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Hacia una estética organizacional

Pareciera, en principio, que decir Estética Organizacional, fuera un pleonasmo, supuesta la concepción de Organización que hemos enunciado en estudios anteriores, ya que esta última reúne implícitamente los atributos de armonía e integración necesarios a una expresión estética en el mejor de los sentidos, sobre todo cuando ella se refiere a sistemas vivos. Sin embargo, aquí queremos resaltar los atributos que hacen de una empresa, integrada por hombres y mujeres, objeto de una construcción estética.

En primer lugar, se ha de entender y comprender el fenómeno humano implícito detrás de toda idea y actividad y ya con esto reconoceríamos e integraríamos dos componentes básicos del ser humano: pensamiento y voluntad.

En segundo lugar, se ha de comprender que todos en la organización pueden y deben pensar y que este pensar puede ser más cualificado y creativo cada vez y que el actuar puede ser cada vez más eficiente, pero que debe crecer en mayor responsabilidad con el entorno global de la empresa.

En tercer lugar, se ha de reconocer la vida del sentimiento en la expresión humana y darle acogida individual y colectiva en la organización. Hay que aumentar la inteligencia emocional en jefes, grupos y administradores, y guiarla hacia conclusiones armonizadoras.

En cuarto lugar, se han de comprender las dimensiones organizacionales: la física, la humana, la social y la trascendente, de las que hemos hablado o se hablara en otros artículos y se debe aplicar con convicción, esfuerzos procedentes de principios, políticas, normas, objetivos y tareas, en su logro e incremento.

En quinto lugar, la visión o sueño que enmarca la trayectoria vital de la empresa debe contemplar elementos estructuradores de armonía en las dimensiones social, humana y trascendente de la organización. La visión debe permear las misiones y objetivos como hitos conducentes a lograr la imagen esperada.

En sexto lugar, debe haber preocupación por mejorar la inteligencia de todos los miembros de la empresa. Lo anterior se refiere no únicamente a los atributos lógicos y rigurosos del intelecto sino a otras expresiones de la inteligencia como son lo social, lo emocional, la percepción global y holista, la captación de las profundas redes de interdependencia que hay entre los hechos organizacionales y otras esferas de la vida del individuo, de la sociedad y del ecosistema.

En séptimo lugar, las estructuras deben tener una flexibilidad tal que permitan la acomodación de las mismas al fenómeno dinámico de los objetivos y misiones como también al proceso de desarrollo de las cuatro dimensiones organizacionales anteriormente señaladas.

En octavo lugar, las relaciones con los diferentes públicos de la organización (clientes, proveedores, accionistas, empleados, trabajadores y sociedad en general) deben estar mediadas por el interés y compromiso de armonizar el conjunto que las integra, deben, en muchos casos, avanzar hacia encuentros pedagógicos donde se aprenda de los otros y de sí mismo en dicha relación.

En noveno lugar, toda la organización debe estar abierta y disponible al aprendizaje permanente, no sólo en aquello que mejora su eficiencia sino en lo que introduce rendimientos eficaces y efectivos en las dimensiones humana, social y trascendente.

En décimo lugar, se ha de entender que el trabajo, la tarea, es un medio para poner en encuentro pedagógico a jefe y subalterno, a líder y seguidor, en orden a realizar lo mejor de sí mismos y a construir su desarrollo.

En décimo primer lugar, la organización debe desarrollar en su conjunto algunas características del buen liderazgo como lo son:

  • La capacidad de escucha social para percibir el impacto de ella en la sociedad.
  • Atención para sus diferentes públicos de modo que capte expresiones ocultas o sutiles que le faciliten una mejor y profunda relación con ellos.
  • El compromiso, por convicción, de colocar a la organización como un medio para la realización y desarrollo de las personas que en ella laboran.
  • Constituirse en paradigma, tanto para el sector del mercado al que pertenece, como para el sector industrial y la sociedad en general, no sólo por sus rendimientos económicos sino también por su desempeño social y humano y, finalmente,
  • Capacidad para desarrollar personas a partir de su filosofía, principios, valores, creencias y cultura en general, con lo cual estructura circunstancias y condiciones para el logro de mayores niveles de conciencia, creatividad y libertad de todos sus asociados.

Sin lugar a dudas, para un líder y administrador sensible, toda la empresa u organización es un campo para la estética y, dependiendo de la cobertura de su responsabilidad y del ejercicio de su autoridad, él puede poner el acento estético en cualquiera de los componentes de su organización.

Algunas aplicaciones prácticas de la estética en las organizaciones y en el diseño y ejecución de la estructura física.

  • Es conveniente crear espacios circulares o semicirculares que rompan la linealidad y la monotonía de los pasillos y de los espacios abiertos. Espacios así diseñados, invitan a la concurrencia, al descanso y al encuentro; en ellos la circulación de personas es más fluida y la expresión comunicativa se hace viable.
  • La estructura por niveles y de comunicación interior entre ellos, rompe la estructura plana y permite más cercanía y menos dispersión en el conjunto de áreas funcionales y niveles jerárquicos.
  • Una galería para fotos, retratos o pinturas, de antiguos y jubilados, es algo que apela al reconocimiento y al sentido de pertenencia e identidad que cada colaborador tiene o debe tener en su organización.
  • Una sala de música integrada a un salón de descanso para acceder en forma autónoma pero responsable, de acuerdo a planes de trabajo, es algo que facilita el refugio necesario para la armonización y el pensamiento reflexivo conducente a la acción.
  • La biblioteca como espacio educativo reconoce la importancia del fomento a la lectura y al autodesarrollo convenientes a una organización que evoluciona.
  • Ahora, desde el punto de vista del fomento de relaciones humanas maduras y en orden a incrementar los rendimientos sociales y trascendentes en la empresa, se pueden impulsar y desarrollar iniciativas y actividades para mejorar el diálogo, la participación de los colaboradores, la expresión de la creatividad, la capacidad para trabajar en grupo, la comunicación bilateral, la capacidad pedagógica en los jefes, crear estructuras flexibles que se adapten a los cambios en el entorno y a la dinámica del desarrollo individual y colectivo de la comunidad empresarial.

Por otra parte, la presencia del arte puede ser manifiesta en modos y formas de sensibilizar a los colaboradores al entorno físico, social y humano. Para ello, la empresa, sin salir de sus linderos, puede integrar, dentro de su dinámica, expresiones de la cultura que tradicionalmente se le han confiado a otras instituciones. Puede, y de manera creativa, sensibilizar a sus colaboradores al producto básico[1] de la empresa, y para ello la pintura, el modelado, la talla en madera, etc., son de gran ayuda. El acompañamiento de la estética de pasillos y espacios con cuadros o pinturas de valor artístico es otra forma, al igual que trascender la capacitación, que tradicionalmente se refiere al mejoramiento en el puesto de trabajo, llevándola a niveles formativos y de desarrollo a través de conferencias, exposiciones, muestras de arte, grupos musicales, etc.

Además, y como corolario adicional, para quienes ejercen funciones de jefatura es conveniente una excelente comprensión de las etapas del desarrollo del ser humano en relación con el posible desarrollo de los colaboradores en la organización, de las ideas políticas y filosóficas actuales y, en general, de las ciencias sociales y humanas que concurren en una captación más profunda de lo humano, de lo social y de lo trascendente en la organización.

La formación estética del líder y del administrador

La formación estética del líder y del administrador y ha de comprenderse como la formación que le permita observar, deducir, contrastar y definir hechos organizacionales y sociales de diferente índole y dimensión, de modo tal que pueda encontrar la relación íntima que los vincula y sea capaz, en consecuencia, de estructurar la armonía y el equilibrio interno entre ellos, conduciendo así a que las Organizaciones y la vida social avancen hacia mejores rendimientos materiales, sociales, humanos y trascendentes. Esta formación estética se deriva, pues, de los componentes formativos  (en tema posterior se tratara sobre el diseño de un modelo para la formación en liderazgo)  humano-social, y autoconocimiento explicados en el tema Componentes en la Formación en Liderazgo, y tiene como referente necesario el componente técnico-profesional integrado a una formación interdisciplinaria que trasciende, en el sentido de la humanización del saber, las tecnologías al servicio del hombre. Debe facilitarle, entonces, rediseñar la organización de modo que las nuevas estructuras correspondan a una visión más integral del ser humano y del trabajo, de modo que la relación entre los dos contribuya a mejorar los rendimientos materiales, sociales y espirituales de la organización. En lo anterior se perfila el papel del líder como arquitecto social.

La formación estética del hombre debe tomarse, en consecuencia, como un propósito del currículo y hacerlo patente en él a través de experiencias, cursos y contactos que contribuyan a tal formación. Si bien esta formación debe venir a través de toda la vida, también es cierto que la responsabilidad de las instituciones de educación superior en esta formación, no puede ser soslayada. Si existe una cultura pobre en formación estética en los niveles inferiores de la educación, la universidad debe brindarla como complemento necesario a una formación integral de los profesionales de las diferentes disciplinas.

Es encomiable, entonces, que a un nivel superior, el currículo, tanto oculto como visible, esté matizado de esa formación que hará que el profesional acceda al mundo de la organización y de la sociedad con capacidad de armonizar sus acciones y producir equilibrio y armonía social.

Por todo lo anterior, y en cuanto a formación general se refiere, la estética debe estar presente no sólo en el espacio físico del aula y de la institución educativa en general, sino también en la organización del aula, en el manejo de la relación educador-alumno, en la disposición de los recursos para el aprendizaje, en el manejo del aula, etc.

Por otra parte, el componente estético lo podemos entender como el interjuego armónico de experiencias curriculares y extracurriculares que, en su conjunto, dan la formación esperada. Rebasa, entonces, el trabajo en el aula y se remonta a experiencias empresariales, contactos con comunidades, vivencias sociales, explicaciones descriptivas de situaciones o hechos sociales, políticos y culturales que dejan una imagen perceptual en el alumno para que pueda deducir, con visión general, los factores armónicos o disarmónicos, presentes en su propia experiencia.

Desde el punto de vista de la formación humano-social, un conocimiento cada vez más profundo, integrado e interdisciplinario del conjunto de saberes que hablan de la sociedad y del hombre, es una base fundamental para la formación estética; así las ciencias sociales y humanas pueden concurrir eficazmente a la formación del administrador y del líder. La sicología, la economía, la sociología, las ciencias políticas y la antropología aportan en el conocimiento del hombre y la sociedad, desde la ciencia y sus métodos propios; por otra parte, la filosofía y las artes, en sus diferentes expresiones y matices, dan una visión profunda del devenir de las ideas y de la comprensión de lo humano a través de diferentes épocas.

Con el arte como elemento de la formación estética, no se intenta convertir en artista al administrador o al líder, pero sí permitir la expresión plena de su ser a partir de otras facultades ligadas a su vida anímico-emotiva. Se trata también de matizar la educación con arte. Para esto, los métodos pedagógicos, el manejo del aula, la estructuración de la enseñanza, deben estar plasmados de un toque artístico que apele al desarrollo de energías y emociones que estructuren, junto con la actividad intelectual, la expresión plena del ser humano. Faure et al. (1972, p), en este contexto, agrega:

“La dimensión artística es otra expresión esencial de la personalidad. Pero el interés por lo bello, la posibilidad de descifrarlo e integrarlo como elemento de la personalidad, así como los demás componentes de la expresión artística, deberían ser indisociables de la práctica de una o varias actividades artísticas”.

El aula puede ser concebida como un espacio social para la democracia; además de actuar como espacio académico, lo que significa que el educador, en principio y luego los estudiantes, interactúen a partir de situaciones reales vividas en el aula, o a partir de hechos sociales actuales, aumentando la comprensión de los elementos que construyen la vida colectiva y esclareciendo la responsabilidad individual en la generación de espacios participativos y en la construcción del ethos adecuado para la solución armónica de los conflictos naturales en toda sociedad. También así se avanza hacia la dimensión ética para la vida ciudadana.

Se debe fomentar en los alumnos el desarrollo de su vida emocional, con adecuada dirección y guía. Las ventajas las podemos observar en el siguiente texto de Cooper y Ayman (1998):

“Las investigaciones recientes sugieren que un ejecutivo o profesional técnicamente eficiente con un alto cociente emocional (C.E.) es una persona que percibe más hábil, fácil y rápidamente que los demás los conflictos en gestación que tienen que resolverse, los puntos vulnerables de los equipos y las organizaciones a las que hay que prestar atención, las distancias que se deben salvar, o los vacíos que se deben llenar, las conexiones ocultas que significan oportunidad y las oscuras y misteriosas interacciones que prometen ser de oro… y rentables”.

En el aula debe existir la autonomía y la autoridad por parte del educador para aprovechar situaciones externas o internas que susciten vivencias en el alumno y le ayuden a captaciones más profundas de los hechos sociales. El profesor debe ayudar para que el alumno vea, más allá de los hechos, las causas y las concurrencias que influyen en la armonía o desequilibrio de las relaciones humanas y/o en el desajuste entre las instituciones y el hombre.

La experiencia, guiada por el profesor, con diferentes culturas y estratos sociales es el terreno en que el estudiante puede captar la alteridad, la connotación diferente de los valores, el significado e impacto profundo de las creencias en el sentir y en el actuar de individuos y grupos sociales. Puede, también, captar la diversidad y la diferencia y aprender la tolerancia como fruto de la apertura a la expresión particular de grupos o comunidades.

El currículo oculto debe facilitarle al estudiante traslucir, a través de los ritos y rituales propios de su institución, sociedad y cultura, las creencias que lo sustentan y captar, con visión global y casi gestáltica, la idiosincrasia y comportamientos particulares de su comunidad y grupo inmediato. Esta comprensión debe permitirle extrapolar con los respectivos marcos culturales, la representación de hechos sociales y culturales en comunidades diferentes y extrañas.

En general, la formación estética del líder y del  administrador y, por consiguiente, del ser humano, dado el carácter integrado de sus funciones en el seno de las organizaciones y de la sociedad, debe conducirle a una visión holista que le permita captar la múltiple interacción de lo físico, lo humano, lo social y lo trascendente en las organizaciones y captar, como fermento ético, la enorme responsabilidad que tiene en la construcción de empresas y organizaciones que incrementen el desarrollo consciente y evolutivo del ser humano. La cumbre de lo anterior se halla, quizá, en la concepción de la organización y de la sociedad como el continuo formativo del ser humano y el trabajo como el medio para la expresión de las facultades diversas del ser humano, así como también el único recurso que tienen trabajadores y jefes, por una parte, y dirigentes y dirigidos, por otra, para establecer una relación de desarrollo y de madurez. La Organización, en definitiva, no puede sino ser medio o instrumento para el desarrollo del ser humano y, por ende, para el desarrollo y evolución de la sociedad.


Referencias

  • Cooper, Robert K. & Sawaff, Ayman (1998): La Inteligencia emocional aplicada al liderazgo y a las organizaciones, Norma, Bogotá, pp. 307.
  • Faure, Edgar y otros (1972): Aprender a ser. La educación del futuro, Unesco- Alianza Editorial, pp. 426.

[1]  El autor realizó una experiencia de tal tipo en una empresa productora de productos de fijación a partir del modelaje de su producto básico (el tornillo) en arcilla, definiéndolo como algo que une y cohesiona los elementos separados para formar un conjunto armónico, integrado y funcional. En ella participaron todos los niveles de la organización.

Este blog nace del deseo de compartir con un público más amplio mis inquietudes acerca de la formación del líder. Considero que hoy día dicha formación está siendo manoseada y manipulada por toda clase de agentes de la publicidad y del poder con el objeto de ubicar en la sociedad y en las empresas personas adocenadas y sustentadoras de fines puramente económicos que no resuelven la totalidad y diversidad de las profundas inquietudes humanas. Considero que la formación del líder debe incluir variables provenientes de muchas fuentes, especialmente de las ciencias sociales y humanas, al igual que del arte y de la filosofía, sin excluir la practicidad de las funciones propiamente administrativas. El fin primordial de dicha formación debe ser dotar a los estudiantes de una conciencia de servicio y una capacidad de fertilizar el ámbito social generando tolerancia, convivencia y armonía.

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