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El hombre, la organización y la sociedad como fundamentos del liderazgo

El hombre, la organización y la sociedad los podemos considerar el fundamento del liderazgo y se constituyen  en el escenario donde se debate y se ejercita el liderazgo. En primer lugar porque el líder o la líder es sobre todo un ser humano como todos los demás y reviste ese carácter de universalidad que posee todo ser humano; en segundo lugar porque el liderazgo se ejerce en las organizaciones de  todo tipo donde se dirimen asuntos que atañen al hombre y su desarrollo; y en tercer lugar, porque el escenario macro para el ejercicio del liderazgo es la sociedad como conjunto y unidad de todas las instituciones que vinculan al hombre con la economía, con la política, el ambiente jurídico y con la cultura.

El líder o la líder es un hombre o mujer, un ser humano, cuyas características y atributos son comunes a la condición genérica de todos los seres humanos y quien por vocación o destino le toca ejercer papeles protagónicos en la solución de los problemas de una comunidad, institución o agrupación dada, para lo cual desarrolla capacidades y habilidades  que le permiten contribuir a dichas soluciones.

El líder nace y se hace, y su perspectiva de desempeño se apoya en la concepción que él tiene de sí mismo y los demás como seres  humanos, o sea, la visión del ser humano que alimenta su acción. Por lo anterior se plantea que antes que el líder es necesario hablar del hombre, conocerlo, tener una imagen  lo más plena posible de él, y orientar los esfuerzos del liderazgo a desarrollar, a mayor plenitud, dicha imagen. Lo anterior supone que el liderazgo es un ejercicio común a toda la humanidad porque se fundamenta en los constitutivos que son propios de todo ser humano, y todo hombre y mujer tienen esos atributos básicos que le permiten, a  mayor o menor escala, ejercer funciones de liderazgo. Para lograr lo anterior la educación juega un papel de suma importancia.

Si el líder posee una pobre visión del ser humano su accionar puede resultar carente de los valores que enaltecen el desarrollo del hombre  y como consecuencia caerá en la manipulación y en el aprovechamiento de su posición de liderazgo para satisfacer sus propios intereses antes que los de los demás. Por el contrario una visión más plena y consciente del ser humano orientara sus esfuerzos en pro del mejoramiento y transformación de los que lo siguen  y reconocen como tal.

Algo que no puede soslayar el líder es su permanente preocupación por el conocimiento de sí mismo y por la superación constante de sus propias debilidades y falencias. Esto hará de su liderazgo un proceso de transformación y superación personal que conduzca a mayor consciencia y responsabilidad en su pensar, en su sentir y en su actuar y, consecuentemente, a un liderazgo ético.

El segundo elemento de esta triada fundamental es la organización entendida como el espacio institucional donde se dirime el accionar del ser humano y que, como reflejo de la sociedad en la que existe, conlleva normas y procedimientos que orientan el actuar humano. Es, como se observa,  un espacio para el ejercicio del liderazgo pues esta compuesta por seres humanos que expresan a través de ella sus capacidades y habilidades por medio del trabajo organizado. La organización refleja, a una escala menor, la sociedad en la que se desenvuelve, y el orden social que prevalece en esta es, de algún modo, el índice orientador para quienes dirigen, administran o lideran las mismas.

Bernard Lievegoed en su libro La  Organización en Desarrollo dice que  el termino organización es uno de los que ha tenido significados más diversos en las ciencias sociales y cuyo significado se ha prestado para mayor confusión. En algunos momentos la organización ha sido considerada como una actividad y en otras como el resultado de alguna actividad. En su expresión como actividad esta relacionada con la dirección de personas y recursos frente a objetivos,  al igual que la creación de relaciones adecuadas. En su expresión como resultado, puede significar un grupo organizado,  o una forma de cooperación, una construcción social o una actividad funcional. También se refiere a la estructura organizativa interna.

Por organización se puede entender entonces una empresa, un hospital, una escuela, una prisión,  el ejército, ciertas sociedades, etc. La característica es que su actividad esta dirigida a cumplir un objetivo específico y, además, tiene continuidad en el tiempo, independiente de los cambios en sus miembros. Adicionalmente la organización constituye por si sola un sistema, dado que posee una estructura que configura un patrón particular de relaciones y expresa relaciones entre las diversas partes que la forman.

La palabra Organización tiene pues, una connotación sistémica pues supone orden, jerarquía, estructura, subordinación, interdependencia e integración del conjunto de los elementos que la constituyen; contempla, igualmente, una finalidad, es decir, tiene carácter teleológico. Todo lo anterior está enmarcado dentro de un desarrollo armónico que facilita la contribución óptima de cada una de las partes en función no sólo del desarrollo de cada una en particular sino del conjunto en su totalidad. Hay, en consecuencia, una concepción holista permeando este concepto, lo que conlleva a percibir la organización en una situación de interdependencia con el conjunto de organizaciones restantes y le exige actuar correctamente no sólo en función de su territorio particular sino del entorno inmediato y mediato, o sea, del macrosistema.

En los sistemas mecánicos lo anterior bastaría para que el enlace entre un subsistema y los restantes facilite el rendimiento óptimo del conjunto. Para ello el monitoreo y el control por otro sistema mecánico que puede estar integrado al conjunto, permite corregir las desviaciones y disfunciones de la operación. Pero en los sistemas vivos más allá de las relaciones puramente físicas, y en la medida en que su complejidad aumenta, pueden existir y existen, obviamente, relaciones anímicas y emocionales de modo que la autorregulación sea compleja y difícil de discernir y la operación de los mecanismos de control por operadores externos mucho más difícil todavía. Es aquí donde fallan todos los manuales de supervisión al igual que el ejercicio de la autoridad que confiere el conocimiento puramente técnico, como también los equivocados conceptos de dirección y liderazgo que se promulgan popularmente.

La organización es el espacio, público o privado, donde trabaja el hombre, regida por principios, normas, objetivos y metas que determinan el comportamiento humano al interior de las mismas, las cuales se comparten y se constituyen en elementos de evaluación y consideración sobre el comportamiento de todos sus miembros. Es el espacio laboral donde las capacidades, conocimientos y habilidades se manifiestan en pro de la ejecución de tareas específicas, por lo general al mando o bajo la supervisión de alguien.

La organización es un escenario para el ejercicio del liderazgo pues ella es una resultante de la forma de pensar, sentir y actuar de  sus miembros, orientados o dirigidos por sus jefes, gerentes o directores quienes aplican esfuerzos en pro de la consecución de los objetivos organizacionales planeados.

La organización, pues, hay que entenderla. Pero, más allá de los esquemas rigurosos de la ciencia lógica y racional, existe la necesidad de comprenderla y ello significa ser capaz de captar las corrientes sutiles que la mueven no sólo interna sino externamente. A lo anterior contribuye una captación profunda que resalte las desarmonías y desequilibrios y que conduzca a solucionar, en forma integral, los problemas de la organización. Por eso la percepción estética es un complemento necesario para este fin.

El tercer elemento que fundamenta el liderazgo es la sociedad en la cual el liderazgo se orienta  a la solución de los grandes problemas económicos, políticos y culturales que la afectan y  que son la base de su desarrollo. Existen diferentes tipos de sociedades, pero lo que las identifica es que están conformadas por seres humanos que comparten una cultura y unas normas  que permiten su supervivencia y desarrollo dentro de un espacio y tiempo limitado. El regente o administrador de las sociedades es el estado.

En la sociedad, si existe pluralismo de ideas, no necesariamente hay pleno acuerdo sobre su dirección y manejo, lo que si puede haber es concertación y acuerdos a través de procesos de participación democrática en la que sus miembros manifiestan sus intereses y visiones de sociedad que les anima. La sociedad es por tanto la arena de lo político en tanto se busca conciliar intereses diversos en pro del avance y desarrollo de todos sus miembros. El liderazgo, como se puede observar, puede consistir en representar grupos específicos de esa sociedad o procurar la solución de problemas mayúsculos que afectan a la gran mayoría; es muy difícil, por lo tanto, satisfacer al ciento por ciento de todos sus miembros.

El individuo en la sociedad  tiene tanto valor como los demás y se constituye en el eje primordial de su desarrollo y madurez.  En algunas sociedades ese reconocimiento es limitado y consecuentemente el poder y la participación están constreñidos a sectores elites de la misma. Son estos los espacios donde el liderazgo emerge en virtud de resolver las desarmonías entre el hombre y las instituciones.

Puesto que la sociedad es un sistema integrado al cual concurren las diferentes variables que la constituyen podemos suponer que todas ellas deben estar presentes y actuantes no sólo en su comprensión sino también en los ejercicios de ordenamiento, sobre todo cuando se presentan disfunciones en parte de ella o en su totalidad. Las variables que intervienen en la sociedad son de naturaleza política, económica, social, humana, tecnológica, cultural, etc., y están representadas por los saberes provenientes de las ciencias sociales y humanas, especialmente, pero también representa saberes tecnológicos y naturales provenientes de las ciencias exactas y naturales. Así, la antropología, la psicología, la sociología, la historia, la comunicación social, la economía, la política, la filosofía, el arte,  la literatura, etc., tienen algo que decir en lo que al ser humano y la sociedad se refiere, y son por ello disciplinas que concurren en forma integrada a dar respuestas a los problemas humanos y sociales. Pero también la física, la  biología, la tecnología contribuyen a conformar la visión integrada de sociedad. Por esta razón una de las facetas del liderazgo es el de arquitecto social, entendido como un  arte de la construcción social, que utiliza herramientas eficaces en la solución de los problemas que afectan al conjunto de  la sociedad.

Por otra parte la sociedad esta constituida por instituciones que son creadas por el hombre desde sus consideraciones éticas, políticas, filosóficas y religiosas. El  ser humano genera, establece sus fundamentos, su razón de ser y su alcance y los supuestos beneficios para el hombre y  la sociedad que está bajo su tutela. La palabra tutela es importante en este contexto porque las instituciones pretenden salvaguardar derechos adquiridos o concedidos y, por lo general, promulgar y exigir deberes, en orden a una mayor armonía y desarrollo humano.

Las instituciones, generalmente, sobreviven a los hombres, por lo menos a quien (o quienes) las crearon; ellas poseen un carácter menos efímero y revelan el espíritu esencial que latía en su creador. Por ello las instituciones son algo etéreo que se encuentran más estructuradas en la mente, en el papel o en la constitución que les dio vida y ordena su funcionamiento y aún, después de funcionar por mucho tiempo, por lo general, no logran su rendimiento pleno.

Generalmente, las instituciones corresponden a los anhelos de uno o varios hombres en tanto reflejan sus valores más preciados y mantienen una relativa perennidad. Son el acicate para ir conformando a los hombres y a las sociedades al tamaño y a los fines contenidos en su filosofía. Cuando los hombres y la sociedad las superan entonces hay que actualizarlas o cambiarlas, pero por lo general, esto no sucede rápidamente.

Las instituciones y los hombres mantienen relaciones de reciprocidad en tanto ellas generan el marco de actuación válido para una sociedad determinada, premia y sanciona los comportamientos y valida la actuación humana; por otra parte, el ser humano se remite a ellas en cada actuación para confrontar su individualidad, necesidades y deseos frente a lo permitido en el marco de su sociedad. Las instituciones son punto de referencia para la ascesis moral, ética y social y sirven a los individuos de paradigma para sus comportamientos. El hombre necesita de ellas, son el macro organismo que nuclea lo humano y su entorno, integrando a individuo, sociedad y organizaciones.

La sociedad es más madura en tanto tenga instituciones que contribuyan  al desarrollo de sus miembros en las diferentes esferas que constituye su vida, de este modo, lo político, lo cultural, lo económico, lo social, son escenarios en donde la actuación humana debe avanzar hacia mayores logros en conciencia, autonomía y libertad.

Las instituciones son refrendadas por el hombre y se ponen por encima de él en tanto ellas amparan a todos los individuos que las integran. En este sentido ellas están por encima del hombre, pero es importante reconocer que son los hombres sus creadores y recipendiarios y si ellas no corresponden al fin del desarrollo y evolución del mismo deben entonces, ser disueltas o transformadas.

Las instituciones son el lazo de comunicación entre individuo y sociedad y únicamente los verdaderos líderes pueden establecer, constituir y estructurar instituciones configuradas en torno al desarrollo del hombre.

Estos tres elementos: hombre, organización y sociedad,  son el escenario donde se ejercita el liderazgo y para todo aquel que lo sea o que aspire a ejercerlo, el liderazgo debe corresponder a una profundización del saber en cada uno de ellos. Saber del hombre es un requisito esencial para orientar el desarrollo del mismo en las diferentes instituciones y organizaciones que conforman la sociedad; conocer a fondo las organizaciones donde se manifiesta el ser humano como trabajador y la sociedad  en la que esta organizaciones se desarrollan es primordial para que el líder realice acciones que contribuyan  a una mayor consciencia, libertad y responsabilidad de sus dirigidos. Este conocimiento es igualmente el elemento motor de la transformación del liderazgo en una función de servicio a la sociedad y al hombre.

Este blog nace del deseo de compartir con un público más amplio mis inquietudes acerca de la formación del líder. Considero que hoy día dicha formación está siendo manoseada y manipulada por toda clase de agentes de la publicidad y del poder con el objeto de ubicar en la sociedad y en las empresas personas adocenadas y sustentadoras de fines puramente económicos que no resuelven la totalidad y diversidad de las profundas inquietudes humanas. Considero que la formación del líder debe incluir variables provenientes de muchas fuentes, especialmente de las ciencias sociales y humanas, al igual que del arte y de la filosofía, sin excluir la practicidad de las funciones propiamente administrativas. El fin primordial de dicha formación debe ser dotar a los estudiantes de una conciencia de servicio y una capacidad de fertilizar el ámbito social generando tolerancia, convivencia y armonía.

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