A lo largo de unos cinco a seis temas próximos, estaremos escribiendo acerca del conocimiento del ser humano, como requisito esencial para el desarrollo adecuado y eficaz de las relaciones entre el hombre, las organizaciones y la sociedad y como exigencia real para la construcción y desarrollo de un efectivo liderazgo. Presentaremos, en forma breve, la aproximación a lo humano, que, desde las ciencias naturales y sociales se tiene actualmente, y señalaremos algunas de sus carencias y la visión fragmentada que cada ciencia en particular tiene al respecto. Plantearemos, en consecuencia, la necesidad de comprender al ser humano no sólo en su dimensión físico-biológica sino también en su dimensión psíquica y espiritual, dimensiones estas que deben ser tenidas en cuenta en la dirección de las personas y de las organizaciones por parte de todos aquellos que ejercen funciones de jefatura y liderazgo; abogaremos, igualmente, por una visión unificada de las ciencias que hablan del hombre y su desarrollo de modo tal que se le pueda comprender integralmente.
Se pretende, en consecuencia, que aquellos quienes tienen responsabilidad por personas en la sociedad y en las organizaciones que la constituyen, deben tener o procurarse una formación que contemple, como eje articulador del currículo, además de una excelente formación profesional, una visión integral del ser humano y un saber de sí mismo para hacer de la función directiva y gerencial un modelo de gestión y de liderazgo que favorezca el desarrollo humano y que armonice la relación entre hombre, naturaleza y sociedad.
…dijo el zorro al Principito: “lo esencial es siempre invisible”.
Saint Exupery, El Principito, Abril de 1943
Introducción
Para captar en profundidad la relación entre el hombre y la organización es pertinente iniciar una búsqueda de lo esencial de esa relación y por ende hablar de ello. Se parte del hecho de que lo esencial de dicha relación es que ella este basada en un conocimiento integral del ser humano, viéndolo como una totalidad física, mental y espiritual, y entendiéndolo como eje transformador de las organizaciones y de la sociedad. Para este fin es importante una aproximación a la visión que las ciencias naturales y sociales han tenido del ser humano: mostrar cómo lo conciben, cuál es su visión unificadora, las carencias en su concepción y comprensión.
La organización, en este caso, empresa productora de bienes y servicios, y la sociedad, son creaciones del ser humano y por lo tanto son fruto de la misma comprensión y conocimiento que posee el hombre de sí mismo. Incluso el mismo ser humano, desde el punto de vista cultural, es una creación de sí mismo a partir de todas las concepciones teóricas e ideológicas que lo determinan.
Cuando se quiere destacar lo esencial, para la comprensión profunda de dicha relación, se quiere señalar que hay algo en las organizaciones : (en su dirección y manejo, en los recursos y procesos, en la información y en las relaciones, en sus resultados y proyecciones, en sus objetivos y su impacto en el medio ambiente y en la sociedad) que siendo lo más importante tiende a descuidarse, o si se conoce, se maneja mal, bien porque se ignora, porque no se le da la importancia que ello requiere o porque no se tiene la preparación y educación que permita descubrirlo y realizarlo al interior de las mismas. También porque acerca de dicha relación se tiende a dar una visión reducida. Esta situación es aplicable es aplicable también a la sociedad en general. Parece, pues, que es difícil atender lo importante en las organizaciones y en la sociedad, y de este modo se descuida y se ignora lo esencial.
Descubrir lo esencial es conocer la relación, lo que realmente media y vincula los hechos y situaciones de un modo profundo y diferenciador. En el caso de la ciencia lo importante es conocer la relación que vincula dos o más hechos, de allí surge la ley y se establece la teoría. Del mismo modo en la vida social es importante conocer la realidad que vincula los hechos y trabajar con eso que por lo general permanece oculto al ojo común.
Entre las muchas razones por las cuales no se percibe lo esencial se destacan las siguientes:
Sólo se ve la superficie de las cosas, personas o situaciones.
Se tiende a ver sólo lo común y perdemos de vista lo particular, lo individual y sus íntimas conexiones.
Se tiende a ver únicamente las diferencias y se analiza y, consecuentemente, se separan y pierden las conexiones vinculantes.
También porque la educación no ha preparado para captar lo esencial.
Hay muchas razones más pero las anteriores ayudan a comprender que estas dificultades del conocimiento se pueden superar cuando se tiene el sentido de unidad que vincula todo, cuando se reconoce la individualidad que reviste la identidad y la particularidad, y cuando se tiene visión integradora.
¿Cómo captar, entonces, lo esencial en la relación hombre-empresa, hombre sociedad? ¿Qué es lo esencial en dicha relación? Será que para captar lo esencial en esta será suficiente su comprensión en los términos en que algunos teóricos (Dávila, 1985; Echeverry, 1977; Aktouf, 1970) la definen? ¿Serán los objetivos de la empresa lo esencial?, ¿será acaso el empleado, el ciudadano, el producto, los procesos, la información, las leyes, las convenciones, el poder, la autoridad? Ciertamente, hay cosas por redefinir y reconceptualizar en su correcto sentido.
¿Es el hombre lo importante en la empresa?, ¿es adecuada la función que ella tiene en la economía? Cuando se dice que algo es lo más importante es necesario plantearse la óptica desde la cual se le mira y las corrientes teóricas que lo sustentan. El carácter de esencial debe corresponder, entonces, a una comprensión significativamente profunda de aquello de que se habla. Importante no es igual a esencial.
En búsqueda de lo esencial en las organizaciones
Para empezar es conveniente aproximarnos someramente a las dificultades por las que ha pasado la comprensión de lo esencial no sólo a nivel de las instituciones de la vida económica, social y cultural sino de las teorías, disciplinas y saberes que lo sustentan. Tradicionalmente la empresa u organización ha sido considerada como un órgano o institución de la vida económica, y por lo tanto su definición ha estado basada en los productos o servicios que entrega al mercado o al consumidor final. Se la ha definido como productora de bienes y servicios en el campo comercial, industrial o de servicios propiamente dicho. La anterior es una definición muy reducida de lo que es y puede ser una empresa pues no contempla lo que se halla detrás de esos productos ni tampoco el medio al cuál van esos productos. Parecería que a la empresa no le importaría tener en cuenta esto. Sin embargo la realidad es que la empresa elabora productos y bienes a partir de las facultades, habilidades y capacidades de los seres humanos, quienes conjuntamente producen los bienes elaborados o los servicios basados en sus conocimientos y motivaciones y, posiblemente, en los incentivos para producirlos y los entrega a una sociedad que no sólo los necesita para satisfacer necesidades humanas sino también para avanzar en su evolución y desarrollo
Si se acepta que estos dos elementos (el producto y quien lo hace), le dan sentido a una empresa, se tendría una relación que de algún modo permite mediar entre un ser humano con todo lo que lo constituye y un producto que es resultado tanto de sus constituyentes humanos como de la tecnología y los medios puestos para lograrlo. El trabajo es, según Steiner, espíritu cristalizado (Steiner, 1972) porque no se agota en el consumo físico del ser humano sino que se amplía al aporte anímico y espiritual que el trabajo requiere.
Por otra parte, cuando se observa la relación hombre – producto es evidente que esta surge en un contexto cultural, legal y económico en el cual dicha relación se hace posible. El hombre está en la empresa parahacer algo pero esta también paraser alguien y para estar con otros en propósito de algo. Todos estos contextos plantean entonces que la empresa no es sólo una institución de la vida económica sino que también manifiesta la vida cultural de la comunidad y la vida de derechos y deberes que en ella existe.
Una forma, entonces, de empezar a definir la empresa es entenderla como productora de bienes y servicios, realizados a partir del uso creativo de las facultades y capacidades humanas, de modo tal que en ella se sirva al hombre, a la sociedad y a la naturaleza, generando respeto, equidad y servicio y produciendo de este modo armonía social. ¿Qué es entonces lo importante en la empresa?: ¿el producto?, ¿quién lo hace?, ¿para quién se hace?
Dado el exceso de racionalismo o mejor, el reduccionismo racionalista actual, cuando se entiende que una empresa está orientada a la producción de bienes la tendencia es a asimilar bienes con cosas, por lo tanto la empresa sería productora de cosas. La palabra producción de servicios puede contemplar además de la producción de cosas la producción de otros elementos diferentes que a la larga tienden a ser cosificados, por ejemplo, servicios educativos, de asesoría, etc. Lo característico es que todo lo que puede ser cosificado también es y puede ser cuantificado, y en esa concepción la empresa especifica un valor para aquello que produce teniendo en cuenta los recursos invertidos. Según Monroy (2011) en la tradición de cosificar lo que se hace y lo que se produce, la empresa ha tendido a no ver más que aquello que puede ser materializado como producto o como valor asignado al producto; y ha asimilado igualmente al que produce los bienes, en este caso el hombre (empleado, trabajador) como una cosa que puede ser cuantificada y tenida en cuenta en las diversas variables que incurren en la producción. Se ha llegado por este medio a una cosificación generalizada en la que todo vale, todo tiene precio, todo tiene categoría de producto o mercancía.
Si adelantamos un paso y contemplamos que lo que sustenta a una empresa no es el producto que hace sino los hombres y mujeres que lo producen a diferentes escalas de la organización y a diferentes niveles organizacionales, esa visión empieza a salirse del margen estrecho de la cuantificación y contempla variables intangibles, inmedibles, imponderables; contempla variables que las ciencias humanas y sociales tratan de develar pero que con toda la instrumentación y la teoría subyacente no lo consiguen sino superficialmente. Por lo tanto, se está aquí enfrentado a un mundo que escapa a los medios rutinarios, tradicionales y científicos de abordar el conocimiento: el mundo humano, el mundo social, el mundo cultural; un mundo donde existen variables ocultas (no paramétricas) que operan en el contexto de la vida social, humana y cultural y que es necesario considerar cuando se refiere a ello (Buber,1970; Nicol, 1998).
Mirada así, la empresa está orientada por una parte a la producción de cosas, de artefactos y mercancías que tienen un sentido en el mercado y que van orientadas a un consumidor final. Este ciclo se repite una y otra vez desde la producción hasta el consumidor final con su consecuente valor y retorna otra vez a la producción para generar más productos con igual o mayor valor para el consumidor. Pero esto no es sino la punta del iceberg de la empresa; hay más, y es que la realidad de la producción está soportada por todo el componente psíquico, sociológico y cultural de las personas y grupos que constituyen la empresa, como también de los valores característicos de la cultura del entorno que la rodea: proveedores, clientes, gobierno y sociedad en general. Si bien el factor primero, el de las cosas, es importante, el de las personas, los grupos y la comunidad en general no lo es menos; y ha sucedido últimamente que al enfatizar el primero se ha descuidado el segundo y no se han encontrado los medios, los modos y procedimientos para orientar esfuerzos hacia una real y verdadera productividad en consonancia con el hombre, con la sociedad y con la naturaleza. De este modo podríamos decir que algo que es importante, el ser humano, el individuo, ha sido descuidado en la empresa, en la comunidad y en la sociedad: en general, ha sido puesto en un segundo plano, quizá descuidado o mal comprendido dado el soporte teórico que fundamenta su conocimiento, agenciado, este, por reduccionismos de diferente especie con lo cual sólo se consigue instrumentar a la gerencia y a los líderes y dirigentes para lograr mayor productividad y mejores rendimientos.
Referencias
- Aktouf, O. (1966). La administración entre la tradición y la renovación. Cali: Universidad del Valle. p. 483.
- Buber, Martin (1970): ¿Que es el hombre? Fondo de cultura económica, México p. 151.
- Dávila, L. de G., C (1985). Teorías organizacionales y administración. Enfoque crítico. Bogotá: Interamericana. p. 237.
- Echeverry, R. D. (1966): En búsqueda de una administración para América Latina. Universidad del Valle, HEC. Colección Administración y sociedad, Vol. 1, p. 257
- Monroy, L. (2011). Formar al hombre formar al líder. Cali, Colombia: Facultad de Ciencias de la Administración, Universidad del Valle, p. 315.
- Nicol, Eduardo (1998): La idea del hombre. México: Fondo de cultura económica, p. 417.
- Steiner, R. (1972). La estructura ternaria de la sociedad. México: Antroposófica, p. 189.


