Formación

Formación para el liderazgo: premisas curriculares

Dada la visión formativa explícita en los temas anteriores y en la comprensión del liderazgo como un proceso en el que hay líderes, situaciones y seguidores, y bajo la consideración de que no existen caracterologías, ni tipologías específicas para identificar y precisar el liderazgo, nuestro punto de vista es que pueden existir modos y maneras de educar de modo tal que se facilite la emergencia del liderazgo y que éste se manifieste con más claridad ante las diferentes situaciones de la vida de las personas y de la sociedad. Con esta comprensión el ser humano puede ser educado de forma tal que se incremente su capacidad para expresar su potencial personal de liderazgo.

Sin embargo, para ser consecuentes con nuestro pensamiento y comprensión del tema, es necesario aclarar que algunos individuos parecen descubrir, casi gestálticamente, y desde fases tempranas de sus vidas, un llamado o vocación por resolver las desigualdades económicas, políticas, sociales y culturales de su época. Dentro de un contexto específico esa vocación contribuye, poco a poco, a identificar el sentido de sus vidas con la solución de dichos problemas, concretos o genéricos, en una comunidad más próxima o específica. Nace así el carácter misionero de su acción. Sus condiciones físicas y psíquicas le dan el acervo aptitudinal para enfrentar las demandas de dicho papel y su educación, vasta o incipiente, es el crisol en que se forjan los valores y las actitudes con que enfrentará las diferentes circunstancias de su papel.

En el contexto anterior podemos identificar a los grandes líderes y conductores de la humanidad quienes parecen haber nacido para realizar una misión específica en sus vidas y dedican todos sus esfuerzos en dicha dirección.

Por otra parte, y en sentido general, podemos aceptar que todo ser humano, por el hecho de serlo, tiene una misión que desempeñar en su vida. Esta puede ser de significado inconsciente o claro a la percepción del individuo, e igualmente, tener la dimensión que abarque desde sus propios intereses y necesidades, pasando por los de su familia o comunidad más cercana, hasta agrupaciones nacionales o internacionales. De todos modos, el impacto es mayor en tanto revista el carácter de regulador de las desigualdades prevalecientes en el grupo o comunidad, inmediato o distante, a la que represente.

Descubrir la vocación, comprender la misión que le pertenece, desarrollar las aptitudes o apoyarse en ellas para realizarla, y estar situado en el escenario específico donde todo se conjuga para la emergencia del liderazgo, son hechos que le pertenecen al individuo que debe o ha de desempeñar dicho papel.

Los líderes no se fabrican; son el fruto, relativamente maduro, de procesos de desarrollo personal y social. Significa una escogencia, una opción, una decisión personal, ante situaciones de la vida, sin tener claro el resultado del esfuerzo. Sólo existe la intención de resolver el desequilibrio existente y, obvio, la voluntad real de caminar en el sentido de una meta prefijada. Pero, como en muchos casos, sólo el trabajo, día a día, acentúa el papel y el reconocimiento por parte de los seguidores y aún de los oponentes. Esencialmente se es hombre o mujer que, con el actuar cotidiano, va estructurando la imagen que se reconoce por liderazgo.

De otro modo, si bien el liderazgo no se puede fabricar, ya que es una opción personal, sí se puede dotar al ser humano, a través de una educación excelente, de las calidades y características para que pueda expresar plenamente su potencial y tomar y asumir, consciente y responsablemente, decisiones propias frente a las demandas de su vida cotidiana. Se puede también, con dicha educación, orientar su vocación hacia el servicio a los demás y hacerlo más sensible al mundo que lo rodea, al igual que desarrollar en él la consideración de que él, como todos los seres humanos, es corresponsable por el mundo que le rodea y debe, por lo tanto, contribuir a armonizar y restablecer el equilibrio donde este fuere alterado. Debe surgir en él el sentimiento verdadero de su ligazón con toda la humanidad y el ecosistema, como también la creencia de que nada es extraño a sí mismo, pues, en todo él está representado y a su vez en él todo está manifestado.

Todo lo anterior significa una educación tal que le permita, con visón holista, asumir como propias las disfunciones del sistema y macrosistema al que pertenece. Significa educar sin egoísmo al servicio de la fraternidad y la justicia universales.

Hombre y sociedad

En orden a delinear las premisas básicas para fundamentar un modelo para la formación del hombre y del líder, hemos de entender la relación biunívoca existente entre hombre y sociedad. Una comprensión del ser humano y de la sociedad como la explicitamos a lo largo del presente estudio, nos lleva a afirmar que la sociedad es un reflejo de la concepción que se tiene del ser humano; como tal, será un reflejo pobre o rico en el sentido de las oportunidades y condiciones que se creen para el desarrollo del hombre dentro de su seno. Hemos afirmado, entonces, que el ser humano está constituido por, (Véase Figura 1):

Figura 1: La triple relación entre estructura humana y estructura social
  1. Un cuerpo físico del cual deriva necesidades propias de la biología para el sostenimiento y mantenimiento de la vida.
  2. Una estructura anímica que soporta las manifestaciones propias de su psiquismo y que crea el escenario para su vida como ser social a partir de su pensar, su sentir y su actuar.
  3. Una dimensión trascendente que da cuenta de sus íntimos propósitos y misiones en la vida, que busca el autodesarrollo y la autorrealización y que supera los inmediatismos de los órdenes sociales e ideológicos que lo prefiguran de época en época.

Por otra parte, hemos expuesto una comprensión de la sociedad como constituida por:

  1. Una dimensión económica, fundamentada en los recursos naturales de una comunidad o nación y que a partir de procesos de producción y transformación, produce bienes y servicios para el sostenimiento y mantenimiento de la vida biológica, en primer lugar y, en segundo lugar, para la realización de las necesidades sociales y trascendentes del ser humano. Como tal, la dimensión económica está orientada al servicio de los seres humanos que conforman la sociedad, teniendo en cuenta sobretodo, que ante la economía las necesidades biológicas son genéricas y comunes a todos los seres humanos y que un espíritu de fraternidad es el marco donde tal servicio desinteresado puede operar.
  2. Una dimensión jurídica, política y social cuya función básica es regular las relaciones entre los seres humanos en orden a mantener la convivencia y la armonía en el conjunto social. Las herramientas básicas de esta dimensión son las leyes, las normas, los estatutos, que definen el contexto donde los derechos y deberes se ejercen, de modo que la equidad y la igualdad se mantengan sin generar frustraciones, odios o resentimientos. El ambiente propio para el desarrollo de esta dimensión es la comprensión de que ante la ley y los estatutos, ojala acordados participativamente, los seres humanos son iguales. Busca, entonces, la convivencia y la armonía a través de procesos participativos y democráticos en los que los hombres entre sí, y en relación con sus instituciones, puedan crecer y desarrollarse como ciudadanos dueños de su ciudad y su nación.
  3. Una dimensión cultural espiritual conformada por las capacidades y aptitudes del ser humano, sus creencias, sus valores, actitudes y comportamientos, que en conjunto modelan formas de ser y de hacer en el contexto social. Para el florecimiento de esta dimensión es necesario un ámbito de libertad, de modo que la diversidad de las facultades, habilidades e intereses humanos concurran a conformar la identidad y el autoconocimiento al mismo tiempo que la diferencia individual, a través de procesos educativos centrados en el desarrollo del ser humano.

El currículo como escenario humano social para la formación del hombre y del líder

El currículo, entendido como el conjunto de experiencias de aprendizaje, estructuradas y no estructuradas, en orden a favorecer el proceso de asimilación comprensiva del mundo, del hombre y de la sociedad, por una parte, y de la vida y la tecnología por otra, es el escenario donde se ha de matizar, en concordancia con el proceso de desarrollo del ser humano, las experiencias convenientes y necesarias para la formación del hombre y del líder (ver figura 2).

Figura 2: El currículo como escenario humano social en la formación del hombre

El currículo se sitúa, pues, entre hombre y sociedad, para atender y resolver las demandas de ambos, y esto sólo es posible si en el escenario pedagógico hay un educador, que con suficiente comprensión del hombre y la sociedad, cree un espacio formativo adecuado para contribuir a la solución de las grandes necesidades de su época.

El currículo debe, en consecuencia, satisfacer la triple demanda procedente del pensar, del sentir y de la voluntad humana, al igual que de su naturaleza biológica, psíquica y trascendente. Por otro lado, al conocer el educador las condiciones económicas, sociales y culturales de su época debe, en el escenario formativo, acercar al alumno a un conocimiento comprensivo de dichas situaciones de modo tal que se genere en él las posibilidades creativas para actuar en la sociedad dinamizando las variables de su desarrollo y transformación.

El educador, en este contexto, es alguien, que con visión comprensiva del ser humano y la sociedad, está en capacidad para interpretar sus demandas y necesidades de modo tal que pueda, por libre iniciativa y con autonomía pedagógica, estructurar las experiencias de aprendizaje convenientes a la formación integral del ser humano teniendo en cuenta el nivel de desarrollo y la edad del alumno.


Créditos

Foto de Rye Jessen en Unsplash

Este blog nace del deseo de compartir con un público más amplio mis inquietudes acerca de la formación del líder. Considero que hoy día dicha formación está siendo manoseada y manipulada por toda clase de agentes de la publicidad y del poder con el objeto de ubicar en la sociedad y en las empresas personas adocenadas y sustentadoras de fines puramente económicos que no resuelven la totalidad y diversidad de las profundas inquietudes humanas. Considero que la formación del líder debe incluir variables provenientes de muchas fuentes, especialmente de las ciencias sociales y humanas, al igual que del arte y de la filosofía, sin excluir la practicidad de las funciones propiamente administrativas. El fin primordial de dicha formación debe ser dotar a los estudiantes de una conciencia de servicio y una capacidad de fertilizar el ámbito social generando tolerancia, convivencia y armonía.

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