigentes, políticos y profesionales en general, y al hombre común como paradigma regulador de su relación con el mundo?
Si como ser humano poseo este sentimiento de unidad sé que lo que suceda en mí causará efectos en la totalidad, y ya que dicha comprensión no puede venir fácilmente a través de la racionalidad, debo consecuentemente intuirla y aprehenderla como una realidad que sustenta mi propia existencia.
Si no conozco todos los sujetos, objetos o hechos que están en la cadena de causalidades y efectos, por lo menos, y quizás lo único posible es conocerme a mí mismo; eso significa intuir, ir adentro, y en este caso, ir adentro de mí mismo. Un principio esclarecedor es la comprensión de que “el hombre es un microcosmos en el cual se refleja el macrocosmos” (Singh, 1972), por lo tanto no hay nada fuera del hombre que no esté en él. Sócrates impulsa al hombre a conocerse a sí mismo pues conociéndose conocerá todo lo demás.
La intuición es producto de la atención y atención es una forma de decir que quien está atento se halla concentrado en su objeto, está relacionado íntimamente con él y por lo tanto es más sensible a la información que de él proviene. La intuición concluye en capacidad previsiva, en vislumbrar lo que ha de venir y en anticipar respuestas. Es una función psíquica muy escasa hoy día pero a la que múltiples corrientes de formación académica tratan de rescatar, tal es el caso de la formación gerencial y la formación en liderazgo.
Referencias
- Popper, Karl (1968): The logic of scientific discovery. London, Hutchinson
- Singh, Kirpal (1972): Mensaje al cristianismo de occidente. Ruhani satsang, Beas- Delhi pp.30
Créditos
Foto de Gül Işık: https://www.pexels.com/es-es/foto/mar-ciudad-agua-panorama-urbano-15951149/


