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La administración como un arte

La palabra arte en este contexto puede significar muchas cosas: pericia, destreza, capacidad, moldear, dar forma, dar sentido, comprender, actuar con certeza.

Arte significa expresar creativamente, poniendo un sello de individualidad a los hechos o situaciones. Supone también conocimiento, manejar un saber, quizás un cuerpo teórico y aplicarlo con destreza, con habilidad, siempre en situaciones de continua adaptación a las circunstancias cambiantes de la materia, de los hechos o de las situaciones sociales.

Arte quizá signifique tener el acervo científico que avale la acción pero supone, en muchas ocasiones, que ésta se realice con un acento personal y supra científico de modo que trascienda, si es necesario, la misma delimitación de la ciencia oficial.

En términos más operativos es lo que se hace, o sea lo que alguien hace con, o más allá del saber genérico explícito en el hecho; tendrá por lo tanto siempre un sello de individualidad, un tinte personal único e intransferible.

La administración por ser una disciplina orientada en gran medida a la dirección humana requiere, como se explicó antes, comprender al ser humano en una forma sistémica o mejor holista, apoyada en las diferentes disciplinas y saberes que hablan de él. Lo humano es social, es natural, es trascendente y sólo una cultura muy amplia que contempla un respeto irrestricto por lo humano, conlleva a dirigir con sabiduría al hombre para cumplir fines económicos, sociales o culturales.

David Lilienthal concibe la administración como un arte humanístico y afirma: “… Muy rara vez se reconoce el arte principal de la administración dinámica, que es procurar la comprensión y la inspiración que mueven a los hombres a actuar. A mi modo de ver la habilidad primordial del administrador es humana, no técnica… Se basa en la capacidad de comprender al individuo y sus motivaciones, sus temores, sus aspiraciones, lo que ama y lo que detesta, el lado bueno y el lado malo de la naturaleza humana… El arte de la administración es una forma elevada de dirección, puesto que trata de combinar la acción (hacer ejecutar una cosa) con el significado de la acción (Lilienthal, 1968).

Este énfasis en la administración como un arte rescata en el administrador la posibilidad de que, con pensar inspirado o intuitivo, vea en los deseos, afectos, ambiciones o tensiones de los miembros de una organización o de una colectividad el trasunto de lo que se puede construir o crear. La actividad administrativa, en lo que a los seres humanos se refiere, no es posible desempeñarla siempre bajo el rigor de la lógica intelectual. Podría quizá existir otras lógicas; la del sentimiento que inspire la acción o la de la voluntad que dé el fermento intuitivo para la decisión adecuada.

A modo de discusión una digresión acerca de ciencia, arte y técnica en administración

El padre Alfonso Borrero distingue entre ciencia, arte y técnica explicándolo así: “ciencia se refiere a lo que se sabe…; arte se refiere a lo que se hace con lo que se sabe; y técnica al modo como se hace lo que se sabe hacer con fundamento en lo que se sabe” (Borrero, 1992).

Para el caso de la administración la distinción anterior supone que ella se nutre del cuerpo teórico conceptual de las diferentes disciplinas que concurren a la formación administrativa. Cuerpo teórico que al aplicarse conlleva en su modo de ejecución el elemento artístico recurriendo quizás a alguna tecnología que lo facilite.

La ciencia de la administración está orientada, pues, por disciplinas provenientes de las ciencias exactas, de las ciencias naturales y de las ciencias social-humanísticas. Todas ellas le dan al administrador la posibilidad de comprender su función administrativa con visión de conjunto y derivar de ellas las posibilidades de aplicar conocimientos al ejercicio administrativo, e incluso ejercer el liderazgo que en muchas ocasiones le exige su papel de jefe, director o gerente.

¿Cuál es el objeto de estudio de la administración?

Se ha llegado a concluir que su objeto de estudio es la organización y que ésta, según Hernán Alvarez, debe estudiarse a través del análisis del entorno social general, del entorno de mercado, los procesos operacionales, los procesos de decisión y los procesos humanos (Alvarez, 1983); todo esto enmarcado por el proceso administrativo y por el proceso de desarrollo (Sevilla, 1983). Los seres humanos se entienden en el contexto anterior como individuos y como miembros de grupos organizacionales, orientados a cumplir la misión y los objetivos organizacionales y capacitados para realizar sus funciones con miras a una acción eficaz. Por otra parte Andrés Sevilla (Sevilla 1995) considera que la organización productora de bienes y servicios, es un sistema dinámico abierto en situaciones de orden cambiante y que como tal el nivel de sistema del cual ella se ocupa es esencialmente lo humano-social-trascendente es decir, manejando lo complejo, lo variable, lo cambiante, con sentido de dirección y orientada a fines y misiones más allá de lo mecánico o de lo puramente biológico.

Arte, entendiéndolo como lo que se hace con lo que se sabe supone, en el contexto administrativo, la capacidad de aplicar los conocimientos a las diferentes situaciones y problemas organizacionales; supone, pues, que todos los “haceres” son arte y que la función contable, la de mercadeo, la de producción, con todas sus diversificaciones y derivaciones a través de tareas y actividades se pueden denominar como arte.

En el sentido tradicional al preguntársele a alguien, ¿cuál es su arte? esa persona generalmente respondía desde el punto de vista de lo que hacía y todavía esa connotación es válida si se aplica de modo genérico. Sin embargo, no corresponde al sentido que le queremos dar a la palabra arte en administración o a la administración como arte.

La técnica entendida como la plantea el Padre Borrero o sea “el modo de hacer lo que sé hacer con fundamento en lo que sé”, refleja un aspecto personal, individual y característico en el quehacer; contempla quizá, cualidades personales, valores o habilidades particulares que el arte tal como lo describe el Padre Borrero no lo requiere, pero que en nuestro contexto si se aproxima más a lo que queremos significar por arte en administración o la administración como arte.

Para el Padre Borrero cuando esta técnica (o modo universal de hacer las cosas) se estudia científicamente, nace entonces la tecnología.

Pues bien, esta discusión la queremos zanjar de la siguiente manera: En las profesiones con alto contenido científico, proveniente de las ciencias exactas y/o naturales el hacer profesional está mediatizado por la aplicación rigurosa de la ley o fórmula correspondiente, o por el teorema que sustenta la formulación. De allí que cuando alguien identifica o construye un modo peculiar de hacer ese algo nace la técnica y dicha técnica (un proceso nuevo, un proceso distinto, una herramienta adicional, etc.) puede universalizarse a través de la tecnología para el mejoramiento de los rendimientos profesionales. Inclusive en muchos casos, el arte consiste en ser capaz de hacer las cosas con una técnica particular o muy personal.

En las profesiones con alto contenido social y humano y más específicamente en las ciencias que hablan de la vida, el arte consiste en saber cuándo aplicar una técnica particular o cuándo abandonarla para así acercarse con mayor profundidad a los procesos reales.

Para el caso del administrador significa tener la capacidad de observar las concurrencias de factores y variables provenientes de muchas fuentes, en un hecho o acontecer organizacional; tener el “insight” de lo que está ocurriendo y tomar las decisiones correctas para el caso dado. En el caso más amplio de la relación del hombre con el trabajo (que acción organizacional no está mediatizada por esta relación) el administrador debe percibir no lo mecánico de la relación, no lo puramente lógico y racional de la misma, debe, sí, más bien, trascender lo anterior para percibir la relación viva y dinámica que se entreteje, relación que es extensiva a todas las tareas y actividades y a la misma relación del hombre con la empresa, con la sociedad, con la organización.

Saber mirar las concurrencias exige capacidad de integración y de síntesis, facultad para la armonización del conjunto de matices con que los hechos organizacionales se manifiestan. Cuando en las ciencias sociales y humanas se enseña técnicas antes que fundamentos y paradigmas se corre el riesgo de que el profesional se acerque a la sociedad con una visión recortada y estereotipada.

El arte en la administración significa que una persona, gerente, director o jefe, con un buen acervo de conocimientos multidisciplinarios, y con hilos conductores a través de ellos tal como es la concurrencia interdisciplinaria en administración, sea capaz de discriminar que conocimiento le aplica a qué, y que cuando trabaje con lo inorgánico (máquinas, procesos cibernéticos, insumos, etc.), le aplique las leyes correspondientes y cuando trabaje con lo vivo (el hombre, procesos humanos, organizacionales, cultura, etc.), le aplique las leyes de lo vivo que se desarrolla y evoluciona.

Para ello las ciencias en que se apoya la administración especialmente las humano-sociales, deben ser ciencias vivas porque además de responder a los dictados del intelecto, deben, específicamente, generar espacios para captar lo que se vive en el sentimiento y en la voluntad del hombre, de la sociedad, y de la organización. Ciencias inspiradas porque van más allá del fenómeno sensible y ciencias intuitivas porque relacionan las partes con el todo con sentido del todo.

Algunas conclusiones

Elucidar la naturaleza científica o de arte de la administración no es tarea fácil. El soporte que los conocimientos provenientes de las ciencias exactas y naturales le provee, facilita su comprensión científica y esta orientado, especialmente, a los procesos productivos de transformación para constituir productos. En este sentido la eficiencia es variable optimizadora de los recursos, de los insumos, frente a los procesos. Entre más inerte sea la materia manejable más sujeta está a ser optimizada. Pero esta visión queda corta y mutilada en su captación y comprensión de lo humano.

Las ciencias sociales y humanas configuran una visión de la organización que, si bien, en los últimos decenios, trata de ser capturada en forma lógica y rigurosa, es decir medible, matematizable, predecible, muestra, que tras del análisis, las disyuntivas y las predicciones, hay una subjetividad de los actores que corresponde no sólo a la particularidad del conocimiento de cada uno, sino también a la forma holista en que ellos abordan los hechos organizacionales o sociales. Esa subjetividad requiere, más que intelecciones, comprensiones, casi de naturaleza gestáltica, donde lo importante surja y se aprehenda con discernimiento lo significativo de los hechos. Hay algo de arte en este espacio, que es necesario resaltar, especialmente para el ejercicio administrativo.

En el campo específico de las herramientas, de los procesos y procedimientos mucho del quehacer administrativo se puede ejercitar a partir de las técnicas y tecnologías existentes o por probarse, pero en el vasto campo de la eficacia organizacional y de la efectividad administrativa, la cultura, el conocimiento más amplio, que incluya la interdisciplinariedad de las concurrencias de los saberes en la organización, es requisito para las decisiones acertadas en función del desarrollo y la evolución de las organizaciones.

Sólo un administrador que vaya más allá de la eficiencia puede relacionarse con organizaciones y personas cuyo fin es justificar con eficacia el sentido de su vigencia en la sociedad y en las mismas organizaciones.


Referencias

  • Alvarez, Hernán. “Unidad de Análisis para el estudio de las organizaciones”, Rev. Cuadernos de Administración No. 7, Universidad del Valle, Colombia
  • Borrero, Alfonso S.J.; “Sistemas Postsecundarios”, Conferencia XXX. V Seminario sobre Universidad, V versión. ASCUN.
  • Lilienthal, David. “La Administración: arte humanístico”, De. Conjunta Universidad del Valle, Incolda y Carvajal S.A., 1968
  • Sevilla, Andrés (1983). “Niveles de la Organización”, Documento mimeografiado. Facultad de Administración de Empresas, Universidad del Valle.
  • Sevilla, Andrés (1995): La Formación Empresarial Universitaria. Facultad de Ciencias de la Administración, Universidad del Valle, Cali.

Créditos

Este blog nace del deseo de compartir con un público más amplio mis inquietudes acerca de la formación del líder. Considero que hoy día dicha formación está siendo manoseada y manipulada por toda clase de agentes de la publicidad y del poder con el objeto de ubicar en la sociedad y en las empresas personas adocenadas y sustentadoras de fines puramente económicos que no resuelven la totalidad y diversidad de las profundas inquietudes humanas. Considero que la formación del líder debe incluir variables provenientes de muchas fuentes, especialmente de las ciencias sociales y humanas, al igual que del arte y de la filosofía, sin excluir la practicidad de las funciones propiamente administrativas. El fin primordial de dicha formación debe ser dotar a los estudiantes de una conciencia de servicio y una capacidad de fertilizar el ámbito social generando tolerancia, convivencia y armonía.

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