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Etapas de desarrollo del ser humano

Existe una relación estrecha entre la forma en que concebimos el desarrollo del ser humano y su correspondiente educación. Hablar del desarrollo del ser humano por otra parte, significa tener una visión del mismo, su razón de ser, lo que lo constituye y el  sentido de su vida en el planeta. Una deficiente visión del ser humano contribuye a marcar su desarrollo dentro de parámetros estrechos y, consecuentemente, a instalar una educación deficiente y empobrecedora del mismo. El patrón de desarrollo del ser humano es el de crecimiento a nivel físico, madurez a nivel psicológico y desarrollo continuo de su vida espiritual. Todo esto puede verse truncado o impedido por muchas circunstancias tanto personales como sociales. La tendencia en general es el logro de mayores niveles de adultez y, como es obvio, este concepto está íntimamente vinculado con las características sociales, económicas y culturales de una comunidad dada.

Si como hemos venido sugiriendo en el presente estudio, el ser humano está integrado por cuerpo, mente y espíritu, es comprensible que la educación debe atender esa triple estructura del ser humano; más aún, debe atender la plenitud humana dando a cada uno de sus componentes la importancia que se requiere en cada fase del desarrollo.

Rudolf Steiner, científico, filósofo y educador austriaco fallecido en 1925, ha sido uno de los autores que ha trabajado con más acierto la relación entre educación y etapas de desarrollo. Sus investigaciones han generado amplias aplicaciones a los campos de la educación, la salud, la agricultura, y la medicina. Actualmente existen más de tres mil escuelas en el mundo que orientan su método pedagógico a partir de los postulados de Rudolf Steiner.

Según Steiner (Véase Lievegoed, 1979) el concepto de desarrollo es de especial importancia en su visión del mundo y de la humanidad, él se apoya en la concepción de Wolfang Goethe sobre la metamorfosis biológica y en la teoría de Frederic Schiller sobre la naturaleza ternaria de los impulsos mentales humanos. Para Steiner, el cuerpo, con leyes predeterminadas de desarrollo, es creado en un largo período evolutivo, y la mente, que ha llegado a ser consciente en el ego humano, está dirigida hacia el futuro y se impulsa hacia la libertad. Entre los dos se encuentra el alma. El entiende el desarrollo del ser humano en diez períodos de siete años y asume que en cada período se desarrolla una nueva forma de ver y comprender el mundo. Es importante anotar que esta división en períodos de siete años no es algo fijo, son promedios, distancias ideales alrededor de las cuales avanza la transformación y el desarrollo de los individuos. Para él, igualmente, el desarrollo no transcurre en forma continua sino que presenta saltos, discontinuidades con aceleraciones y retardos, correspondiendo todo ello al carácter individualizado del desarrollo de cada ser humano, el cual debe ser objeto de la atención por parte de la educación. Si bien Rudolf Steiner genera la concepción de los septenios, es uno de sus discípulos, Bernard Lievegoed (ver Lievegoed, 1979) quien integra la visión de Steiner con las perspectivas psicológicas de la vida moderna y las aplica tanto a la educación como al desarrollo del ser humano en las organizaciones de trabajo. Para una mayor comprensión, y con base en esta concepción, dividiremos el desarrollo del ser humano en tres grandes etapas de veintiún años cada una, tal como lo especifica Livegoed (Ibid.) y señalando características específicas de cada septenio conforme al patrón definido por Steiner (1973),  y consecuentes con su comprensión de que cada septenio marca un hito experiencial para cada ser humano y surge en él un nuevo órgano de percepción y captación del mundo.

Primera Etapa: 0- 21 años. Fase acumulativa

El ser humano se enfrenta a su desarrollo no sólo como ser individual con mente particular en la que se graban sus más profundos anhelos y aspiraciones vitales, dotado con unas condiciones biológicas y un potencial psíquico y espiritual, sino que encuentra y se enfrenta, después de nacer, a una sociedad donde existen posibilidades y limitaciones a su desarrollo.

El niño al nacer no es una tabula rasa, trae memorias subconscientes e inconscientes al igual que capacidades potenciales que se manifestaran  a lo largo de su desarrollo. Nace en una situación de indefensión total pero tiene el amparo del adulto que lo protege y lo cuida. Sus primeros logros son conquistar el andar, el hablar y el pensar, algo que realiza como un hito significativo y en forma muy individual entre los 0-3 años. Con la conquista del andar empieza el camino hacia la libertad que le permitirá explorar el mundo en derredor; con el hablar ira adquiriendo la capacidad comunicativa que facilitara la convivencia y la expresión plena del pensamiento al igual que el logro de una identidad nacional y la asimilación de una cultura; y con la emergencia del yo, personal e íntimo, podrá poco a poco expresarse como ser único e irrepetible en el mundo del dialogo y de las ideas a lo largo de su vida posterior.

La energía para el aprendizaje en sus primeros siete años es la imitación, hay una fuerza volitiva que lo induce a querer hacer lo que los adultos hacen, esto sustentado por la confianza que en ellos tiene y por la vivencia y percepción de que el mundo es naturalmente bueno.

El crecimiento físico va casi  a la par que su madurez sicológica y casi parece que dependieran mutuamente. Sucede que en muchos casos el desarrollo parece estancarse por un breve tiempo para después saltar con manifestaciones de madurez síquica o física, por ejemplo, la partida de un ser querido impulsa logros en su aprendizaje de las matemáticas específicamente la división, o una fractura  puede producir el mismo evento. Por lo anterior hay que entender que el desarrollo es individual en cada ser humano aunque conserva patrones generales.

Las tres grandes energías que constituyen el siquismo humano: el pensar, el sentir y el querer se manifiestan en proceso inverso a lo largo del desarrollo en la primera etapa. El niño es volitivo inicialmente y ello es lo que dinamiza su movimiento en pos de conquistar el domino del mundo que le rodea, y aunque manifiesta paulatinamente su sentir y pensar estos tienen cabida especifica según la edad, así: en el primer septenio domina la voluntad, en el segundo el sentimiento y en el tercero el pensamiento, sin embargo en cada septenio se hallan todos representados.

La capacidad imitativa, que domina en el primer septenio, y que constituye el motor del aprendizaje debe ser apoyada por la veracidad del adulto a quien él toma como ejemplo sin discusión. La actuación correcta de este es colofón necesario para que el niño crezca en confianza con el mundo que le rodea y para asumir con valor las experiencias de aprendizaje que esta relación le provee. El mundo del niño será tal y cual como el adulto se lo muestre, de ahí la enorme responsabilidad que tienen los padres y familiares en generar hábitos, costumbres y modos de acción correctos en el niño.

Hacia los siete años el niño percibe que el adulto sabe hacer cosas, ya lo había observado en el hogar, al lado de su madre o de su padre, ahora lo extiende a una comunidad mayor. De ese saber hacer del adulto, que el niño quiere imitar,  surge respeto hacia él  y lo reconoce como autoridad que puede enseñarle; así, el niño se halla preparado para la escolaridad y para la aceptación incondicional de la dirección de su profesor  o maestro. Su pensar esta revestido de fantasía creadora en la que los objetos toman la forma que él les confiere: una cajita de madera es un barco, un palo de madera es una espada, él mismo vive diferentes personajes. Esta fantasía creadora es alimentada muy sabiamente por los cuentos de hadas, y las fabulas en los que él se recrea una y otra vez. A través de ellos se manifiestan principios morales acerca del trato y lo correcto que calan profunda y silenciosamente en el alma del niño estructurando su siquismo saludablemente.

El niño en etapa escolar se enfrenta a un nuevo mundo donde las relaciones enfatizan la necesaria socialización, superando el egocentrismo en que se hallaba al considerarse el centro del mundo. Aquí empieza una fase de socialización donde el reconocimiento del otro, la importancia del tú, reviste un aprendizaje de reglas y normas de buena convivencia. Aunque la fantasía creadora persiste, el niño capta el mundo en imágenes que deben ser henchidas de riqueza creativa por sus maestros. Aquí hay que resaltar la importancia de la palabra hablada, la expresión artística del lenguaje para que lleve en imágenes pictóricas semblanzas de valor, prudencia, tolerancia al alma del escolar. De allí la importancia de los mitos y las historias de héroes que se han destacado en la humanidad.

El niño hacia los nueve años siente una escisión con respecto al mundo. Ha perdido ese sentido de unidad con él, que antes lo protegía y lo amparaba. Empieza a sentir algo de soledad en la medida en que sus sentimientos empiezan a acrisolarse. Esa sensación de separación genera temores porque se avizora como algo a lo que hay que enfrentarse y develar en sus más recónditos misterios. El profesor debe ser alguien a quien él guste de emular y para ello lo ha dotado de la suficiente autoridad para que él lo guíe en el conocimiento de ese mundo cuasi objetivo que se le esta mostrando. La naturaleza se le manifiesta tentadora y quiere desentrañar sus recónditos misterios, no todavía de un modo científico pero si en la manera en que él se aprecia como un miembro más de ella. Nace en el escolar su espíritu crítico en la medida en que califica las cosas y situaciones que se le manifiestan, aunque no lo justifique plenamente. Es la época de la enseñanza de las ciencias naturales y de la historia. La clase debe estar saturada de espíritu artístico pues el escolar es sensible a la modelación que el arte, en sus múltiples expresiones, hace en su fisiología y en su siquismo.

Hacia los doce años el escolar inicia la pubertad y el mundo se le antoja separado de sí mismo pero a quien hay que conquistar. Nace el afán excursionista y la pertenencia a grupos y clubes que impulsan a los jóvenes tras campañas de conquista y valor. Es importante no descuidarlos en este periodo pues pueden quedar asimilados por agrupaciones con orientaciones inadecuadas para la sociedad  o para ellos mismos.

La pubertad despierta emociones  y sentimientos nuevos especialmente con respecto a su propio sexo, vienen las primeras poluciones y las inquietudes generadas en torno a ello, todavía el sexo opuesto no constituye polo de atracción y aunque empieza a verlo interesante,  el ámbito de su relación se halla constreñido a su mismo género. La autoridad incondicional que antes le servía de orientación en el proceso de asimilación del mundo ya no le es suficiente, ahora quiere un guía en quien confiar en su búsqueda de la verdad natural, científica y posiblemente religiosa. Quiere situarse en relación con su entorno y exige la orientación de alguien que conozca las leyes de lo social, lo científico y lo natural. En la fase de la pubertad y la adolescencia el joven busca una nueva imagen del mundo en la que quede inserto cósmicamente, se inicia así una búsqueda religiosa y nace también una estrecha relación con la técnica que le permite asimilar conocimientos que aplica a innovaciones y proyectos, se forma una imagen científica del mundo y aprecia el esfuerzo de los investigadores y precursores científicos que le ayudan a logro de esta imagen. En algunos jóvenes prima el interés científico en tanto que en otros el interés por lo social humanístico. Al final de este periodo el joven busca el encuentro amoroso con una chica y la observa como alguien con quien pueda crear una familia, también se orienta a la adquisición de una profesión que corresponda a su vocación y a sus aptitudes reconocidas y aun por desarrollar.

Segunda etapa: de los 21-42 años. Fase expansiva

De los veintiún años en adelante la vida continúa como un proceso ascendente de desarrollo si ha habido el adecuado cultivo para ello. Es importante recordar que el desarrollo del ser humano no es una variable que se desenvuelva al margen de la sociedad y sus costumbres, sus pautas morales y filosofía de vida, incluso del nivel de vida económica que se mantiene. Hombre y sociedad están unidos inextricablemente.

Hasta los veintiún años la sociedad ha ejercido el impacto sobre el hombre pero, si lo ha hecho adecuadamente, a partir de esta edad se hará cada vez más explícito un espacio de libertad real para la asunción de las responsabilidades y los compromisos a nivel personal y social. Esta etapa se puede considerar como afirmativa del individuo y tiene un carácter expansivo de todas las potencialidades que en la primera etapa se hicieron claras como capacidad, habilidad o potencia. En esta etapa el ser humano se auto-educa a partir de las relaciones y confrontaciones con su entorno y con la objetivación de sus sentimientos y pensamientos con respecto al mundo que le rodea. Como período auto afirmativo, implica, en muchos, luchas, desgarramientos, asimilación de nuevos valores, nuevas líneas de conducta social, moral y ética, mayor comprensión de sí mismo tanto en capacidades como en limitaciones. Es una etapa que, en sus inicios, plantea al joven adulto nuevos aprendizajes, adaptaciones a situaciones no vividas previamente, lo peor sería que el hombre o  mujer entre 21-28 años se le dejara permanecer en tareas rutinarias y que no tuviese oportunidad de nuevas experiencias, cuando todavía el mundo es novedad para él Al final de este período empieza a florecer la aceptación de sí mismo como consecuencia del autoconocimiento logrado a través de las diferentes experiencias que la vida le ha otorgado . En la fase media de esta etapa hay mayor comprensión del todo integrado que significan las instituciones y las organizaciones de la vida social y por ello nace la capacidad de jefatura responsable. Se llega, de este modo, a una visión retrospectiva y análisis de las experiencias acumuladas y, quizá, de un sentido fino de humor que se va gestando al reconocer, aceptar y aprender a reírse de los propios errores y de las presunciones equívocas de la propia individualidad. Es un período de grandes cambios y posturas nuevas ante la vida en el que se acrisola la vida conyugal, la económica y la laboral como preludio a una etapa de mayores logros sociales y espirituales. Desde el punto de vista biológico es un período estabilizador en el que muchas de las apetencias y demandas, como también el desarrollo personal se consolida. Si en la primera etapa, la sociedad es la responsable y la que toma la iniciativa en la educación del ser humano, en esta segunda etapa es el ser humano mismo quien toma las riendas del proceso educativo, avanzando cada día en logros de madurez y responsabilidad para consigo mismo y con la sociedad; es una etapa de verdadera auto-educación.

Al final de esta etapa el ser humano está con mayor capacidad de servir a los demás, crece su sentido real de donación y tiene la disponibilidad y la capacidad para contribuir al desarrollo de los demás, surge en él la capacidad del orientador y del guía. El sentido e impacto de lo social crece y madura en él.

Si a lo largo de la vida no ha habido un proceso de verdadera educación, en esta etapa se vislumbra con mayor claridad la impotencia del ser humano para servir, para guiar y contribuir al desarrollo tanto personal como de los que lo rodean o dependen de él. Es natural que al final de esta etapa surjan cuestionamientos y confrontaciones sobre lo que se hizo o dejó de hacerse y en este proceso surge un análisis de los logros y fracasos, lo que lleva, con adecuada madurez, a potenciar las verdaderas y reales capacidades de que se dispone, sin engaños ni tapujos, que menoscaben el logro futuro. De lo contrario, se evidencia el estancamiento personal, laboral y conyugal, lo que conduce a acciones compensatorias, equívocas y distractoras del adecuado desarrollo en términos de libertad, conciencia y responsabilidad.

Tercera etapa: 42-63 años. Fase social

En sus aspectos generales esta etapa la podemos definir como social-altruista. Gudrun Burkhard la denomina la fase de la realización del hombre(Burkhard, 2008). Sin plantear que la vida culmina en esta etapa sino más bien ateniéndonos a los promedios vitales para nuestras sociedades, esta etapa define un progreso en el campo espiritual bajo el supuesto de un desarrollo físico y anímico bien orientado a través de toda la vida. En su aspecto biológico el ser humano presenta claras muestras de declinación, en esta etapa, sin embargo en lo que corresponde a su comportamiento anímico-espiritual se nota un gran avance. En este período el ser humano se afirma como soberano de su Yo, deviene en él la capacidad para comprender e intuir su futuro dado el cúmulo de experiencias vividas y la reflexión pausada y profunda sobre su significado. Se reconocen, con más asertividad, limitaciones y capacidades y aumenta la autoestima. Producto de la reflexión sobre su experiencia vital y la intuición del futuro, muchas metas se redefinen y otras se afirman. Surge en él la capacidad para guiar a otros, para entregar su experiencia en la formación de los más jóvenes, y florece cierto altruismo, su visión de las cosas y de la vida columbra por encima de las pasiones y del apego excesivos, y surge en él la capacidad de desapego, donación y servicio, pues son hombres y mujeres con mayor plenitud humana ya que poseen a esta altura de sus vidas, una visión más integrada del mundo, y sus juicios están matizados por el conocimiento y la experiencia vividos con tendencia  a despojarse de emociones y de subjetividad. A esta edad, la educación recibida, acumulada, transformada y conquistada, fertiliza el ámbito social y deviene amor por los otros y en general por la humanidad.


Referencias

  • Burkhard, Gudrun (2008): Tomar las riendas de la vida. Ed. Columba, La Vervena, Santiago de Chile, p.p. 182
  • Lievegoed, B.C.J. (1979): Etapas evolutivas del niño. Trad. Juan Berlin.  Ed.Antroposofica, Mexico, p.p. 160
  • Lievegoed, B.C.J (1979): Phases: crisis and development in the individual. Rudolf Steiner Press, London, p.p. 250
  • Steiner, Rudolf (1973): El estudio del hombre. Antroposófica, México p.p. 138

Créditos

Foto de Agustina Dickson: https://www.pexels.com/es-es/foto/cueva-de-hielo-13556557/

Este blog nace del deseo de compartir con un público más amplio mis inquietudes acerca de la formación del líder. Considero que hoy día dicha formación está siendo manoseada y manipulada por toda clase de agentes de la publicidad y del poder con el objeto de ubicar en la sociedad y en las empresas personas adocenadas y sustentadoras de fines puramente económicos que no resuelven la totalidad y diversidad de las profundas inquietudes humanas. Considero que la formación del líder debe incluir variables provenientes de muchas fuentes, especialmente de las ciencias sociales y humanas, al igual que del arte y de la filosofía, sin excluir la practicidad de las funciones propiamente administrativas. El fin primordial de dicha formación debe ser dotar a los estudiantes de una conciencia de servicio y una capacidad de fertilizar el ámbito social generando tolerancia, convivencia y armonía.

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