Dimensiones formativas
Para delinear lo que puede ser una adecuada formación del hombre y del líder es necesario, en armonía con nuestros planteamientos anteriores, contemplar unas dimensiones que la conciban como una formación integral y que genere la posibilidad de enriquecer los currículos y las experiencias formativas con el contenido que hará viable los logros esperados. Las dimensiones que han de fortalecerse, en consecuencia, en dicha formación son: la técnico-profesional, la humano-social, y la de autoconocimiento. Dichas dimensiones están soportadas respectivamente por los saberes técnico-profesional, humano-social y el saber de sí mismo.
Dimensión técnico-profesional
Esta dimensión está integrada por el dominio de los conocimientos, las técnicas, las tecnologías y las herramientas propias de la profesión o del saber que se maneja. Incluye, además, los métodos de acceder al conocimiento, y el dominio de los principios fundamentales en que se sustenta el cuerpo disciplinar o profesional del saber respectivo. Esta dimensión no se sustenta, exclusivamente, en un saber académico o reconocido formalmente; incluye todo tipo de saber que el individuo apropia para sí y del cual, por lo general deriva su sustento o, por lo menos, su relación inmediata con los demás seres humanos. Es la excusa válida para iniciar una relación en la que intermedia un servicio, una paga y un compromiso y es la que justifica la inserción en la vida económica y laboral de la sociedad. El saber que le corresponde es el técnico- profesional.
Dimensión humano-social
Está integrada por el conocimiento de los fundamentos de las disciplinas sociales, humanas, artísticas y filosóficas que concurren a la formación del hombre y del líder. Este ámbito humano-social debe manejarse con enfoque interdisciplinario, resaltando sobre todo las diferentes visiones explícitas o implícitas en cada una de ellas. El acto de liderazgo es esencialmente un ejercicio de relación interpersonal en el que la concepción de lo humano y los modos consecuentes de dirigirlo y guiarlo hacia metas y objetivos guardan una estrecha relación. Por lo anterior, las ciencias sociales y humanas a través de las diferentes disciplinas contribuyen a la formación de la inteligencia social y humana tan necesaria al liderazgo efectivo. Sin embargo, esta formación no debe ser una legión de cursos inconexos, más bien deben estar integrados en torno a problemas o situaciones que favorezcan la comprensión de las variables que concurren a un hecho y los efectos del mismo en el tiempo y que permitan al líder interpretar adecuadamente los diferentes fenómenos de orden cultural, político, social y humano que ocurren en el seno de su organización y en su entorno. Todo el marco de referencia obtenido a partir de esta dimensión contribuirá a desarrollar una fina capacidad para dirigir personas, resolver conflictos, interpretar comportamientos individuales y colectivos y afirmar el desarrollo institucional impulsando así la madurez social. El saber que le corresponde es el humano-social.
Dimensión de autoconocimiento
Esta dimensión es importante en tanto sugiere un principio importante para el eficaz y efectivo ejercicio del liderazgo y consiste en que sin un buen conocimiento de sí mismo no es posible dirigir a los demás. La formación en liderazgo requiere, pues, que de diversas maneras y modos pedagógicos el líder tenga acceso a sí mismo, se comprenda, resuelva congruentemente sus conflictos y, en consecuencia, armonice su pensar con su sentir y su actuar de modo tal que en sus acciones se exprese íntegramente como ser en desarrollo, con preocupación por alcanzar lo mejor de sí mismo y posibilitar lo mismo en los demás. El saber que le corresponde es el saber de sí mismo.
Para una mayor comprensión de cómo operan estas dimensiones y su relación con las variables formativas y los efectos curriculares que su interjuego produce (véase Figura 1).

Efectos formativos y variables formativas
Como resultado de la interacción de los diferentes saberes que concurren a la formación del hombre y del líder, se generan efectos formativos que definen modos de acercarse al conocimiento de las diferentes realidades que circundan la vida personal y social así:
De la interacción del saber técnico-profesional y del saber humano-social se genera el efecto formativo Científico-Social. Por ello entendemos la capacidad que el currículo y la acción formativa deben brindar al alumno, a través del proceso educativo, para acercarse a los diferentes escenarios de la vida social donde él interactúa, de modo tal que sea capaz de observar, apreciar, diagnosticar y establecer relaciones entre hechos observados y derivar conclusiones con fines diagnósticos y de solución. Este proceso formativo es algo que podemos entender como incipiente en las primeras fases educativas, pero que se incrementa en la medida en que se avanza en niveles superiores de educación. Debemos entender, también, que este efecto formativo es tan necesario a las formaciones propias de las disciplinas del campo social como a las del campo de las ciencias exactas, pues es en estas últimas donde existen más fallas debido a la visión puramente objetiva que aplica sus resultados en la vida social y humana sin considerar consecuencias.
El currículo debe brindar al estudiante las herramientas metodológicas, teóricas, cuantitativas y cualitativas mínimas, para acercarse a la realidad social y organizacional de la cual él mismo forma parte, para que pueda investigarla y conocerla y contribuir con su aporte a soluciones. Este efecto formativo requiere desarrollar en el estudiante:
- Disponibilidad y capacidad para el aprendizaje permanente.
- Sensibilidad hacia los hechos económicos, sociales, políticos y culturales que afectan a la sociedad y a las organizaciones de su tiempo.
- Capacidad para introducir en su trabajo procesos mínimos de búsqueda e investigación a partir de parámetros propios de las ciencias sociales.
Con esta formación se pretende generar capacidad para hacer ciencia en lo social, sujeta, ésta, a la mayor o menor disponibilidad de herramientas de acuerdo a la etapa de desarrollo del individuo, al nivel educativo en que se halle y a la mayor o menor vocación hacia este campo del saber.
El efecto formativo científico-social está cruzado con el saber de sí mismo a través de la variable formativa Investigación-Intuición, que denota, por un lado, el énfasis que el currículo debe dar a la formación científica de los seres humanos vinculados a procesos formales de educación en los diferentes niveles, modalidades y disciplinas profesionales y, por el otro, a la creación de los espacios curriculares, abiertos u ocultos, para que el ser humano desarrolle capacidad de auto reflexión, confrontación personal y autoconocimiento. Esta es también una ciencia con lógicas y parámetros propios.
De la interacción del saber humano-social y del saber de sí mismo se genera el efecto formativo Arquitecto-Social, que le facilita acercarse a la vida de la sociedad, de las organizaciones, del hombre y de las instituciones, con capacidad para rediseñarlas y reorganizarlas, modificarlas o transformarlas, modelarlas o recrearlas. Este efecto formativo conduce a que el currículo en las diferentes fases del proceso formativo, brinde las experiencias necesarias para que el alumno se acerque al hombre, a la sociedad, a las instituciones y a las organizaciones, con conocimientos, habilidades, y destrezas que le faciliten no sólo una comprensión de los procesos humanos envueltos sino con herramientas para reestructurar el orden, la armonía y la convivencia a partir de propuestas reordenadoras y reestructuradoras de la sociedad.
El efecto formativo Arquitecto-Social está cruzado con el saber técnico-profesional a través de la variable formativa Creatividad–Practicidad, lo cual contribuye a formar personas con capacidad de brindar, por un lado, respuestas prácticas, coyunturales, inmediatas y eficientes derivadas del conocimiento disciplinar que se posee y del dominio de las herramientas necesarias para ello y, por el otro, respuestas creativas e innovadoras que se aparten de los marcos de referencia ineficaces y que aportan en el sentido de la transformación y el cambio; aquí el líder debe ser, entonces, un artista, un diseñador, maestro de obra, escultor, capaz de contribuir a recrear los elementos dispersos de la trama social de modo que ella corresponda al ideal o se acerque a la visión que lo anima.
De la interacción del saber de sí-mismo y del saber técnico-profesional surge el efecto formativo Gestor-Facilitador, que le capacita para realizar, tanto en la vida profesional como en la personal, actuaciones orientadas a resolver necesidades provenientes de seguidores, clientes, instituciones y empleadores, como también las propias derivadas de procesos de desarrollo personal. De otra parte, este efecto formativo contribuye a que la persona por tener un saber o experticia, facilite medios y recursos para que quienes están bajo su tutela realicen tareas conducentes a fines y propósitos esclarecidos a través del liderazgo.
El efecto formativo Gestor-Facilitador se cruza con el saber humano-social a través de la variable formativa Sensibilidad-Comprensión denotando cualidades propias del hombre y del líder, ubicados estos en los contextos de las disciplinas y saberes que concurren a la formación del hombre. Esta variable formativa conduce a formar en el alumno una sensibilidad a los hechos sociales y humanos, y debe proveer la comprensión suficiente que mueva a la acción o realización de hechos conducentes a la solución de las necesidades, problemas o conflictos, en los diferentes contextos en que el ser humano se desenvuelve.
En el modelo formativo propuesto la interrelación entre saberes, efectos formativos y variables formativas, conduce, en forma sintética, a un Saber Hacer, a un Saber Estar y a un Saber Ser, todo lo cual concluye en la formación específica, general y universal del ser del hombre y del líder.
Modelo curricular para la formación del hombre y del líder
Avanzando en nuestra comprensión de la formación del hombre y del líder, nuestro modelo curricular esta configurado, por una parte, por una concepción del hombre, de la educación y de la sociedad, y por otra, como base para la estructuración del currículo, una fundamentación sobre el papel de la ciencia, el arte y la religión. A través del plan de estudios y en los diversos niveles educativos y en las diferentes etapas de desarrollo del ser humano, el currículo debe aportar las suficientes, necesarias y sabias dosis de los componentes que constituyen los campos del saber que concurren a la formación del hombre. Dichos componentes son el natural, el científico, el humanístico, el artístico, el filosófico, el matemático y el tecnológico, que en su conjunto, y a través de la vida, ayudan a desarrollar una concepción del mundo, del hombre y de la sociedad por un lado, y por otro, una concepción de la vida, la ciencia y la tecnología, (Ver Figura 2).
Como resultado de todo el modelo se llega a la formación de un profesional práctico, humanista, con conocimiento de sí mismo y capaz de actuar en la vida social y en el campo propio de su disciplina, aportando soluciones no sólo eficientes, sino creativas, éticas y estéticas.
El efecto social neto de este modelo formativo para el hombre y el líder es la formación de un hombre:
- Autosuficiente en lo económico, competente para realizar un trabajo que le remunere lo suficiente para satisfacer sus necesidades primarias o biológicas y para asumir gran parte de sus necesidades sociales. En este nivel se genera un campo de autonomía material muy importante para aspirar a otros niveles de realización personal.
- Convivencial, capaz de generar y distribuir armonía en el conjunto social al que pertenece, capaz de arbitrar conflictos a su escala y capaz de tolerar y aceptar las diferencias en un marco de desarrollo participativo y democrático.
- Libre, capaz de actuar éticamente, de modo tal, que su acción esté signada por lo correcto y lo que contribuya al desarrollo armónico de su ecosistema natural y social. En este espacio de libertad debe existir la suficiente capacidad para erigirse a sí mismo como sujeto de conocimiento y construir su desarrollo personal liberándose de los pequeños egos que contribuyen a expandir la vanagloria, la intolerancia y la terquedad.

La educación debe, pues, formar seres humanos física, emocional, intelectual y espiritualmente capacitados para ejercer un verdadero y constructivo liderazgo.
Asumiendo, entonces, que una educación excelente e integral, no forma lideres sino personas, que descubren y asumen su vocación y su misión en el mundo, tomando como compromiso la solución de las disfunciones en una sociedad dada, y aceptan las exigencias y sacrificios que este papel impone, podemos pensar, de acuerdo a la sustentación de este modelo educativo que una educación que, a través del currículo, le brinde al estudiante una excelente formación técnico-profesional, una formación humano-social significativa; y una comprensión de sí mismo, con modelos pedagógicos que afirmen la madurez y el desarrollo en esos tres dominios, puede contribuir a la formación de un ser humano autosuficiente, en primer lugar, capaz de relacionarse maduramente con los demás, creando espacios de convivencia, tolerancia y construcción social, en segundo lugar, y finalmente, con capacidad para construir su vida personal con apoyo en su autoconocimiento, mejorando y superando los déficits caracterológicos, temperamentales o culturales que le limitan el ejercicio pleno de su individualidad.
Un modelo educativo así conduce a que el ser humano connote su comportamiento con las características de liderazgo.
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