Formación

Algunas concepciones sobre el ser humano y sus determinismos

Determinismo biológico

La vida y sus orígenes. Una forma científica de hablar acerca de la vida es que ésta surge cuando las condiciones materiales están dadas; esta sería la visión de Oparin (2000) y sus seguidores, o sea cuando en ese caldo o “sopa clara y caliente” de los mares primitivos se supone se formaron las moléculas complejas. Estas reaccionaron formando grandes “agregados” que eventualmente mostraron atributos de la vida. El primer organismo viviente evolucionó, pues, de moléculas orgánicas complejas. Oparin se enfrenta al problema de definir la vida y de explicar su origen y dice que la vida es de naturaleza material y no necesita de ningún principio espiritual que la explique. Para él la vida no es más que una forma especial de existencia de la materia que se origina y se destruye de acuerdo con determinadas leyes. En su planteamiento inicial considera que constatando la naturaleza material de la vida y estudiando las leyes que la rigen se puede   modificar y transformar conscientemente, y en el sentido deseado, a los seres vivos. Para sustentar su concepción se remonta a Engels quien, según él, consideraba la vida como un producto del desarrollo, como una transformación cualitativa de la materia y agrega que ella, la vida misma, es una forma especial del movimiento de la materia que surgió del mundo inorgánico y que su explicación está en la teoría bioquímica que la descubre en la complicación cada vez mayor de compuestos carbonados del nitrógeno (Ibid. p. 22). Sagan (1982, p. 38) explica que en la universidad de Cornell se experimentó crear la vida, pero sólo se obtuvo los constituyentes y no la vida misma.

En la Figura 1 se muestra una síntesis sobre el ser humano y sus determinismos.

Figura 1: El ser humano y sus determinismos

Para la bioquímica la vida es el estado o carácter especial de la materia alcanzado por estructuras moleculares específicas, con capacidad para desarrollarse, mantenerse en un ambiente, reconocer y responder a estímulos y reproducirse manteniendo la continuidad. La medicina, por otra parte, tiende a considerar que la vida empieza desde que se fecunda el óvulo o cuando ya no es posible legítimamente el aborto. Por otra parte, de acuerdo a Prigogine & Stengers (1984), se considera que la vida es el reino de lo no-lineal, de la autonomía del tiempo, de la multiplicidad de las estructuras. Se caracteriza por la inestabilidad, por lo cual nacen y desaparecen estructuras en tiempos geológicos; para ellos la vida es el tiempo que se estructura en la materia. Kirpal Singh, un místico del siglo XX dice: la vida es una existencia continua a través de niveles diferentes y todo lo animado se halla dotado de ese principio de vida que se llama alma, y que es la causa raíz de todo ya que nada se puede manifestar sin ella. Cuando ese principio de vida entra en contacto con la materia, aparentemente inerte, ésta se manifiesta y se expresa en múltiples formas y colores con su gran variedad de características y diseños que se observa en el universo, (Singh, 1977, p. 17).

Hallazgos de la antropología

Sobre el ser humano pesan millones de años de evolución, pocos de historia y muchos menos de ciencia acerca de su origen, desarrollo y fines. La antropología lo muestra como un derivado inmediato de los prehomínidos, familiar inmediato de los simios, gorilas y chimpancés, surgido por un acaso espontáneo, o hecho fortuito, o azar de la naturaleza y condenado a los determinismos de la corriente evolutiva, quizá ciega y sin fin. El hombre es, en realidad, un recién descubierto por la ciencia y por lo tanto el saber acerca de él es todavía incipiente. Darwin (1962) y toda la corriente evolucionista del siglo XIX y XX (Lamarck, Wallace, Huzley) lo ubican en la cima del árbol genealógico, como un derivado, un poco diferenciado, de los grandes monos, que arranca con la aparición de formas primitivas de vida en el océano y  que ascienden en la escala evolutiva a través de formas diferenciadas, adquiriendo nuevas estructuras y funciones, cada vez más complejas, adaptándose y transformándose de acuerdo a las condiciones y exigencias del medio ambiente (Wendt, 1981). La adaptación permanente como consecuencia de sus necesidades y el surgimiento de nuevos órganos y estructuras para realizar nuevas funciones tendientes a la conservación y a la supervivencia, es el caldo donde se teje la selección natural para prohijar nuevas criaturas y afinar la evolución. Los hitos del proceso evolutivo, en el caso de la hominización, son el bipedismo, es decir, la adquisición de la postura y la marcha erguida, la liberación de las manos como órganos de sujeción y prensión, el continuo avance en el desarrollo del neocortex cerebral y finalmente la adquisición y el desarrollo del lenguaje. La antropología se halla, al parecer, realmente en una encrucijada, pues, a guisa de mantener la teoría de la continuidad evolutiva está, incesante e infructuosamente, buscando ese eslabón en la cadena que le asegure que antes del hombre sólo existía el mono y que inmediatamente después sobrevino el hombre. Incluso ella misma casi ha renunciado a continuar esa búsqueda infructuosa y, a pesar de su afán y honestidad científica, los datos con los que ha intentado acercarse a esa realidad son incipientes, pues en la mayoría de las veces sólo se apoya en fragmentos de mandíbulas, porciones de cráneo o rudimentos de otros huesos del esqueleto. Hasta el presente no ha hallado el esqueleto completo de ese «pre» que inmediatamente después se hominizó; más aún, la distancia en tiempo entre el supuesto último hallazgo confirmador y la supuesta aparición del hombre en el planeta es tanta que las nociones de certeza se difuminan; según Velez (2004, p. 407) existe un lamentable vacío fósil entre las fechas  7 y 5 millones de años antes de hoy, período en el cual se supone que apareció el hombre, y solo se dispone de dos ejemplares pertenecientes a la época inmediatamente posterior a la separación de la rama prehominida de la del chimpancé.

Genética y ética

Otro nivel de comprensión de lo humano, en la forma en que la ciencia lo presenta, corresponde a los postulados biológicos, especialmente en lo que a la genética se refiere. Parece existir la concepción de que el genoma encierra todo lo que es posible decir y saber acerca del hombre y de la vida y, para demostrarlo, el proceso de indagación cada día abarca unidades infinitesimales, cada vez más pequeñas e imprevisibles; en esto la teoría molecular es un soporte. Es muy posible que en la cadena de nucleótidos con sus proteínas y aminoácidos estén contenidas las formas generales y variedades en que la vida se puede expresar y que corresponde a eso que llamamos especie, y es posible, también, que se contenga la información particular en que lo individual emerja; sin embargo, dicha información correspondería al substrato biológico, físico–material, necesario para la vida, pero que no representa la vida misma. Si bien las discusiones actuales giran en torno a las posibilidades que ofrece la investigación en biología molecular para contrarrestar enfermedades y tendencias malignas hereditarias lo mismo que para introducir informaciones en la secuencia de ADN de modo tal que se obtenga características y, supuestamente, cualidades deseables, algo que preocupa es la capacidad de manipulación del genoma que obtendrá la comunidad científica y la repercusión futura de la ingeniería genética (véase Habermas, 2010) y la biología sintética La clonación humana quizás resuelva en el futuro las similitudes físicas y todo lo relacionado con lo estrictamente orgánico, pero no forma dos individuos con similar comportamiento. Algo que sí preocupa, desde el punto de vista ético, es la manipulación de los embriones humanos con fines exclusivos de investigación y con la posibilidad de desechar, es decir destruir aquellos que no satisfacen los requerimientos del investigador (Ibid., p. 92). Se puede observar en todo este proceso una concepción puramente mecánica y biológica de la vida que proyecta hacia el futuro nuevos elementos de dominio y manipulación de la humanidad tal como lo expresa el profesor Gassen (1983) en su libro Técnica Genética (citado en Christusstat international,1993). “La técnica genética nos permite representar cualquier programa genético como un segmento de ADN en las cantidades que se desee y determinar su contenido informativo mediante secuenciación. Igual que con un juego de módulos, podemos alterar los seres vivos añadiendo elementos de ADN más grandes o más pequeños. La ventaja determinante de la técnica genética es la ganancia de tiempo. Los métodos de la técnica genética son increíblemente rápidos. De forma similar a como la fisión nuclear ha conducido a la bomba atómica y a las centrales nucleares, o la electrónica moderna ha cambiado nuestro mundo del trabajo, la nueva biología, y especialmente la técnica genética, acelerarán la construcción de seres vivos hechos según las condiciones que nosotros exijamos.” (Ibidem.)

Tratando de anticiparse a las posibilidades enunciadas en el texto anterior o similares, la Conferencia General de la UNESCO, en su sesión del comité internacional de bioética en 1995, elaboró el borrador preliminar  de una declaración  universal sobre el genoma y los derechos  humanos en la que reconoce que las aplicaciones de la investigación genética deben ser reguladas con miras a la guarda contra cualquier práctica eugenésica que vaya contra la dignidad humana y los derechos humanos… los resultados de la investigación en el genoma humano en ningún caso podrán ser utilizados con fines militares o bélicos (citado por Cabal, 1995), proclama, además, que “el genoma humano es la herencia común de la humanidad”. De su declaración de principios destaca el Artículo No. 2 que dice:

“a. El genoma de cada individuo (hombre o mujer) representa su identidad genética específica.

b. La personalidad de un individuo (hombre o mujer) no puede ser reducida sólo a partir de sus características genéticas.

c. Cada uno tiene el derecho a que se respete su dignidad y sus derechos a pesar de estas características.”

Fundamentos psicológicos

Dentro de las corrientes psicológicas, surge un enfoque de lo humano, que, si bien se aparta un poco de una fundamentación puramente biológica, reconoce en el instinto una gran fuerza creativa e impulsora del comportamiento humano: el psicoanálisis. De acuerdo a Fadiman & Frager (1979, pp. 3-50) Freud, creador del psicoanálisis, en sus estudios de la histeria (utilizando la hipnosis mediante el método catártico), descubrió que la concepción del hombre como ser racional había llegado a su fin y que era el momento en que la naturaleza humana, con sus elementos irracionales, su vida mental inconsciente y su complicada estructura mental, se abriera a la investigación. Identificó en el hombre problemas causados por el inconsciente como la neurosis y distinguió dos tipos de instintos: el Eros y el Tánatos y las energías a su disposición; identificó los mecanismos de la personalidad y la dinámica de la mente, factores estos, igual o más determinantes que los factores sociales, del comportamiento humano, demostrando así que el hombre no estaba directamente condicionado por la sociedad. Freud veía al ser humano como un sistema cerrado movido por dos fuerzas: los impulsos de autoconservación y los instintos sexuales. Los impulsos sexuales tienen sus raíces en los procesos químico-fisiológicos. Para Freud (véase Fromm, 1970, pp. 52-74) el hombre es, en primer lugar, un ser incomunicado, cuyo principal motivo es la satisfacción completa de su yo y su naturaleza libidinal; en segundo lugar, el hombre es también un ser social, porque necesita de otras personas para la satisfacción de su impulso libidinal, así como para el de autoconservación. Freud centra su teoría acerca del comportamiento del hombre en los instintos y en la sexualidad para explicar todas sus conductas desde cuando nace, en su desarrollo y hasta la muerte.

En Freud prima una visión determinista de lo biológico sobre lo psíquico. En realidad, considera que no hay manifestación psíquica que no tenga causalidad orgánica o cuyo fundamento no esté en el cuerpo. De este modo apoya, de alguna manera, el impacto filogenético sobre las generaciones sucesivas y llega a aceptar lo que en la Teoría Darwiniana se estableció como principio: la transmisión de las características adquiridas por procesos de adaptación, sólo que en Freud éste las transfiere al campo psicológico como transmisión, vía parental, de las informaciones inconscientes adquiridas por generaciones anteriores (Fadiman y Frager Op. Cit.). En el mismo texto se menciona que al planteársele a Freud el dilema de considerar al YO con contenidos y origen, que trasciendan lo físico, responde que como científico le preocupa la relación del YO con el cuerpo, que su componente metafísico no le llama la atención ni es de su incumbencia. Freud, según Fromm (Ibidem,1970), era un determinista que no creía en la libertad del hombre ya que este es dominado por su aparato psíquico, especialmente por el inconsciente, el superyó y el ello, dominio que se superaría con el psicoanálisis, facilitando que el ser humano aceptara sus sentimientos, reprimiera menos, sublimara más y mantuviese más control sobre su inconsciente.


Referencias

  • Darwin, Charles (1981). El Origen del hombre. México: Tercera Edición, Mexicanos Unidos. (p. 195)
  • Fadiman, J. & Fraguer, R. (1979). Teorías de la personalidad, México: Harla. (p. 520)
  • Fromm, E. (1970). La crisis del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidos. (p. 237)
  • Gassen (1993): Tecnica Genética, en Chrisstusstaat International No 10, Marzo, Wurzburg: edición en español (p. 16)
  • Habermas, Jürgen (2010), El futuro de la naturaleza humana. Hacia una eugenesia liberal? Paidos, Buenos Aires (p. 143)
  • Oparín, A. J. (2000). El origen de la vida en la tierra. Bogotá: El Pensador Editores Ltda. (p. 68)
  • Prigogine, I. & Stengers, I. (2017). Orden fuera del caos. España: Verso books. (p. 352)
  • Sagan, C. (1982). Cosmos. Barcelona: Sexta Edición. Planeta. (p. 366)
  • Singh, K. (1977). La corona de la vida. Tilton, New York: Segunda Edición. Sant Bani Press. (p. 266)
  • Wendt, H. (1981). Del mono al hombre. Barcelona: Bruguera. (p. 325)
  • Velez, A. (2004). Del big bang al homo sapiens, Bogotá: Villegas editores S.A. (p.  574)

Créditos

Foto de NEOM en Unsplash

Este blog nace del deseo de compartir con un público más amplio mis inquietudes acerca de la formación del líder. Considero que hoy día dicha formación está siendo manoseada y manipulada por toda clase de agentes de la publicidad y del poder con el objeto de ubicar en la sociedad y en las empresas personas adocenadas y sustentadoras de fines puramente económicos que no resuelven la totalidad y diversidad de las profundas inquietudes humanas. Considero que la formación del líder debe incluir variables provenientes de muchas fuentes, especialmente de las ciencias sociales y humanas, al igual que del arte y de la filosofía, sin excluir la practicidad de las funciones propiamente administrativas. El fin primordial de dicha formación debe ser dotar a los estudiantes de una conciencia de servicio y una capacidad de fertilizar el ámbito social generando tolerancia, convivencia y armonía.

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